Syriza: empate fuera de casa

LBNL

Hoy es fiesta en Grecia pero no en Bruselas, donde el Eurogrupo dará con toda probabilidad su visto bueno a la propuesta de reformas que presentó anoche el gobierno griego. Si es así, los mercados griegos no se hundirán mañana, como se temía. La semana pasada fue muy tensa, con Alemania y el BCE presionando fuerte y el gobierno griego resistiendo. A medida que pasaban los días, Tsipras y Varoufakis fueron matizando sus posiciones, renunciando a su pretendido crédito puente de seis meses y aceptando una extensión del rescate que habían rechazado previamente. Y el Eurogrupo aceptó extender el último plazo del rescate por cuatro meses a cambio de una serie de propuestas concretas de reformas que el gobierno griego ha completado durante el fin de semana.

Por tanto, parecería que Tsipras faltó a la verdad cuando le dijo a su ciudadanía que Grecia había ganado la primera batalla aunque todavía no la guerra. Y que Varoufakis, con su imponente elocuencia y elegante presencia que tanto irritan a los que no se atreven a arrumbar la corbata, habría fracasado de pleno. Tras días de gira frenética por las diferentes capitales, apenas cosechó apoyos para su “crédito puente” y su tesis de que permitir a Grecia crecer es, además de justo, positivo para los acreedores, que de seguir las cosas como van, no podrían cobrar sus deudas jamás.

La diferencia entre la extensión del rescate y el “crédito puente” no es baladí. El rescate se concedió a cambio de que Grecia aceptara poner en práctica reformas concretas en la práctica impuestas por la Troika (Comisión, BCE y FMI). Lo lógica era impecable: sois corruptos, ineficientes e irresponsables, por eso estáis en quiebra y nosotros estamos dispuestos a ayudaros pero claro, sólo si hacéis lo que os decimos, que es lo que más os interesa, por cierto.

Tras varios años de hundimiento económico progresivo (¡una pérdida del 25 del PIB!) y aumento dramático del desempleo, la pobreza y la desesperación (unos mil suicidios al año), Syriza se niega a seguir aplicando las recetas foráneas que, como se ha demostrado, no son mejores que las locales. Por eso rechazó el último tramo del rescate y pidió un crédito puente, sin condiciones, para poder empezar a aplicar su programa de reformas y poder presentarse a negociar en junio con las ideas bien trabajadas y una mejora en los resultados. De hecho, si el Gobierno griego previo no hubiera jugado de forma desleal, Syriza no habría tenido que negociar nada bajo presión porque habría tenido cuatro meses para hacerlo. Pero no, el Gobierno de Nueva Democracia prefirió acortar el plazo para meter presión al electorado: si votáis a Syriza el caos llegará en pocas semanas.

Parece que no será así, por lo menos hasta junio, y que Grecia podrá hacer frente a los pagos que vencen de aquí a entonces. Menos mal, porque si bien una salida ordenada de Grecia del euro tendría en principio una repercusión negativa relativamente moderada sobre el resto de la Eurozona, proporcional al tamaño de su mengüante economía, una quiebra caótica, como necesariamente sería, generaría una inestabilidad impredecible, en primer lugar sobre otras economías problemáticas, como la nuestra.

¿Pero entonces han perdido Syria, Tsipras y Varoufakis? Es lo que las “fuentes comunitarias” le cuentan al bien informado corresponsal de El País en Bruselas, así que debe ser así. Se han llenado la boca de declaraciones maximalistas y al final han pasado por el aro como todos. Les había salido más a cuenta entrar modestamente y negociar por las buenas, buscando alguna mejora puntual y preparando el terreno para junio.

Mi análisis es radicalmente distinto. Durante la campaña electoral eran legión los que consideraban que la victoria de Syriza implicaría casi automáticamente la expulsión de Grecia del euro. Esos mismos interpretan ahora que, si no ha sido así, ha sido porque Syriza se ha bajado los pantalones. Pero no es así. Tsipras se ha comprometido ante su Parlamento a revisar las privatizaciones en curso, a reconectar a la electricidad a las 300.000 personas más necesitadas que han sido privadas de ella, a paralizar de nuevo los desahucios, a subir el salario mínimo y a readmitir a los funcionarios despedidos inconstitucionalmente. Y no va a dejar de hacer nada de ello porque el programa de reformas presentado a Bruselas se centra en la lucha contra el fraude fiscal y la corrupción, áreas que también eran prioritarias en el programa electoral de Syriza. Es decir, se ha librado del diktat de la troika – cuya disolución formal ha conseguido – y va a conseguir que hoy el Eurogrupo acepte que el énfasis de las reformas estará en la lucha contra el crimen económico antes que en agravar el sufrimiento de las clases menos pudientes.

La troika ha muerto y con ella el austericidio a ultranza. Syriza los ha enterrado y, aunque le queda mucho por hacer, ahora tiene las cartas en su mano. Si consigue poner en práctica sus planes y aflorar ingresos ocultos en cantidades suficientes, conseguirá reducir el déficit y el endeudamiento sobre PIB sin seguir recortando gastos. Tiene cuatro meses para empezar a demostrarlo. Será muy difícil y los rigoristas volverán a poner el listón muy alto en junio. Pero, de momento, Syriza se ha salido con la suya. Ha salido a jugar un partido muy complicado bajo una presión enorme y ha conseguido no perder, desafiando las apuestas de tanto encorbatado incapaz de concebir una estrategia diferente y que pensaban que el nuevo gobierno iba de farol.

La vuelta en junio pero de momento, como poco, empate.