The Wire, serie de obligado visionado

José D. Roselló

Por si alguno de los lectores no lo sabe, The Wire es una serie de televisión producida por el canal norteamericano HBO. De lo mejor que se haya visto, para el que lo haya hecho, y de lo mejor que se puede ver, para el que no. Una obra maestra. Una creación de las que ayudan a entender muchos aspectos complicados y espinosos del mundo en que vivimos. Una maravilla.

Ambientada en la ciudad de Baltimore, en la costa Este estadounidense, el hilo conductor gira en torno al trabajo de una unidad policial cuya principal herramienta es la escucha telefónica -ese “cable” que sería la traducción más literal del título-. Sin embargo, los casos policiales en torno a los cuales gira cada una de las cinco temporadas no son sino un pretexto, o una ventana, a través de la cual sus autores nos muestran magistralmente la tramoya  y las entretelas de varias problemáticas que afectan a la sociedad americana.

La serie consta de cinco temporadas de doce episodios de duración cada una, siendo la duración del episodio de una hora.

En la primera temporada, la temática gira en torno al tráfico de drogas y las bandas de los barrios marginales. La segunda está ambientada en el mundo de la decadencia de la industria y el comercio y cómo afecta al tejido social en el que esto sucede, así como del complicado papel de los sindicatos en Norteamérica. La tercera temporada habla de la política y de sus compromisos, corruptelas, grandezas y miserias. La cuarta, a mi juicio la mejor, abre en canal el sistema educativo público americano, más concretamente su capacidad o incapacidad para actuar en situaciones cercanas a la exclusión social. La quinta habla del periodismo moderno, sus presiones y cómo lidia con ellas, para qué y a costa de qué.

The Wire es una historia compuesta y múltiple, sólida y consistente como una viga de acero, afilada como un bisturí. Son cinco “Gomorras” de Roberto Saviano, de la misma manera diseccionan, sin maniqueísmos, los múltiples e interesantes planos, económicos, sociológicos, políticos y humanos, de las realidades sobre las que hacen ficción.

A la vez, esto se hace de manera entretenida, que engancha mediante  las vicisitudes de un elenco de personajes de la profundidad y complejidad de  “El padrino” o de “Yo Claudio”. Todos muy bien perfilados, con sus conflictos personales, sus momentos estelares, sus luces y sus sombras.

The Wire no es algo que se pueda ver con medio cerebro mientras se hace cualquier otra cosa; exige atención -porque hay que ver lo capítulos en orden, que esto no es CSI-  pero el disfrutarla se transforma en una auténtica delicia. Entretiene, emociona e ilustra, además, a todos los perfiles, jóvenes, mayores, más intelectuales o menos.

Dicen algunas voces con criterio que gran parte del talento cinematográfico y narrativo audiovisual se ha trasladado del cine a la televisión, en particular a las series televisivas. Alguno de sus guionistas, como por ejemplo Dennis Lehane, son escritores de novela de calidad, y eso se nota, y su creador, David Simons, ha sido el padre de otras dos obras de gran calidad “Generation Kill”, sobre la invasión americana de Irak en 2003 y “Treme”, que cuenta la historia de las gentes en la Nueva Orleans post Katrina.

En resumen, ocio de calidad. Ideal para regalar, o auto regalar. Perfecto para saborear tranquilamente, solo o en compañía, que no todo va a ser hablar de las crisis, de Europa o del nuevo gobierno.

Véanla, empápense, embébanse. Sin duda, tiempo muy bien empleado.