Trabajo y ansiedad

David Rodríguez

Hace unos días, el articulista Alfonso Salmerón publicaba aquí una interesante reflexión sobre ‘ansiedad y explotación laboral’. Se trata de un tema sobre el que por desgracia no se habla demasiado, pero que tiene una importancia fundamental desde el punto de vista de la salud de las personas trabajadoras. Afecta a buena parte de la población e influye de manera trascendental en su vida cotidiana- Pero no siempre los problemas del día a día aparecen en los grandes debates políticos. Por eso me parece oportuno insistir sobre ello, aportando algunas ideas al respecto para contribuir a la discusión.Varios son los motivos que provocan un creciente malestar de muchas personas en su puesto de trabajo. Primero, una legislación que tiende a precarizar cada vez más las relaciones laborales, generando unas condiciones que no tienen demasiado que ver con eso que llamamos ‘trabajo digno’. Segundo, el incumplimiento flagrante por parte de algunas empresas de una legislación que ya es bastante lesiva para la clase trabajadora, unido a la falta de inspección y a la debilidad de los sindicatos en algunos sectores. Tercero, la mentalidad decimonónica de buena parte de nuestras compañías, que entienden el trabajo como un mero recurso a explotar, y que desprecian el elemento ‘motivación’ que tanto aparece en los manuales de recursos humanos. Todos estos factores tienden a perjudicar a las trabajadoras, que además de padecer una precariedad creciente, han de soportar en demasiadas ocasiones una presión que acaba generando los problemas de ansiedad que se describen en el artículo mencionado.

Pero no todo son experiencias negativas en el mundo laboral. Acaba de aparecer la noticia de una empresa neozelandesa, Perpetual Guardian, que ha instaurado con éxito la jornada laboral de 4 días semanales, para un total de 32 horas y sin reducción salarial. El resultado ha sido un incremento de la productividad, una mejora de la conciliación y una disminución en los niveles de estrés laboral. Más allá de la forma concreta en que podría generalizarse una reducción de la jornada, quedan claros sus efectos positivos sobre las condiciones de trabajo y sobre la salud de las personas. Lamentablemente, el debate sobre la duración de la jornada laboral tampoco está demasiado extendido en nuestros días. Como ya he comentado en alguna ocasión, durante las últimas décadas ha sido prácticamente nula la parte del progreso técnico destinada a disminuir las horas de trabajo. Esto explica realidades como la elevada tasa de desempleo que padecemos, o el crecimiento exponencial de las grandes fortunas en España, ya que la mayor parte del aumento de la productividad ha sido apropiada privadamente por las élites económicas.

Finalmente, quiero valorar positivamente la propuesta del gobierno español, apoyada por Unidos Podemos, de incrementar el salario mínimo a 900 euros. Aunque todavía no se llega al nivel de otros países de nuestro entorno, por fin se pretende una subida significativa, que sin duda puede mejorar de manera importante las condiciones materiales de la parte más precarizada de nuestra clase trabajadora. Las críticas despiadadas de la derecha y de la patronal ponen de manifiesto, una vez más, que en su cultura carpetovetónica el factor trabajo sólo existe para su explotación sin mesura. Deberían tener en cuenta que, incluso desde una óptica liberal, el aumento de la motivación y la disminución de la ansiedad redundan en una mejora de la productividad, como puede observarse en las naciones con unas relaciones laborales más civilizadas.

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