Tomando posiciones (II)

Barañain 

Hace un par de meses, les contaba aquí  – http://www.debatecallejero.com/tomando-posiciones/ -,   cómo el desmarque del PP de Basagoiti respecto al gobierno  del lehendakari socialista Patxi López, fuera cual fuese el cálculo al que obedeciera, sólo iba a conseguir favorecer el cuestionamiento de las políticas de ajuste de Rajoy por parte del gobierno vasco, liberado ya del lastre que la compañía parlamentaria del PP le podía suponer en esta fase crítica de la política española. Efectivamente, desde entonces Patxi López “no ha dejado de invocar la defensa del llamado `modelo Euskadi´ como alternativa frente a la crisis y a los recortes de Rajoy”, por convicción propia y porque los socialistas vascos “creen haber encontrado ahí su mejor baza para recuperar una parte sustancial del electorado perdido”.

En estos dos meses, mientras hacía oídos sordos a las apelaciones de nacionalistas y populares para que asumiera su minoría parlamentaria y convocara ya elecciones autonómicas -que en principio  no tocan hasta marzo de 2013-,  el gobierno vasco ha convertido  el rechazo activo  a aplicar algunas de las medidas más regresivas e impopulares de Rajoy, como las referidas al copago farmacéutico, en su principal seña de identidad. Una seña potente, incluso si tal resistencia tiene poca efectividad práctica a medio plazo: la impugnación ante el Tribunal Constitucional, por parte del gobierno central, del decreto autonómico que invalidaba en Euskadi el nuevo copago farmacéutico va a suponer en el plazo de un par de meses, casi con seguridad, que se suspenda el mismo mientras se analiza el fondo del asunto, tal como ha pedido el gobierno de Rajoy. Así que mientras tanto  los vascos deberán también copagar/repagar los medicamentos. 

Ahora, frente al último hachazo del gobierno central -especialmente sobre las retribuciones y condiciones de trabajo de los empleados públicos-, parece asumirse que su carácter de norma básica deja sin margen de actuación o resistencia al gobierno autónomo.  Así las cosas, casi nadie espera que se agote la legislatura vasca. Prolongar en exceso lo que se antoja como un combate desigual tampoco interesa a los socialistas vascos, que ya han conseguido definir  su línea propia de actuación ante la crisis o aparecer, al menos, nítidamente diferenciados del recetario de Rajoy. 

Mientras tanto, si algo ha venido caracterizando a Iñigo Urkullu,  líder del PNV, ha sido la indefinición  frente a las actuaciones del gobierno del PP.  Hace sólo  un par de semanas lo más incisivo que podía escucharse del líder nacionalista era algo tan ambiguo como que no apreciaba bien cual era la “hoja de ruta” de Rajoy, lo que podía servir para criticarle tanto por sus medidas como por quedarse corto, pues decía que las adoptadas hasta entonces por el gobierno de España “son medidas que quizás sean necesarias, pero en función de cuál es la hoja de ruta y con medidas de reactivación de economía”. Y si criticaba esas decisiones era sobre todo porque -decía-, suponen la modificación del modelo de Estado. Abogaba, eso sí, por un pacto “como los de la Moncloa” para afrontar la crisis, pero sin mojarse en modo alguno sobre las líneas maestras de ese pacto o sobre los límites -las líneas rojas- que habría que respetar. 

Por supuesto, tan encomiable llamamiento al pacto no ha estado acompañado de una  actitud coherente en el ámbito político que le es propio.  El PNV, dolido por su desalojo del gobierno vasco -que considera de su propiedad-, se ha atrincherado en las instituciones que controla, en particular enla Diputaciónde Vizcaya, negándose a  cualquier colaboración con el gobierno vasco para redefinir una política fiscal acorde con las necesidades del momento. Recuérdese que en Euskadi las tres diputaciones forales son autónomas a la hora de fijar sus respectivas estrategias fiscales. En eso el PNV  coincide con el PP local que, gobernando Álava, se hace también adalid de su competencia fiscal para negarse a una coordinación efectiva con el gobierno de todos los vascos que es  responsable del gasto -educación, sanidad, policía, etc.-, pero no de los ingresos. Y no sólo es el ámbito fiscal el afectado por esta peculiar forma de arrimar el hombro que se predica hacia fuera mientras se niega dentro de casa. Anteayer mismo, las diputaciones de Álava y Vizcaya, que gestionan también los servicios sociales, rechazaban los planes del gobierno vasco para unificar las actuaciones de todas las instituciones frente a los recortes en la aplicación dela Leyde Dependencia. Sólo la diputación guipuzcoana -dirigida por Bildu-, se mostraba proclive a cooperar con el gobierno autónomo. 

