Susto o muerte

Jon Saalberría

Nueva “Semana de Pasión” en el socialismo español. Situación análoga al tiempo litúrgico que vive en vísperas la animada comunidad católica (gracias a Francisco y sus “gestos de esperanza”) es la que se apresta a vivir el Partido Socialista en estos días aciagos que suceden a la vergüenza de Ponferrada, agravada por la nefasta gestión posterior del “error que hemos rectificado, y punto” (sic), como afirmaba el secretario general del Partido, Alfredo Pérez Rubalcaba. Una semana más (y van …) la militancia socialista, desmotivada, desmoralizada y en franca huida en muchos casos, estará atenta a la Comisión Ejecutiva Federal que celebrará sesión en Ferraz el próximo jueves 21 de marzo, y en la que, inexorablemente, se pondrá sobre la mesa de nuevo el fiasco de la moción de censura y se tomará alguna decisión al respecto. Si bien este asunto está totalmente cerrado para la dirección socialista (no así sus consecuencias, imprevisibles de cara a un electorado muy castigado), su gestión antes, durante y después del bochorno de León debe tener consecuencias estratégicas y de imagen en la futura actividad de la Ejecutiva y a su visibilidad exterior.

No está prevista ninguna voz díscola que exija gestos firmes y espectaculares en forma de destitución o de dimisión, poniendo en duda las decisiones de la Permanente del Partido durante las horas de turbulencia en Ponferrada. Todo apunta a que se debatirá la simple continuidad de la hoja de ruta marcada por el secretario general y ejecutada por el responsable político del “Caso Ponferrada”, el secretario de organización Óscar López, en lo que los más fieles denominan “mantener el timón”, y la introducción de un cambio, más o menos sustancial, en las responsabilidades. En lo que yo anticipo (como previsión y como opinión muy personal) puede ser un nuevo pretexto de más calamidades, de la Federal puede salir una Elena Valenciano reforzada en sus competencias de gestión con la intención de descargar a Rubalcaba de la presión de las mismas y reservándole un mayor papel protagonista en lo político. Es la sugerencia de la Federación más importante del Partido, la andaluza, de forma que tiene visos de salir adelante. La peripecia de Elena Valenciano en sus responsabilidades al frente de la vicesecretaría general no augura episodios edificantes, y sus intervenciones públicas a raíz del escándalo de la moción de censura lo confirman, de modo que no es alentador evaluar hasta qué punto merece la pena la “descarga” a favor del secretario general, y si éste va a salir indemne de los posibles “daños colaterales” de una actuación protagónica de su número dos en la gestión diaria. Por supuesto, la hoja de ruta del proceso de “debate de ideas” que debería centrar la actividad de la organización en este 2013, seguirá adelante. Faltan dos convenciones sectoriales para que se despeje el horizonte de la Conferencia Política, y mientras seguirá adelante el ya famoso “Hacer PSOE 2015”, el programa de “expansión” de la organización con vistas a 2015, y que hasta ahora se ha concretado en reuniones a pequeña escala en la que se ha intentado hacer un perfil individual del militante de cara a su ubicación idónea como “agente electoral” en la cita de 2015. Un “empezar la casa por el tejado”, con la marca personal de Óscar López, cuando aún no existe ni programa, ni proyecto político definido, ni clarificación de las fórmulas a usar en la designación de los candidatos. Producto lógico del cierre en falso del Congreso de febrero de 2012 y, desgraciadamente, del calendario aprobado en las resoluciones del mismo: a estas horas ya debería haberse celebrado una Conferencia de Organización tras la cual habrían quedado claros los procedimientos y los plazos de designación de candidatos, así como un “Estatuto del Militante” igualmente claro y una renovación de estructuras desde la base. Así, cualquier estrategia de “avanzadilla electoral” tendría visos de eficacia, y se daría solución a la permanente indefinición y la debilidad de los liderazgos. Porque si bien era intención de la Federal, desde el Congreso, reservar 2013 como año para la construcción de la oferta partiendo de la premisa de que el tema del liderazgo estaba totalmente cerrado, las continuadas eventualidades, ya de política general, ya de carácter local (como la de Ponferrada), dejan meridianamente claro que el PSOE tiene un problemas de “caras” que no está resuelto.

