Telefónica contra Google ¿Qué futuro para el “sector del futuro”?

Sicilia

No se dejaba de hablar hace unos meses del cambio de modelo de crecimiento económico y de la importancia de posicionarse en el mundo de las nuevas tecnologías. Se trata de un tema tradicionalmente “amable” que suscita poco debate fuera del sector más especializado y donde las posturas políticas (fuera de España y aún así, sólo si aparecen las siglas SGAE de por medio) tienen la apariencia de un calmo consenso. ¡Qué de acuerdo estamos todos en lo importante que es “eso de Internet”!

Sin embargo, con la llegada de la crisis, caen los ingresos de todo el mundo y hasta las aguas más calmas se encrespan, y es que “donde no hay harina, todo es tremolina”. Primero los editores de prensa empezaron a mostrase molestos por el uso que de sus contenidos hace el buscador americano, utilizándolos en su servicio Google News sin coste alguno. Acto seguido, Rupert Murdoch afirmó que los contenidos de su grupo empresarial no serían accesibles desde Google, esbozando un proyecto en el que sólo lo serían desde un buscador rival, Bing de Microsoft. Después, tanto las autoridades americanas como las europeas pusieron peros al proyecto de Google para digitalizar masivamente obras “huérfanas”, es decir, aquellas que no tuviesen un autor localizado o identificado, ya que parte del proyecto violaba la norma del copyright.

No obstante, con estar muy ligado este conflicto a la mala coyuntura del negocio de la prensa, es cierto que la protección de los derechos de propiedad intelectual y la explotación de los contenidos digitales en los que se basa la actividad de Google causa y causará fricciones cuya solución deberá encontrarse en poco tiempo. No deja de ser otra cara más moderna del conflicto entre el que fabrica el contenido y el que lo difunde y comercializa.

Pero la última y más ruidosa aportación a la agitación de “la cosa de Internet” ha sido la lanzada por Telefónica mediante su presidente. Éste defendía el derecho de las empresas propietarias de las redes a cobrar a Google por el uso que de ellas hace este servicio, y esto sí implica un profundo cambio en el modo en que hasta ahora empresas y consumidores hemos estado dando lugar a eso que se denomina “Sociedad de la Información”.

El modelo vigente se basa en el principio de Neutralidad de la Red, por el cual las operadoras de telecomunicaciones facturan a cambio de proporcionar acceso, pero no tocan en absoluto lo que pasa por las redes. Cualquiera puede dar cualquier servicio a través de cualquier red, y todos los contenidos son accesibles nos conectemos a través de la operadora con la que nos conectemos. La única diferencia es la velocidad de la conexión.

Esto ha conducido al modelo de negocio en Internet tal y como lo conocemos. Las operadoras nos cobran una tarifa por acceso, plana en la inmensa mayoría de las ocasiones, y las empresas que prestan sus servicios a través de la red nos cobran al usuario (si son servicios de pago) o cobran por poner publicidad (si son gratuitos), pero no pagan por viajar por la red, llegando a cualquier parte del mundo.

Durante un tiempo todo el mundo aparentemente ha estado conforme. Las operadoras han recibido enormes ingresos de la extensión de la conexión a internet en los últimos diez años, simplemente por conectarnos a todos con todos, y las empresas que en mayor o menor medida hacen uso de internet como canal comercial han prosperado o no, según el éxito de sus servicios.

No obstante, el panorama ha cambiado. Los contenidos a los que accedemos por internet son cada vez más sofisticados y con un grado de interactividad en tiempo real mayor, lo que implica que el soporte físico por el que nos llegan tiene que mejorarse. Precisamos más capacidad de conexión, más velocidad, lo cual demanda una inversión en infraestructuras de red cuantiosa, más cuantiosa que la que las operadoras de telecomunicaciones han llevado hasta la fecha, dado que hasta este momento habían podido beneficiarse de las redes que existían ya para dar el servicio telefónico fijo.

Esta situación suscita la queja de Telefónicas y similares: si quieren mantener el negocio del acceso a internet van a tener que gastar mucho, y no les gusta tener que gastar mucho sin poder “morder” del incremento de negocio que van a permitir esas redes más potentes. Sea legítima o no esta aspiración, los propietarios de la autopista se han cansado sólo de cobrar peajes, y quieren una parte de los beneficios derivados de comercializar lo que se lleva en los camiones.

La propuesta que hay sobre la mesa por parte de las operadoras es romper o al menos cambiar profundamente este principio de Neutralidad de la Red y proceder a gestionar el tráfico por ella. Cobraré más o menos a fulano, sea este consumidor o empresario, en función del criterio que yo estime; por ejemplo: si sus servicios demandan mucha ocupación de mi red (porque se base en el tráfico de videos), le cobraré más que si solo se tratase de mensajes de texto.

No obstante, pueden darse otros criterios menos “tranquilizadores”: cobraré más o menos si alguien tiene unos servicios que puedan ser rivales de otros que yo provea, o en función de que su contenido sea más o menos atrayente para el consumidor, haciendo así que el tráfico aumente.

En resumen, lo que quieren las operadoras, parece ser, es el control de lo que pase por ellas y así poder, mediante la gestión de este, hacer ofertas más diferenciadas, pasando del modelo de tarifas planas a otro donde cobren de todas partes.

Si una empresa que quiera trabajar mediante internet va a tener que enfrentarse a múltiples cargos de las múltiples redes por donde circulen sus servicios, es muy posible que el escenario resultante se parezca al que propone Rupert Murdoch, esto es, ciertos contenidos son accesibles sólo desde ciertos oferentes de acceso, parecido a lo que pasa con las plataformas de televisión de pago, o de radio por satélite (negocio poco extendido en nuestro país, pero más conocido en otros lares). Según con quien contrate, puedo ver unos canales u otros; según con quien me “enchufe”, tendré acceso a unos contenidos digitales u otros.

Aunque, como siempre, pueda haber lugar a una nueva situación, siempre y cuando sea más justa y beneficiosa para todos, obviamente el segundo escenario, comparado con la situación actual, parece notablemente más empobrecedor, con más dificultades para que crezca “el sector del futuro” y, desde luego, dando más poder no a aquellos que innovan más, sino a los que en este momento son más grandes y generan más ingresos.

Si el grito de las “Telefónicas” del mundo es decirle a las “Googles”: “sin nosotras no existirías y queremos una parte”, los “Googles” podrían contestar “sin nosotros nadie querría conectarse a internet y el negocio sería cero”. A los ciudadanos por su parte nos queda decir “a ver cuánto nos cuesta esto”

Bien harán las autoridades correspondientes en mirar con mucho cuidado las reclamaciones que se les hagan, quizás, por qué no, sea el momento de reintroducir la vieja y querida inversión pública en el despliegue de esas caras infraestructuras tan necesarias para el futuro. Al fin y al cabo, de una manera o de otra, siempre conviene desde el poder público tener vigilado al poderoso, muy dado él a preocuparse exclusivamente por su propio y acaudalado ombligo.