Titirimundi

Lope AgirreEl descrédito de la cultura ha llegado a unos límites difíciles de soportar, para todo aquel que ha tenido alguna vez sensibilidad artística y sentido primario de la belleza. Es como si el minutero de la existencia se hubiese parado, como esos dulces relojes de torres abandonadas en medio de páramos, desiertos o montañas nevadas, y hubiésemos vuelto la vista, el oído, el olfato, el gusto e incluso el tacto, no unos años atrás, cuando la Transición comenzaba, dubitativa e incierta, su andadura, sin demasiada seguridad y no se sabía lo que daría de sí, ni de nosotros, sino a una época anterior. La cultura, más que una realidad, era la esperanza de un cambio profundo en las estructurales mentales e imaginarias de la sociedad, anclada en la zafiedad deliberada por un régimen, a cuya cabeza visible se encontraba un hombre de cuyo nombre no quiero acordarme, que era todo menos lo que su apellido daba a entender. Los hombres y mujeres que cultivaban algún tipo de arte comenzaron a ser conocidos, además de respetados. A nadie se le ocurría en aquella época llamarlos “titiriteros”, “holgazanes”, “bufones”, “ladrones”, “siervos del poder”, “arrimados al pesebre”, peseteros”, entre otras lindezas. ¿Qué ha sucedido? ¡Que responda el sociólogo de guardia, o calle el cayado de su voz para siempre! 

Quizá no se han cumplido las expectativas. Sí hay un cierto tipo de cultura que sobrevive y ha adquirido cierta relevancia, más por su capacidad de ser fuente de entretenimiento y entrenamiento en el ocio y para el ocio. La cultura como portadora de valores, no ya subversivos, sino simplemente críticos, ha dejado de existir, o está marginada o yace la paz de los justos: lo que pudo ser y no fue. No es ninguna novedad. Lo mismo sucede, más o menos, en los países que producen los programas de televisión o los filmes que consumimos, con deleite y fruición. Nada nuevo, pues. Y no es culpa del canon digital. La protesta contra el canon es la exteriorización y la muestra visible y sonora del malestar, no de la cultura, sino hacia la cultura. Contra la cultura. El canon digital se aplica hoy en toda la Unión europea, excepto en Reino Unido e Irlanda, donde hay otro tipo de mecanismos de prevención de eso que se llama “copia”. Todos los gobiernos tratan de preservar y proteger, y también controlar, la propiedad intelectual. En algunos países existe el canon bibliotecario. No voy a ser yo quien defienda los cánones. Pero la razón de que se crease dicho impuesto en los países nórdicos, tan preocupados por la dimensión social de la cultura, fue que las lenguas nacionales corrían peligro frente a idiomas como el inglés, ruso o alemán. El canon se aplicaba solamente  a los libros escritos en las diferentes lenguas nacionales.No habría que implantar ningún canon si hubiese una relación normal o cariñosa entre los artistas (en los que incluyo a escritores) y el público (en el que incluyo aquellos cuya actividad cultural se limita a la contemplación, degustación o regurgitación de ciertos programas televisivos). El canon bibliotecario es un absurdo, en un país (España) cuyas bibliotecas públicas prestan un libro al año por habitante, donde se invierten dieciséis millones de euros al año en concepto de ayudas a la creación y edición, que no es mucho en comparación con las inversiones de otros países, pero tampoco es miseria. Al ritmo actual en el año 2030 se alcanzará la cifra de préstamos de seis libros por habitante y año, la misma que en Dinamarca en el año 1960.Del canon digital ya se ha escrito, y coherentemente, en DC. No creo que la medida sea justa, pero muchos de los argumentos utilizados en su contra (escribo sobre la generalidad de los medios) me parecen, además de simples, ofensivos. Late un desprecio hacia los artistas, como si en lugar de creadores de arte, pensamientos, ideas, belleza en el sentido estético y ético, fuesen unos bandoleros mal encarados y peor dotados psíquicamente que utilizan a los poderes públicos para esquilmar al contribuyente. Es la mentalidad del funcionario, acostumbrado como está a cobrar soldada garantizada todos los meses del año, además de los emolumentos extraordinarios y el seguro de vida o accidente. O la del tendero que mide el mundo según la cantidad de camisas que vende o deja de vender. Si a uno se le dijese que cobraría según el trabajo realizado y no de acuerdo a las horas consumidas en la inacción, habría un motín. Si al otro se le limitase el margen de beneficio, cerraría y se dedicaría a otra actividad. Lo normal; cada cual mira por su interés concreto. ¿Cuál es interés concreto del artista? El arte es algo más que un disco, un libro, que si se puede medir y convertir en dinero, acciones, papel timbrado… El arte son conceptos, palabras, abstracciones que se traducen en sueños o ensoñaciones, recuerdos o recordatorios, fantasmagorías del presente efímero, vigilias y esperanzas arrojadas al futuro siempre incierto, tiempo que se desliza entre luces y sombras. Todo ello aparece en un cuadro, una melodía, unas letras que a veces se quedan estancadas y a veces se mueven como ríos lentos por los canales tecnológicos más recientes. ¿Cómo se mide eso? Según la oferta y la demanda simbólicas y concretas del momento, claro.Un fontanero, por poner un ejemplo, tiene su tarifa, sólo por salir de su casa, despacho o almacén e ir al domicilio solicitado, trabaje o no trabaje luego. El fútbol dejaría de ser lo que es, si se prescindiese de las ayudas publicas y de los impuestos, directos o indirectos, que contribuyen a que sea más que un deporte, más que una religión, sin Dios pero con Dior. Y, sin embargo, por la paz social, nadie protesta por la utilización de fondos públicos en el fomento de distracciones privadas, por la sencilla razón de que hay más gente aficionada al fútbol que a la poesía surrealista o la música de Miles Davis. Ronaldinho es un genio, no un bufón. Argiñano, un artista; pero Sabina, Victor Manuel, Bardem, Eduardo Mendoza son “titiriteros”, “ladrones”, “vagos y maleantes”, “gentuza”, carne de canon y de cañón mediático. Ya no se dice aquello tan conocido de “cuando oigo hablar de cultura, saco la pistola”, porque no está de moda, nada más. Mas las pistolas simbólicas ya están desenfundadas y disparando, no sólo al pianista.

