Todos mienten

Lobisón

En una vieja película de Woody Allen un marido era sorprendido por su esposa en la cama con otra mujer. El tipo negaba los hechos y se vestía, mientras su compañera de actividades hacía otro tanto y desaparecía, y tras una confusa discusión, en la que el marido mantenía su negativa, la esposa comenzaba a dudar de lo que había visto y musitaba: ‘No sé, me siento tan confusa’. Así me siento yo ahora. Puede que no sea el único, y puede que sembrar la confusión sea precisamente el objetivo deseado.

Bárcenas niega que hayan existido nunca en el PP pagos en dinero negro, y asegura que los documentos que se le atribuyen son fruto de una manipulación hecha por alguien que tenía acceso a la contabilidad del PP. Ana Mato sostiene que la trama de Correa nunca le pagó nada ni le hizo regalos, y además habla de los bolsos de Vuitton con tal desdén que se puede pensar que si se los regalaron no les prestó demasiada atención, como al famoso Jaguar de su marido, que según ella afirma fue comprado en renting (como a plazos de ganga, vamos).

Y reaparece el razonamiento de Camps (es ridículo suponer que yo me habría vendido por un par de trajes): ‘Nunca nadie me ha ofrecido nada jamás a cambio de una decisión en el partido o en el Gobierno’. ¿Se imaginan a Correa, disfrazado de diablo, diciéndoles a Mato o a su exmarido que podían regalarle un bolso de Vuitton si le hacían un favor? Las cosas no se hacen así, pero en todo caso Mato afirma que tiene facturas de lo que según los papeles de Correa les habían pagado o regalado a Jesús Sepúlveda o a ella.

La sensación que deja esto es de absoluta confusión, porque a la vez algunos apuntes de los presuntos papeles de Bárcenas se han visto confirmados por los afectados (es todo falso salvo alguna cosa, en la singular expresión de Mariano Rajoy), y un desencadenado Jorge Trías sostiene que le consta la existencia de una caja B en el PP y que se realizaban pagos a algunos de sus dirigentes con ella, y el exdiputado Mantilla sostiene que eso es normal en casi todos los partidos (¿cuántos conocerá por dentro?). Por otro lado, todavía nadie se ha atrevido a decir que la supuesta contabilidad de la trama Gürtel es un invento de El País o de Rubalcaba, pero todo se andará.

Porque la línea de defensa (negarlo todo) se completa con la vieja estrategia de ataque. Todo esto es una conspiración del PSOE para obtener en la calle lo que perdieron en las urnas. Rubalcaba es un irresponsable, que pensando en su personal ambición está dispuesto a poner en peligro la estabilidad de las instituciones y el futuro de España. Imaginense lo que pueden llegar a decir si la subasta de deuda del jueves va mal. Claro, todo este recuerda demasiado a los ataques de Berlusconi contra la judicatura de Milán —comunistas y feministas— para defenderse de sus procesamientos por estafa, fraude fiscal, soborno y prostitución de menores. Pero no sé, me siento tan confuso.