T4: ¿Omagh o Canary Wharf?

MCEC

En otras palabras, ¿el terrible atentado contra la terminal 4 de Barajas ha sido instigado por la dirección de la banda terrorista ETA (Canary Wharf) o cometido por un grupo de activistas al margen de la dirección (Omagh)? La respuesta es irrelevante tanto desde un punto de vista moral (se trata de una salvajada injustificable) como penal (los autores son asesinos y deben ser perseguidos y condenados por ello). Pero las implicaciones políticas son bien distintas en un caso u otro.

El IRA perpetró el atentado de Canary Wharf para presionar al Gobierno británico a realizar concesiones en las negociaciones que llevaban semanas bloqueadas. Suspendió la tregua que venía manteniendo y destruyó con una bomba muy potente un complejo de oficinas muy moderno. Dos personas murieron por accidente porque el IRA hizo estallar la bomba en fin de semana. Pretendía recordar al Gobierno y sociedad británicos que mantenía su poder destructivo intacto, es decir, que no mataba porque no quería y que el Gobierno debía hacer concesiones para que siguiera resultándole más rentable al IRA mantener la tregua. Pocas semanas después las negociaciones se reanudaron y el IRA volvió a declararse en tregua, mantenida hasta la fecha.

El dramático atentado de Omagh fue perpetrado por el IRA Auténtico, una escisión radical por no estar de acuerdo con el proceso de Stormont. Adujeron no haber pretendido matar a varias decenas de personas: la ineficacia de la policía habría sido la responsable, como adujo ETA tras la masacre de Hipercor. La dirección del IRA se desmarcó del atentado y tomó las decisiones y medidas necesarias para que el Gobierno británico tuviera la certeza de que aquello no se iba a repetir. Y no se repitió. El IRA auténtico fue rápidamente sometido y controlado.Hasta ahora ETA siempre había respetado los compromisos asumidos públicamente. Antes de atacar a un determinado colectivo lo declaraba objetivo legítimo. Cuando decretaba una tregua la respetaba. Como es típico en los movimientos terroristas occidentales, la perversa coherencia que ha mantenido resultaba un ingrediente fundamental para que sus bases pudieran seguir prestándole apoyo social.

El atentado de la T4 no vino precedido de un anuncio de la suspensión de la tregua. En la víspera el Presidente del Gobierno subrayó específicamente la ausencia de bombas como la mejor prueba de que la situación había mejorado con respecto a las navidades de 2005. Es evidente que el Gobierno minusvaloró, en el mejor de los casos, el riesgo de que un enfrentamiento interno en ETA llevara a un sector de ésta a violar el alto el fuego. En el peor, el Gobierno habría sido engañado por la dirección de ETA.

En este último supuesto, las consecuencias para el proceso de paz serían letales porque aparte de los daños humanos, materiales y políticos causados por el atentado, no cabría ya diálogo o negociación con interlocutores falsarios. El atentado de la T4 no es equivalente al de Canary Wharf porque a diferencia del IRA en aquella ocasión, ETA no suspendió el alto el fuego. El atentado sería igualmente brutal pero sería políticamente menos destructivo porque cabría renovar la interlocución y o bien alterar las condiciones fijadas en la resolución del Congreso (algo a lo que yo me opondría) o bien incrementar la presión sobre ETA para que rebajara sus exigencias y aceptara los límites del proceso impuestos por el Gobierno.

En el supuesto de que el atentado haya sido obra de un grupo incontrolado de etarras, habría sorprendido tanto a la dirección de ETA y de Batasuna como al Gobierno. La comparecencia de Otegui induciría a pensar en esta opción: sólo así tiene sentido que pretendiera que el alto el fuego se mantenía tras un atentado tan violento y mortífero. Lo lógico sería que tras culpabilizar al Gobierno por lo mucho que debería haber hecho y no hizo en los 9 meses de alto el fuego, se hubiera a continuación desmarcado explícitamente del atentado, por no tener cabida bajo el alto el fuego. Pero ya habíamos aprendido en estos meses que Batasuna sigue bajo el mando de ETA y no al contrario como algunos quisieron ver tras la declaración de Anoeta.

Seguramente en los próximos días y semanas tengamos nueva información sobre el origen y causas del atentado de la T4. Para que sea posible arrinconarlo como prueba de lo largo, duro y difícil que es el proceso y éste pueda continuar, será necesario que la dirección de ETA se desmarque del mismo, renovando la vigencia del alto el fuego permanente y tomando las medidas necesarias para que no se repita, o en su defecto, limitar al máximo episodios similares. Josu Ternera y sus adláteres pueden criticar al Gobierno cuanto quieran y echarle la culpa de casi todo. Pero no del atentado. O bien lo han hecho ellos, en cuyo caso su falsedad les descalifica definitivamente para cualquier solución dialogada a la violencia, o bien toman las medidas necesarias para volver a controlar una organización en cuyo nombre dicen hablar.

Ojalá estemos ante una trágica repetición de Omagh y ojalá sus autores caigan muy pronto bajo el peso de la ley, la del Estado de Derecho o el despiadado código de conducta etarra. En caso contrario, el proceso de paz estará muerto. Porque no se darán las condiciones para que en un futuro próximo el Gobierno pueda certificar que ETA muestra una voluntad inequívoca de cesar en la violencia: por mentirosos o por incapaces.

No querría que esta conclusión pudiera interpretarse como catastrofista. Los elementos más importantes no han variado. ETA sigue siendo operativamente mucho más débil que unos pocos años atrás (menos activistas, menos armas, menos dinero) y políticamente lo es todavía más: de seguro sus bases reaccionarán con bastante aspereza a la nueva frustración de su expectativa de poder hacer política con la misma legitimidad que los demás. Aún si el proceso de paz muere definitivamente su fin, el objetivo de acabar definitivamente con la violencia terrorista, no sólo no lo hace sino que está todavía más cerca. Hace sólo unos pocos días escribía yo que a quién más daño hace la violencia etarra es a las pretensiones políticas de ETA porque si tienen alguna posibilidad de prosperar mínimamente sólo lo pueden hacer en ausencia de chantaje terrorista. Decía que los propios etarras eran conscientes de ello. Creo que la dirección de ETA si lo es pero incluso si no es así no por ello dejaría de ser verdad. Con la diferencia de que ahora, además, han utilizado –con resultados manifiestamente contraproducentes para sus fines- un cartucho que teóricamente guardaban en la recamara. Ahora tiene aún menos opciones a su alcance.