Es lo que tiene vivir en un país donde la cultura (no comestible) es sospechosa e incomoda de llevar, un lastre vamos.

 

 

 

56 pensamientos en “Titirimundi

  1. Me llena de orgullo y satisfaccion, como diria aquel, ver que hoy hemos mantenido el tema hasta el final, y con muy buenas intervenciones solidamente argumentadas.
    Viva nosotros

  2. aunque no deberia preguntarlo…ejem…¿Las mias tambien?

  3. La verdad es que asistir al debate de Tele Engañoranza es como una prueba biblica..¡Dios mio! que claca…Que asco…que periodistas del malfario que politicos tan invertebrados….sanguijuelas que hay que quemar con en cigarro…y si es un porrete muchisimo mejor..¡carajo!.

  4. Acabo de llegar a casa, abro el ordenador, leo en diagonal (o sea, por encima; dicen que Fraga leía por lo menos un libro al día porque leía en diagonal) el DC y me siento gratamente abrumado por el caudal de sabiduría y de saberes que derrocha. DC cada vez se parece más a un debate, sea callejero o no, y me gusta. Me gusta también que los corresponsales introduzcan nuevos argumentos, hablen lo de lo que les dé la gana, traigan noticias de última hora, cuelguen el rumor que lanza un digital o que han escuchado en el bar…, es decir, que no seamos por fuerza monotemáticos. Y me gusta que se discuta y se discrepe y que no todo sean adhesiones inquebrantables o desacuerdos previsibles.
    Esta mañana, antes de salir, saludé con pasmo al polígrafo (¿o polígrafa?) Mimo Timos, pero lo mismo hago con las restantes nuevas incorporaciones: Lope Aguirre, Tarek, Escribano, doktor… Gracias a vosotros, DC es hoy mejor que ayer pero menos bueno que mañana, seguro.
    Ya es tarde, estamos cansados, van a cerrar la ventanilla y como el cuerpo me pide alguna apostilla las haré (tomo nota de Mimo Titos) dentro de unas horas.
    A soñar con los angelitos, ¡hala!

  5. Salaberría,

    no, si yo no estoy nada preocupado por las relaciones entre Prisa y Mediapro, o por las consecuencias que tenga que asumir el PSOE el 9-M. Eso es problema de ellos, que yo me limitaré a ver (en el caso de que se dén) desde la barrera.

    saludos

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