Tertuliano Feijóo

Millán Gómez

Galicia, no sé si saben, tiene un presidente que se llama Alberto Núñez Feijóo. Igual lo desconocen porque es más habitual verlo desfilar por los programas de televisión que dedicarse a lo que es su deber, gobernar su comunidad para buscar el progreso y el bienestar de los gallegos. Es más frecuente su presencia en TVE, Intereconomí­a, Veo7, Telecinco, Antena3, etcétera, que anunciando iniciativas en el Consello da Xunta. Tiene el don de la ubicuidad.

En su afán por mostrarse como un valor en alza dentro del Partido Popular (PP) no cesa en su empeño de personarse ante la opinión pública como un líder que opina sobre la realidad política española como si fuera un dirigente que contempla el mundo desde Madrid. Es raro que hable de Galicia. Su verdadera obligación representa un porcentaje anecdótico con respecto al núcleo de sus intervenciones en cualquier programa. Es un hombre pegado a una cámara y que busca con ahí­nco una tertulia donde aproximarse y mirar fijamente a los telespectadores. No es de extrañar que más de uno cuando lo vea en la televisión diga ¡el tertuliano de Intereconomía!

Para Tertuliano Feijóo, Galicia es un lugar de paso, una estación de servicio donde ganarse simpatías y emplearla como trampolí­n. Algo así como el kilómetro 224 en la A-6. Lo que pase en Santiago, Ourense, Ribadavia o Cedeira le importa tres pimientos. Con perdón. Y lo de Ourense mucho menos porque ya saben que aunque nació allí,­ sus compañeros de partido le esperan con los cuchillos largos.

Tertuliano Feijóo es un hombre con pocos recursos pero no vean cómo les saca partido. Dicen que la sencillez es un arte y Tertuliano Feijóo lo ha aplicado al detalle. Si la economía va mal, la culpa es del bipartito. Si las cosas van bien, son por obra y gracia de Tertuliano Feijóo. Es una regla de tres que no falla. Si la oposición protesta porque alguna cuestión en Galicia funciona de modo manifiestamente mejorable, la culpa es del Gobierno central, aunque las competencias hayan sido transferidas a Galicia. Para no utilizar la misma excusa, siempre cuida no repetir dos veces “bipartito” y “Gobierno central”. Ambos conceptos los alinea, primero uno y luego otro y así­ sucesivamente. No vaya a ser que lo critiquemos por decir siempre lo mismo. Tiene dos argumentos. En algo le gana a Rajoy, hay que reconocérselo. Se ha llegado a dar el caso de que Tertuliano Feijóo haya culpado al Gobierno central del paro en Galicia aunque las competencias en la materia pertenezcan a la Xunta. Tertuliano Feijóo me imagino que no lo sabe, de la misma manera que desconoce que para apagar incendios es mejor quitarse los zapatitos castellanos. Sería un detalle. No sé si recuerdan aquella escena dantesca cuando se produjo la plaga de incendios en 2006. Sí­, ya saben, ese problema que sólo pasa con el bipartito. Cuando están “los de siempre”, no hay ni hogueras de San Xoán.

Un servidor sabe de buena fuente que cuando a Tertuliano Feijóo le dijeron desde Madrid “para Galicia” un conocido común le dijo “Alberto, ¿estarás muy contento por volver a tu tierra no?” Pues bien, Tertuliano Feijóo respondió textualmente  “¿volver a esa puta aldea?” Por supuesto, el receptor no daba crédito. Pues sí, éste es el presidente de esta nuestra comunidad. Un hombre que se codea en el sentido literal de la palabra con Gallardón y otros í­deres emergentes del PP para conseguir una buena posición y colocarse en la pole-position de la sucesión. También tiene otra carta, pues en caso de que la ola a la que se ha subido Don Mariano le lleve a La Moncloa sin mojarse, Tertuliano Feijóo luchará por un ministerio (lo más influyente posible, que el hombre no es lo que se dice humilde) para, posteriormente, dar el zarpazo definitivo.

Se equivocan quienes tratan de buscar una rivalidad entre Tertuliano Feijóo y los dirigentes del PSdeG y BNG, Pachi Vázquez (PSdeG) y Guillerme Vázquez (BNG) respectivamente. Sus rivales son otros, concretamente los de su mismo partido a nivel estatal y, por supuesto, otros compañeros de tertulia porque ya saben que la vida está muy cara y hay que intentar chupar cámara lo máximo posible. Ya no queda nada de aquel dirigente de la oposición en Galicia que durante la legislatura pasada realizó una digna labor. Nada. Tertuliano Feijóo quiere llegar a La Moncloa, Galicia es una escala para otros objetivos mucho más finos. Y tengan cuidado, Tertuliano Feijóo no tiene escrúpulos. Recuerden que es el promotor de la campaña electoral más sucia y nauseabunda de la historia de la democracia española.