Tomando posiciones (y III)

Barañain

Termino aquí el repaso a las posiciones con las que los principales actores de la política vasca encaran las próximas elecciones autonómicas. En anteriores entregas (29 de mayo y 23  de julio) comenté la ruptura del PP con el gobierno de Patxi López, la estrategia de los socialistas de hacerse fuertes en el rechazo a seguir por la senda de los recortes impuesta por Rajoy y la ambigua actitud del PNV en cuanto a la gestión de la crisis. Queda por tanto acercarse al mundo de Bildu para completar el cuadro. 

Dando por hecho que la minoría mayoritaria será la del PNV –como casi siempre-, lo único novedoso de la contienda es el resultado de la disputa particular de los peneuvistas con la izquierda abertzale, que en Guipúzcoa les han arrebatado los principales bastiones de poder. A menudo se ha  especulado, en estos últimos meses,  con la posibilidad de un “sorpasso” por parte de los abertzales o al menos de un empate. Con el cese de la violencia y su apuesta por las vías democráticas se ha extendido el temor a que la ciudadanía fuera a premiar más de lo debido a estos abertzales como una forma de incentivar esa apuesta y garantizar así su irreversibilidad. Ciertamente, los buenos  resultados obtenidos en Guipúzcoa en las elecciones municipales parecen  abonar este temor, pese a que en realidad no han alcanzado su techo electoral histórico. Por otra parte, la permanencia en prisión de Otegui se ha visto como una oportunidad que la cerrazón del PP brinda absurdamente al victimismo de los abertzales.

Yo creo, sin embargo, que ha sido el PNV quien más ha aireado el temor a una sobrerrepresentación de Bildu  y lo ha hecho como forma de estimular el voto útil para sí. En su momento el voto útil nacionalista funcionó entre las bases más radicales del soberanismo para derrotar a Mayor Oreja. Ahora, en otro contexto político, podría  funcionar entre bases moderadas –las que comparte con la derecha española-, para ahuyentar el supuesto peligro de un triunfo de la izquierda abertzale.

No creo que exista tal peligro pero, aunque esté lejos la posibilidad del sorpasso, es cierto que los abertzales disputan sin complejos la hegemonía nacionalista al PNV. Por eso mismo, me parece poco verosímil  que pueda haber un entendimiento entre ambas familias nacionalistas, tal y como denuncia el PP. Sería raro, y tonto, que el PNV fuera a dar más oxígeno a su principal competidor haciéndole compartir el gobierno vasco. No suelen ocurrir esas cosas entre quienes pelean por un mismo electorado.

En realidad, el principal obstáculo para un éxito de Bildu está en ellos mismos. Asumir por vez primera la responsabilidad máxima  en la gestión en instituciones importantes como el ayuntamiento de San Sebastián y la Diputación de Guipúzcoa ha dado un baño de respetabilidad a la formación independentista pero también le ha supuesto un rápido desgaste. Y ese desgaste no tiene que ver con su actitud frente al terrorismo o con su maximalismo nacionalista sino con su incapacidad para la gestión. O, para ser más preciso, con la dificultad de afrontar la complejidad de gobernar una sociedad compleja con múltiples y contradictorios intereses cuando todo el bagaje ha consistido en una ideología de mero  resistencialismo frente  al poder y de sumisión a la voluntad de una organización armada.

Nada ejemplifica mejor el choque entre el discurso tradicional del abertzalismo y la realidad que el tremendo conflicto de las basuras que enfrenta a los gobernantes de Bildu con buena parte de la ciudadanía guipuzcoana y que ha suministrado abundante munición al frente crítico que allí une al PNV con PSE y PP. Como ya sabrán (pues el asunto lleva meses coleando), en una serie de pequeñas localidades gobernadas por Bildu  los vecinos se ven obligados a colgar sus bolsas de basura en unos postes colocados en el exterior de las viviendas, que pueden ser inspeccionados por personal ad hoc para verificar que han procedido a separar sus residuos según la ordenanza establecida. La imagen es surrealista. Y el trasfondo siniestro. Para esta gente, su visión de la gestión medioambiental debe ser asumida, por las buenas o por las malas, por la conciencia ciudadana. Educados en la imposición, no conciben que se pueda gobernar de otra forma. Porque, más allá de los aspectos técnicos del asunto, lo que está claro es que una mayoría ciudadana y de sus representantes vienen rechazando esa imposición sin que los gobernantes de Bildu quieran darse por enterados.

En San Sebastián no se han atrevido con lo de identificar y colgar las bolsas de basura de cada cual en la vía pública pero también aportan su granito de arena. La concejalía de Medio Ambiente del ayuntamiento donostiarra pondrá en marcha en breve un programa piloto para reducir la generación de residuos mediante la utilización de pañales de tela reutilizables. La estampa puede ser de lo más entrañable. Como escribía un crítico jocoso: “¡Vuelven los picos de tela…ya veo la campaña promocional en los jardines de Alderdi Eder: `cada cual con su pañal´ o `el frotar no se va a acabar´”.

La última perla de este ecologismo de cartón piedra ha sido la presentación de una estrambótica iniciativa en las Juntas Generales de Gipuzkoa para prohibir la comercialización de las cápsulas de café (esas que Clooney publicita). Y es que, según Bildu, el reciclaje de estos envases se hace imposible e incompatible con la gestión  “puerta a puerta” de la basura doméstica. Según ellos, tratar dichos residuos resultaría carísimo. Y, por eso, han optado por la vía más democrática: que se prohíban. Y así todo. ¿Recuerdan a Woody Allen en “Bananas”?

Recientemente la candidata a lehendakari por Bildu, la escritora (sin lectores) Laura Mintegui ha presentado su “gabinete en la sombra”. Una serie de nombres vinculados a cada una de las áreas del gobierno vasco que ella presidiría; los nombres no tienen mayor interés (de donde no hay no se puede sacar) pero sí la distribución y denominación de esas áreas  que no coincidirían  con las de la  actual estructura del gobierno autónomo. En su organigrama ideal, la actividad desarrollada en los actuales departamentos de Justicia e Interior pasaría a ser gestionados por  una consejería denominada de “Libertades Ciudadanas”. Mejor aún, el actual de Agricultura pasaría a ser de “Soberanía Alimentaria” y el de Empleo y Asuntos Sociales se llamaría de “Justicia Social”. También querrían constituir –y eso ha sorprendido menos-,  una consejería de “normalización lingüística” (para revertir lo que es realmente normal, es decir, la preponderancia social del castellano).

Hay majaderías que ilustran muy bien lo que da de sí el fanatismo. Es de traca hablar de “soberanía alimentaria” en un paisito en el que, por poner unos ejemplos, sólo se produce el 1,5% de las verduras y hortalizas frescas que se consumen, o el 18% de la carne  o el 60% de la leche que se bebe. Menos mal que huevos nunca han faltado: el porcentaje, en este entrañable producto, sube al 96%. En realidad, el único producto del que siempre hemos generado excedente es el vino (especialmente el de denominación de origen), cuyo grado de autoabastecimiento es del 378,40%. O sea que, ya puestos, sería más apropiado hablar de soberanía alcohólica, aunque no quedaría bien en un programa electoral.

Después de tantos años oyéndoles gritar “¡ETA, mátalos!” (a nosotros), resulta enternecedor escucharles ahora todas estas estupideces. Es un consuelo.