Tomando posiciones

Barañain

Con el portazo del PP de Basagoiti al gobierno de Patxi López, la actividad política vasca tiene ya un inconfundible aroma preelectoral por más que sea incierta la fecha en que se vaya a convocar a las urnas a los ciudadanos y no se descarte que sea larga la espera.

¿Por qué rompió el PP su acuerdo con los socialistas vascos? Desde luego no ha habido nada en la ejecutoria del gobierno de Patxi López –al margen de que guste más o menos-,  que contraviniera el pacto alcanzado en su día con los populares. El acuerdo o la discrepancia que el gobierno vasco pudiera mantener con el gobierno central –ya estuviera en manos de Zapatero o de Rajoy-, no formaban  parte de aquel pacto para la legislatura vasca. Quizá por ello Basagoiti  no tuviera más remedio, una vez decidido el desmarque, que mostrarse maleducado y anunciar la despedida ante la prensa sin informar previamente al lehendakari ni reunirse con sus hasta entonces socios en la comisión  de seguimiento del acuerdo: eso le habría obligado a concretar denuncias de incumplimientos imposibles de improvisar.

Lo principal justificación dada es que el PP vasco no podía tolerar que desde Ajuria Enea se hiciera oposición al gobierno de Rajoy, a cuenta de la negativa vasca a asumir determinados recortes considerándolos no sólo injustos e ineficaces sino, además, atentatorios contra la autonomía  por invasión de sus competencias, razón por la cual se iba a apelar al tribunal constitucional. Más tarde, Basagoiti intentó racionalizar su ruptura añadiendo al discurso la idea de que, en realidad, no era para tanto romper el pacto porque lo que tenía que hacer el gobierno de Patxi López, con su apoyo, ya estaba hecho, es decir, que el proyecto estaba ya agotado. Pero eso parece algo cogido por los pelos para completar un argumentario endeble. La prueba de que el proyecto no estaba agotado es que, a consecuencia, de la decisión del PP varios proyectos  legislativos se quedaran en el tintero.

Como la espantada se produjo apenas día y medio después de haber ratificado públicamente su apoyo a la continuidad del pacto y entre una y otra declaración pública no hubo reunión de órgano alguno de decisión del PP vasco –a no pocos de cuyos dirigentes y portavoces debió de coger por sorpresa el anuncio-, las primeras reacciones interpretaron lo sucedido como efecto de una fuerte presión del PP nacional o del propio gobierno de Rajoy, muy contrariado por la decisión del gobierno vasco de acudir  al constitucional.

Pero ahora hay quien supone que si Basagoiti dio el portazo al gobierno del “cambio tranquilo” de Patxi López no fue por la actitud del lehendakari, sino porque a quien “no soporta” es al ejecutivo español, cuyas políticas de recortes amenazan con mermar a su electorado vasco, frenando por completo la normalización de su presencia política y social iniciadas con buen ritmo una vez que se desembarazaron de la tutela de Mayor Oreja y compañía. El PP vasco pretendería forzar la llamada a las urnas lo antes posible –dando por hecho que López, sin apoyo parlamentario, no tendría más remedio que disolver la cámara -, entendiendo que lograría mayor rédito electoral ahora que dentro de un año, en la primavera de 2013, que es cuando tocaba.

No sé cual habrá sido el cálculo pero el caso es que nada más anunciar la ruptura del pacto el PP se lanzó a una campaña en defensa de una de las decisiones del gobierno Rajoy más contestadas  – la del recorte en sanidad enmascarado en la exclusión de los inmigrantes irregulares de la asistencia sanitaria -, bajo el lema “los de aquí primero”, cuyo inequívoco aroma xenófobo le obligó enseguida a recular (y un slogan político que tiene que ser justificado y matizado por su promotor es como el chiste que necesita ser explicado: malo). Más adelante han querido asimilar los recortes del gobierno de Patxi López con los del gobierno de Rajoy, intentando deslegitimar así la imagen de contraste entre una y otra administración al afrontar la crisis que exhibe el vasco. Ahora andan enredados en el inverosímil  plan de favorecer que los ciudadanos “exiliados” a causa de ETA puedan votar no sólo donde ahora están empadronados sino en las elecciones vascas. El plan es tan descabellado que cualquiera podría pensar que ha sido ideado por alguna de las lumbreras del ministerio de interior, pero no, debe ser cosa de los populares vascos.

Si la incomodidad con la crítica al gobierno central por parte del lehendakari fue realmente la causa de la ruptura, Basagoiti tendrá que reconocer que al echarse a un lado sólo ha conseguido  favorecer ese cuestionamiento de las políticas de ajuste en versión Rajoy,  ahora ya de manera continua y contundente, poniéndole en bandeja  una réplica política, a la que bien podría aplicarse aquello de “si no quieres taza, toma taza y media”.  Porque Patxi López no se ha limitado a denunciar a los populares -como exige el manual-,  por su “irresponsabilidad” en estos momentos tan críticos para el país y por anteponer la defensa del gobierno de Rajoy a la de la autonomía vasca y del proyecto político con el que estaba comprometido. A la vez que ha reiterado su intención de seguir gobernando mientras le sea posible (no siendo imaginable una moción de censura y descartando “pactar el final” como ha pretendido, a deshoras, Basagoiti), no ha dejado de invocar la defensa del llamado “modelo Euskadi” como alternativa frente a la crisis y a  los recortes de Rajoy.

Así que los socialistas vascos están ya embarcados en la precampaña electoral y creen haber encontrado ahí  su mejor baza para recuperar una parte sustancial del electorado perdido. Y resaltar  su propia identidad  en este contexto de crisis parece imprescindible si quieren recuperarse, no ya frente al PP sino frente al nacionalismo vasco, pues el particular y duro combate entre PNV y la izquierda abertzale amenaza con imponer una inédita bipolarización en la próxima contienda electoral. Y eso es seguramente lo que ahora mismo más temen tanto socialistas como populares vascos.