Tan es así, que en los últimos días el “run-run” en las Territoriales ha vuelto a intensificarse, y son cada vez más los dirigentes que creen que se ha llegado a un punto de no retorno. Las perspectivas demoscópicas del Partido son las que son. Hoy se habla en prensa digital (Gonzalo López Alba, en “El Confidencial”) del “horizonte de los 100”, esto es, la posibilidad de que en unos eventuales comicios generales el PSOE cayese a una horquilla de entre 90-100 escaños. Y se habla entre dirigentes de la casi certeza, confirmada ya en Catalunya con el tercer puesto del PSC, en Euskadi y en Galicia, de que en otras Comunidades, como la valenciana, fuerzas de la izquierda alternativa superen en intención de voto a la opción socialista. Existe una importantísima parte del electorado progresista abandonada en la orfandad política. Campo abonado a la abstención segura, al populismo de la peor ralea, a la llegada mesiánica de un “Beppe Grillo” a la española o (cosa que no sería nada negativo en términos democráticos) de una nueva Syriza que dé respuesta a las expectativas de una electorado que, cada vez más, identifica a las dos grandes formaciones en la defensa de lo más oxidado del sistema. Pese a estas certezas, a estos temores, a estas críticas, y como ha ocurrido, por ejemplo, en Comités Federales anteriores, nadie espere que los dirigentes territoriales que hablan a micrófono cerrado de estas cuestiones tengan a bien dar un paso adelante en los órganos de representación del Partido. Como bien estableció Alfonso Guerra cuando dirigía el aparato con mano férrea, “quien se mueve no sale en la foto”. Principio inalterable que sigue en vigor, y que se demuestra en la composición de dichos órganos (poco representativos de la pluralidad del Partido) o en la marginación de quienes no forman parte del establishment, comenzando por la derrotada en febrero de 2012, Carme Chacón Piqueras, a cuyo trabajo parlamentario la dirección del Grupo estás poniendo pocas facilidades.

¿Existe posibilidad de un “tour de force” que posibilite la inflexión sin esperar a la próxima “metedura de pata”? Parece que la inflexibilidad de Rubalcaba y su tenaz voluntad de agotar la hoja de ruta no lo hacen posible. Habrá que esperar a la Conferencia Política y a lo que salga de allí, cruzando los dedos para que los delegados que participen en la misma (cooptados por las respectivas direcciones, me temo) sean lo suficientemente permeables al espíritu de las resoluciones del 38 Congreso, sistemáticamente incumplidas, o a las aportaciones de la militancia y la sociedad civil, para que de allí surja una oferta sólida y un modelo de partido adecuado a las exigencias del tiempo actual. La otra solución, ante el escepticismo respecto de la Conferencia, está recogida en los Estatutos, y no es la otra que la del Congreso Extraordinario. Conforme a lo que preceptúa el art. 33 de los Estatutos Federales: Cuando circunstancias especiales aconsejen la convocatoria de un Congreso Federal Extraordinario o cuando proceda para tratar sobre algún tema específico, no será preciso atender los plazos establecidos en el artículo anterior (art. 32 punto 1). / El Congreso Federal Extraordinario podrá ser convocado por el Comité Federal o la Comisión Ejecutiva y preceptivamente cuando lo pidan la mitad más uno de los militantes; el órgano convocante determinará la fecha y lugar de su reunión, así como los puntos del Orden del Día. / El Congreso Federal Extraordinario sólo puede adoptar resoluciones sobre las materias previstas en el Orden del Día para el cual fue convocado.

Sin lugar a dudas, estamos dentro de un círculo vicioso, pues tal ha sido bien la voluntad, bien la malísima gestión de los tiempos y de las circunstancias que ha querido esta dirección federal. Está bien claro que ante los problemas que se nos avecinan, con una reforma del sistema de pensiones “manu militari” que va a llevar inexorablemente la protesta a la calle; ante las nuevas turbulencias del sistema financiero tras el rescate (criminal) de Chipre; ante las exigencias respecto de la necesaria reforma del sistema hipotecario tras la sentencia de Estrasburgo o ante el problema rampante de la corrupción y el desafecto ciudadano por la política, es necesaria una maquinaria bien engrasada y dispuesta, no ensimismada en sus problemas internos. Como bien dijo Rubalcaba, “en el momento en el que empecemos a debatir de nuevo sobre personas, no se hablará de otra cosa”. Pero también es patente que los problemas de liderato no se han solucionado y suponen un lastre insalvable a la hora de reconstruir la alternativa y la de hacer una labor opositora eficaz. Es una cuestión de credibilidad.

Toca acelerar los plazos. Toca flexibilizar los procedimientos. La ordenación del proceso interno demuestra que no hay que sacralizar normas estatutarias para ello, habiéndose pasado por alto las resoluciones literales del 38 Congreso. Por lo tanto: osadía y flexibilidad. Eso, o reparar el error de febrero de 2012 a través de la convocatoria de un nuevo Congreso que debe ser de refundación. En cualquier caso, seguir la inercia actual lleva a la irrelevancia.

Estamos en “susto o muerte”.