Todo previsible

NEAP

No sé a Ustedes pero a mí todo lo relacionado con la remodelación ministerial de ayer me produjo cierto hastío, sobre todo por previsible. A ver si me explico. Me parece que Zapatero hizo lo más razonable en la situación actual. Ante la dimisión el viernes del Vicepresidente primero y Ministro de Interior para volar libre como candidato, Zapatero iba a limitarse a cubrir las vacantes, como ya había hecho en ocasiones anteriores durante los últimos siete años cuando la remodelación venía forzada por el movimiento o dimisión de un Ministro.

Dado lo poco que queda de Legislatura, el parcheo era todavía más que previsible. Y las vacantes fueron bien cubiertas.

Camacho era sin duda el candidato idóneo para cubrir la vacante de Interior. Ha sido el verdadero puntal del éxito contra ETA, demostrando la cintura necesaria para conducir un diálogo con los malos al tiempo que les perseguía hasta el fin del mundo y detenía a más etarras que ningún otro Secretario de Estado de Seguridad antes, en España y fuera, por muchos faisanes que quieran achacarle. Sobrio, discreto y sobre todo eficaz, capaz de trabajar sin problemas bajo Alonso y bajo Rubalcaba, nadie mejor que él para dirigir Interior formalmente hasta el final de la Legislatura. Y además se lo merecía, por el trabajo bien hecho.

Las incógnitas eran quiénes reemplazarían a Rubalcaba como Vicepresidente primero y como portavoz. Para este último puesto la opción más clara era Jauregui, que goza de buena imagen como comunicador y que contaba a su favor también con la relación estrecha que se le supone al Ministro de la Presidencia con el Vicepresidente político, aunque sólo sea porque el segundo ha asumido muchas veces también la cartera “presidencial”.

En cuanto a la Vicepresidencia primera, una posibilidad era el ascenso de Chaves, de tercero a segundo, sobre todo por ser el Presidente del Partido y también por el escaso contenido de su Vicepresidencia, especialmente ahora que el PSOE apenas controla ninguna Comunidad Autónoma.

Pero está claro que Zapatero no tiene demasiada afinidad con Chaves o con Jauregui, o que al menos tiene mucha más con Pepiño, con el Ministro de Fomento José Blanco, que además ha sido portavoz del PSOE y coordinador de campaña habitual desde que Zapatero ganó la Secretaría General del partido.

La evolución de Pepiño es singular. ¿Recuerdan sus duelos de los lunes con Acebes, portavoceando desde Ferraz y Génova a cual más … (pongan Ustedes los adjetivos)? Si no los recuerdan, no les culpo, porque son para olvidar…

Guapo no es, simpático tampoco, no tiene una retórica embelesante y, sin embargo, como Ministro de Fomento, Blanco ha ganado muchos enteros; hasta sus detractores se lo reconocen. Y es obvio que, por las razones que sean, muchas difíciles de entender, Zapatero tiene mucha química con él, y eso es un factor esencial para la portavocía. Y la tiene también con Rubalcaba, con quien viene conspirando desde hace meses en su lanzamiento como sucesor.

Así que, bien mirado, no había mejor opción. Porque tampoco tenía sentido nombrarle Vicepresidente político. Ya es Vicesecretario General del PSOE y el coordinador político hoy debe ser Rubalcaba.

Por tanto, todo predecible. Como también las reacciones de la oposición, predecibles y bastante pobres, al menos en mi opinión. El pobre Llamazares aducía sin ninguna fuerza que habría esperado un giro a la izquierda en el Gobierno, que sin embargo iba a seguir aplicando la política de los mercados. Ustedes mismos. Lo segundo es cierto, lo primero no me lo creo.

Durán i Lleida criticó que no se hubiera aprovechado para reducir el número de carteras ministeriales y añadió un argumento absurdo: la remodelación se ha hecho según el criterio de Rubalcaba. ¿Y si fuera así? Sería algo absolutamente lógico.

La reacción más predecible vino, lógicamente, de la mano de la nueva Presidenta de Castilla La Mancha y secretaria general del PP, De Cospedal, que en un batiburrillo comentó que lo único que Zapatero debía hacer era dar credibilidad a España en los mercados, ergo, convocar elecciones. Hija, está muy bien que aproveches para soltar el mantra pero antes comenta qué te parecen los nombramientos sobre los que se te pregunta.

Más predecible todavía ha sido la interpretación periodística sobre la respuesta de Zapatero a la pregunta que le hicieron sobre el tempo de la convocatoria de elecciones. Zapatero respondió que lo único importante ahora era sacar a España de la crisis y crear empleo y que por tanto eso era lo único a lo que dedicaba su energía.

Como no dijo explícitamente, una vez más, que iba a agotar la Legislatura, son legión los analistas que inmediatamente se han lanzado a especular con la posibilidad de que convoque elecciones en septiembre para finales de noviembre, al albur de la más que probable EPA positiva post verano.

No están las cosas como para hacer predicciones, ni en un sentido ni en otro. El tipo de interés de la deuda española superó ayer el 6%, sumando los 300 y pico puntos del diferencial con el bono alemán con la subida del interés generalizado. Es obvio que, con independencia de los datos macroeconómicos, la subida del precio de la deuda es una pésima noticia para nuestra economía, que podría ponernos contra las cuerdas y enfrentarnos a la necesidad de un rescate financiero.

Mal de muchos consuelo de tontos, como le decía ayer la Vicepresidente Salgado al Comisario europeo de asuntos económicos Olli Rehn, pero parece que España está siempre bordeando el abismo junto con otra candidata que se encuentra peor, en este caso Italia, cuyo tipo de interés absoluto es menor, todavía, pero su endeudamiento en términos de PIB es considerablemente peor y, sobre todo, la credibilidad de su gobierno es de cero, o más bien negativa, con Berlusconi despotricando públicamente contra su Ministro de Economía.

¿En qué quedamos? ¿La mala situación de España no era culpa de Zapatero y sus lamentables y confusas reacciones a la crisis? ¿Berlusconi no era un gobernante liberal fiable que tenía las cosas claras y aplicaba políticas sensatas? Parece que no, al menos a juicio de los mercados, de esos mercados cuyo juicio tanto respetan De Cospedal y sus correligionarios.

En fin, estamos muy mal, como otros, y Zapatero hace lo que puede para mantener el chiringuito en pie, minimizando los daños y huyendo de la tentación de tratar de afrontar la emergencia con pretendidas soluciones populistas o revolucionarias, que sólo la agravarían.

No sé si el riesgo de catástrofe económica para Europa y España se materializará. Deseo y espero que finalmente, como tantas veces antes, los políticos europeos reaccionen, como siempre mal y tarde, pero reaccionen y eviten el desastre. En tal caso, espero también que Zapatero agote la Legislatura y siga privilegiando la estabilidad de España a la hipotética ventaja electoral que obtendría el PSOE de una coyuntura temporalmente favorable.

A finales de noviembre nadie se acordará de la EPA favorable de septiembre y, en cambio, en marzo, o en abril o en mayo, que también se puede, es posible que Rubalcaba haya sido capaz de articular un programa innovador y creíble que pueda poner coto a la hoy inevitable goleada del PP.

Rubalcaba es mucho Rubalcaba y la coyuntura económica es tan mala que para la primavera del año que viene posiblemente haya empezado a salpicar también a quiénes ganaron el poder autonómico y municipal el pasado 22 de marzo. Y quién sabe si ETA no habrá desaparecido para entonces.

El tiempo juega a favor y no en contra de que haya partido y la remodelación ministerial de ayer es la más apropiada para capear el temporal y acabar la Legislatura.