Ahora, en esta situación límite que se vive en nuestro país y ante el aceleradísimo desgaste político del gobierno del PP, Urkullu – recién designado candidato a lehendakari por el PNV, y al que las encuestas auguran la minoría mayoritaria -,  ha  querido solemnizar la respuesta nacionalista  reuniendo a todos los cargos de su partido para “debatir medidas económicas para hacer frente a la crisis”. Podría uno pensar que nunca es tarde si la dicha es buena. Pero el caso es que nos hemos quedado con las ganas de conocer tal dicha pues de las medidas económicas concretas que según el PNV deberían acometerse seguimos sin tener noticia. Nada ha propuesto  Urkullu que justifique su demora en dar la cara; salvo que uno se de por satisfecho, a estas alturas de la película, con la poco original  propuesta de destinar a la reactivación económica -incentivando el consumo con planes “renove” y garantizando liquidez a las pymes y autónomos- el incremento de recaudación derivado de medidas “unilaterales e injustas” como la subida del IVA.  Esa incentivación del consumo ya la ha venido intentando el gobierno de Patxi López a lo largo de la legislatura. 

Y desde luego nos quedamos con las ganas de saber si el PNV comparte o no, por poner algún ejemplo, la reforma laboral o el recorte a la Leyde Dependencia. En el ámbito institucional los peneuvistas se han comprometido a reducir el sueldo de sus cargos en lo equivalente a una paga  para “ser consecuentes con el esfuerzo que se exige a los demás”, condescendiente actitud con la que dejan claro que comparten la bondad de tal esfuerzo impuesto y que  no están por la labor de la resistencia activa frente al mismo, tal y como exigen las bases sindicales nacionalistas. Para el alcalde de Bilbao, el peneuvista Azkuna, el error -por lo visto, único-, que ha cometido Rajoy  es que “con mayoría absoluta no ha sabido ligarse a la oposición ni explicar que estas eran las medidas que había que hacer”. O sea que todo sería una mera cuestión de falta de pedagogía o de habilidad política.  

En realidad, para disimular su carencia de propuestas concretas y su falta de compromiso claro frente al desmantelamiento del estado de bienestar, Urkullu se ha garantizado titulares de prensa apuntándose al carro de los que abogan por aligerar el gasto público a base de soltar el lastre que suponen instituciones sobredimensionadas o superfluas o duplicadas. Pero, ¡cuidado!, sólo si se trata  de instituciones…ajenas.  A Urkullu sólo le sobran aquellas con  las que los nacionalistas no simpatizan: que si los gastos dela  Casa Real, que si eliminar las delegaciones del gobierno central, que si reducir los efectivos de la policía española y el ejército, etc. Ni una palabra del enorme y costoso entramado institucional vasco (del que “disfrutamos” apenas dos millones de personas) aunque pocas cosas haya en España tan sobredimensionadas como nuestras potentísimas Diputaciones Forales. 

Ante los estragos de esta crisis, el nacionalismo ha coqueteado -pero sin demasiada convicción-, con la idea de que la “marca España” es ruinosa para Euskadi y que a la economía vasca le convendría diferenciar su imagen de la española. Pero es difícil no reconocer que en medio de una crisis tan global la modesta dimensión de la economía vasca -pese a los rasgos diferenciales  positivos que la caracterizan-, no aconseja emprender aventuras.  Este sábado, una manifestación de Bildu en Bilbao abogaba por la “soberanía económica” como alternativa a la política de recortes.  Quizá la velocidad inusitada a la que se ha desarrollado la marcha, como si los participantes trataran de cumplir cuanto antes con un compromiso forzado (¡tan rápida fue que la cabecera de la manifestación llegó a su destino final cuando aún no se había acabado de montar el escenario!) era una prueba del escaso convencimiento de sus protagonistas sobre el mensaje que exhibían. 

Frente a ese discurso, el PNV se instala en su prudente y ya muy ensayada  estrategia de jugar a dos cartas, pensando en lo que les espera cuando vuelvan a Ajuria Enea (y, con un PP fuera de juego y los abertzales disputándoles el terreno propio, probablemente tendrán que hacerlo, qué remedio, de la mano de los socialistas). Es lo suyo: nadando y guardando la ropa les ha ido bien. Ni siquiera en este momento crítico están por arriesgar.