Susana Presidenta de Gobierno en menos de dos años

LBNL

Al carajo los propósitos de año nuevo. Una es como es y no lo puede evitar. Mal que le pese a Don Cicuta a quien le ponen de los nervios las predicciones por falta de base científica, me atrevo a apostar a que Susana Díaz será Presidenta de Gobierno antes de que concluya el año que viene. Por mí que no quede tendrá que aguantarse si mi predicción es correcta y en su momento esgrimo un “ya lo dije yo” de esos que me gustan tanto. Ya dije poco después de las elecciones de diciembre de 2015 que Pedro Sánchez sería Presidente de Gobierno o fiambre político. Y creo que a estas alturas quedan ya muy pocos, incluso entre los “pedristas”, que crean que cabe una tercera opción. También dije que Rajoy estaba fiambre. No fallé, simplemente me precipité un poco… Le queda un máximo de dos años. Que es demasiado, lo sé, pero es un tiempo finito. Tengo la certeza de que será reemplazado por Susana, a la que le bastará un año largo como Secretaria General para reconstruir el PSOE a su gusto, posicionarlo convenientemente ante la opinión pública como el hacedor en la sombra de todo lo bueno que pueda hacer el Gobierno, y tomar la delantera en las encuestas, momento en el que propiciará la caída del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones, que ganará por poco pero suficiente para formar Gobierno con lo que quede de Ciudadanos y los grupos minoritarios, incluido Podemos si continúa existiendo.

A mí me encantaría que la gestora del PSOE, cuyo Presidente contactará esta semana con los “barones” regionales para consensuar la fecha del próximo Congreso, acordara un proceso pre-congresual abierto, que permitiera la presentación de varias candidaturas a la Secretaría General, para lo cual sería necesario reducir al mínimo imprescindible la necesidad de avales para presentarse y alargar el plazo para conseguirlos. El argumento de que se colarían algunos “chikiliquatres” no me vale: bastaría una segunda vuelta entre los dos primeros para filtrarlos convenientemente. Si Susana aceptara un proceso así, ganaría igualmente y saldría muy reforzada políticamente. Pero no tengo la menor esperanza de que vaya a querer o de que, incluso si quisiera, los demás “barones” consintieran. Ella porque ha demostrado su preferencia por evitar riesgos. De otra forma, habría saltado a la palestra al día siguiente de las elecciones de diciembre de 2015 y le habría dado la puntilla a un Pedro completamente derrotado. Pero parece que algunos “barones” no las tenían todas consigo, posiblemente porque tenían sus propias ambiciones. A las que parecen haber renunciado ahora ante la fuerza orgánica de la Federación Andaluza pero no consentirían de ninguna manera una elección abierta. No porque Susana pudiera perder sino porque necesitan que gane con su apoyo, no con el de los militantes, para poder cobrárselo en forma de cuota regional en la ejecutiva federal, puestos en las listas, etc.

De tal manera que la Gestora convocará el Congreso para lo más tarde posible antes del verano y mantendrá la exigencia de un número desorbitado de avales en un plazo ínfimo, de forma que Susana sea la única capaz de reunirlos y podamos ungirla como líder indiscutida de una elección supuestamente abierta a toda la militancia que sin embargo no podrá votar ante la falta de candidatos alternativos. Atrás quedará el golpe de Estado en Ferraz y todo el guirigay previo y posterior. Susana repartirá cuota de poder orgánico entre todos, incluso País Vasco, Cataluña y Baleares, e impondrá la paz interna. Impondrá, ese es el término. Sonrisa, mano y mana abierta y abierto, hacia todos y hacia todas, que diría el impagable Hernando de José Mota, pero ojito al que se mueva que no saldrá en la foto, al más puro estilo “Arfonso”. Los Congresos de cada Federación se sucederán en cascada y reflejarán el nuevo liderazgo, como después los provinciales y las ejecutivas renovadas de todas las agrupaciones. Muchos de los que otrora se desgañitaron en pos de Pedro como Pe en los Oscar, pasarán a defender a Susana con argumentos racionales, uñas y dientes, y los que hoy dicen que como no haya al menos dos candidatos se van del partido, acabarán votando al PSOE, como siempre.

La diferencia es que Susana será, en mi opinión, capaz de atraer a muchos de los antiguos votantes. Tanto por méritos propios como por deméritos de Podemos, y de la suicidada Izquierda Unida. Los del “no nos representan” dificilmente votarán al PSOE, pero sí todos los que votaron a Podemos por coincidir con sus denuncias o acabaron absteniéndose por la falta de atractivo de Pedro Sánchez y su gente. Susana será visible y venderá eficazmente las concesiones sociales y “de izquierdas” que le saque al PP. Podemos seguirá devorándose a sí mismo y en todo caso condenado a la irrelevancia, por su falta de experiencia parlamentaria, su intransigencia y la afición de su caudillo al youtubismo ridículo. Ciudadanos seguirá instalado en el pragmatismo y tratará de vender, sin demasiado éxito, que fueron ellos los que pactaron primeramente con el PP las medidas que el PSOE saque adelante.

Y por otro lado estará Cataluña. Rajoy seguirá lidiando con el desafío con esa exasperante mezcla de paciencia, resistencia pasiva, aparente indiferencia y recurso a la ley. Y Susana será capaz de de apoyar al Gobierno en lo esencial mientras denuncia su torpeza. Nada nuevo bajo el sol excepto que el espacio intermedio, que es terriblemente peligroso en tiempos de polarización, ofrece también la posibilidad de doble o nada. En Cataluña seguramente apostará por apoyar la resistencia de Ciudadanos, su aliado en Andalucía, sin ofrecer al PP el flanco débil de la falta de españolismo pero sin ceder un ápice de sumisión al liderato de Moncloa. Si Cataluña sale mal, se acortarán los plazos porque será un desastre generalizado. Pero probablemente el desafío soberanista entre en barrena a medida que se acerque el ultimatum del imposible referendum legal y vinculante. Los convergentes seguirán aferrados a mantener el sillón, las CUP en asamblea permanente y Esquerra disfrutando viendo como sus verdaderos enemigos no dejan de perder apoyos.

Bruselas parece que entra en razón y abandona el austericidio incondicional. Aún así, los presupuestos tendrán que asumir recortes importantes, este año y el siguiente. En 2017 es todavía demasiado pronto para vetarlos así que habrá negociaciones sin fin, tensiones y finalmente un acuerdo, malo pero menos malo que una nueva crisis. Ahora bien, 2018 será distinto. Superado el ultimatum catalán, dominado el ámbito orgánico y, me atrevo a predecir, encabezando las encuestas, otoño de 2018 será el momento de provocar la caída del Gobierno.

Las próximas elecciones serán por tanto, probablemente, ya en 2019, es decir, dentro de algo más de dos años. O quizás antes. Pero no me cabe duda de que Susana las ganará y podrá formar Gobierno a continuación.

Es una mera predicción. Falible, por supuesto. Pero no me extrañaría nada que se cumpliese, o cumpliesa. Ojalá.