Tovarich Putin, estabas avisado y todavía estás a tiempo…

LBNL

Desafiando a los críticos de su pusilánime política exterior y a los escépticos que apostaban a que jamás se atrevería, la Unión Europea está adoptando estos días medidas sin precedentes contra Rusia por su política respecto a Ucrania. Las medidas suponen un paso cualitativo sustancial tras varios meses en los que la UE ha preferido apostar por la diplomacia mientras iba aprobando sanciones menos onerosas de forma gradual. En primer lugar, la prohibición de entrar en la Unión y congelación de sus activos bancarios en la UE para una lista creciente de ucranianos y rusos colaboracionistas con la anexión ilegal de Crimea y la desestabilización de Ucrania Este. Tras la última adición, la lista alcanza a un total de 95 personas y 23 entidades asociadas a las mismas (o confiscadas por Rusia en Crimea), incluidos varios “amiguetes” de Putin a los que se considera inductores y beneficiarios directos de su política. Además, la Unión ha decretado una prohibición de nuevas inversiones en infraestructuras de transporte, telecomunicaciones y energía en Crimea, que impedirá que personas o empresas europeas sean cómplices de la anexión. En paralelo, la Unión va a actuar conjuntamente con sus socios del G7 en el seno del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) para suspender cualquier nuevo proyecto en Rusia.

Sin embargo, la verdadera joya de la corona es las sanciones económicas sectoriales en los ámbitos financiero, armamentístico, tecnologías de doble uso y tecnologías sensibles incluido en el sector del petróleo, que la Unión ha impuesto conjuntamente con EE.UU., Canadá y Japón, con la diferencia de que el volumen de negocio de la UE con Rusia es infinitamente superior al de cualquiera de sus socios del G7.

En resumen, las entidades financieras de los países del G7 no podrán participar en operaciones financieras con los bancos públicos rusos, a través de las cuales venían financiándose, quedan prohibidas las ventas de armas a Rusia y las exportaciones de tecnología de doble uso (civil y militar) para usuarios en el ámbito de la Defensa y se restringen las exportaciones de tecnologías sensibles en algunas áreas en las que Rusia necesita de ellas, incluido el sector petrolífero.

Nadie en Europa quería llegar a este punto. Por al menos dos razones. Por un lado, todas estas medidas tienen un coste propio, es decir, afectan negativamente a las empresas europeas por cuanto limitan su capacidad de negocio con un cliente habitual como es Rusia. Por otro, el objetivo principal era y sigue siendo apuntalar la frágil situación política, económica y social de Ucrania, no castigar a Rusia. Las medidas son, en este sentido, un aviso de que las declaraciones y promesas seguidas de incumplimientos y mayor apoyo (político, económico y militar) a los separatistas en Ucrania, tienen un coste creciente, con la esperanza de que Rusia, y particularmente su arbitrario y autoritario Presidente, caiga en la cuenta de que más le valdría cooperar que seguir enredando sin fin.

Lamentablemente no creo que esa vaya a ser su reacción, desde luego no antes de ver qué pasa en la Cumbre de la OTAN que tendrá lugar en septiembre en Gales. Y las expectativas no son muy halagüeñas porque en el seno de la OTAN lo que está pasando en Ucrania se interpreta como un recordatorio muy álgido de que la seguridad europea está en entredicho y requiere de múltiples medidas de refuerzo urgente. No se van a dar pasos para aceptar a Ucrania (o a Georgia) como miembros pero sí se va a reforzar la cooperación militar con ambos y se va a mantener la invitación abierta de la Cumbre de Bucarest de 2008 (que en mi modesta opinión tiene gran parte de responsabilidad en todo lo que está pasando, pero esa es otra historia).

Mucho me temo que Putin no va a poner fin así como así a sus fantasías zarísticas que, por otro lado le ayudan a sobrellevar su mid-life crisis (recordemos su reciente divorcio, sus exhibiciones de pectorales y su creciente aislamiento con un grupo de amigotes afines). Especialmente porque lo de hacerle frente al Oeste, a la agresión occidental contra la madre Rusia, le da buenos réditos de puertas para adentro. De forma que se presenta un otoño movidito, lleno de sobresaltos.

De momento los depósitos subterráneos de gas en Ucrania de los que se abastece Europa durante el invierno (los gasoductos no bombean todo lo que se consume en invierno) están semi vacíos porque Ucrania se niega a pagar el gas por adelantado como le exige Rusia en tanto no se acuerde un precio fijo. Ucrania acepta pasar de unos 250$ a 385 pero no a 485 con un descuento unilateral de 100 como ofrece Rusia, no vaya a ser que, como pasó en el pasado, Putin decida en cualquier momento retirar el descuento. El último fue retirado tras la anexión de Crimea puesto que, una vez anexionada no tenía sentido seguir subsidiando a Ucrania por permitirle a Rusia utilizar la base naval de Sevastopol. Manda güevos, que diría algún Embajador que ha cobrado en negro de la Gürthel: te compensaba por el uso de una base pero como ahora te la he robado, ya no tengo por qué compensarte…

El problema es que más de cinco Estados Miembros de la Unión tienen una dependencia gasística de Rusia del 100% y no cuentan con plantas regasificadoras que podrían suplir el flujo de los gasoductos. La buena noticia es que Rusia no tiene alternativa tampoco: o vende el gas a Europa o se lo come con patatas, dejando de cobrar por él, pero no tiene medios para exportárselo a otros clientes.

En fin, todo muy complejo. Como casi siempre, ha hecho falta que unos bestiajos se equivocaran y en vez de tumbar otro avión de transporte militar ucraniano se cargaran un avión comercial con 300 personas a bordo, más de la mitad europeos. El error podría llegar a disculparse si sus responsables fueran puestos a disposición de la justicia pero no así la falta de cooperación para identificar los cadáveres, repatriarlos y establecer una investigación internacional sobre el terreno para determinar la causa. Al contrario, los cuerpos han permanecido días sobre los campos y los forenses se han tenido que jugar la vida con milicianos alrededor puestos hasta arriba de vodka y coca y disparando al aire mientras les amenazaban con total impunidad.

Valiente zar que no es capaz de imponer orden entre sus esbirros, ni siquiera en una situación límite. O más bien, que no ha querido. Pues toma, te caen sanciones por valor de diez mil millones de euros anuales y como en tu modelo económico casi todas las ganancias se las lleva tu grupito de amigotes, un golpe a vuestros intereses directos. Y por cierto, si la cosa no mejora, seguiremos intensificando las sanciones, que quedan muchos sectores que golpear.

En este foro escribí hace ya meses que parecíamos estar abocándonos hacia una segunda guerra fría. Pues bien, lamentablemente ese momento ya ha llegado y la previsible reacción rusa de envidar más nos acercará aún más rápidamente a un estado de guerra económica abierta. Es un desastre, para nosotros mismos, para Rusia y sobre todo para Ucrania, para la que es muy difícil augurar un futuro mínimamente prometedor sin la cooperación de Rusia. Pero no quedaba otro remedio porque lo que Putin está haciendo es tremendamente grave.