Susana ha llegado para quedarse

LBNL

Me voy a permitir una licencia que me parece necesaria. El sábado la Unión Europea celebró en Roma su 60 aniversario renovando su mensaje de concordia, solidaridad y prosperidad y haciendo hincapié en la necesidad de corregir muchas deficiencias para seguir conquistando el futuro. Y al día siguiente, ayer, Susana dio finalmente el paso tantas veces amagado que podría servir para que, mucho antes de lo que solíamos tener, podamos tener otra vez en España un gobierno progresista. Susana no es ni Juncker ni Merkel, ni tampoco Felipe o Zapatero. Susana es solo una curtida dirigente socialista andaluza que preside la mayor Comunidad Autónoma de España, una de las poquísimas que sigue siendo gestionada por el Partido Socialista. Es decir, Susana ha demostrado algunas cosas positivas, como ganarle las elecciones al PP o jubilar a sus predecesores para depurar responsabilidades políticas, pero le queda mucho por demostrar, y seguramente por aprender. Pero oigan, que quieren que les diga, la veo y la escucho y siento que muy probablemente será la próxima Presidenta del Gobierno, digamos que en primavera de 2019.

La licencia del inicio responde principalmente a la necesidad de mencionar la efeméride europeista, un logro de seis décadas de paz y prosperidad sin precedentes en Europa. Pero obviamente nada tiene que ver con el lanzamiento de la campaña de Susana Díaz para ser Secretaria General del PSOE. Arropada por casi todos los que han sido y son algo en el partido y por miles de militantes, la puesta en escena ayudó a que consiguiera transmitir que es la única candidata presidenciable.

Patxi López ha sido Presidente de Comunidad Autónoma y Presidente del Congreso pero nunca ha pasado de ser un chico majo, del partido de toda la vida, aparatero eficaz y urdidor de alianzas que le permiten destacar por encima de sus muchas limitaciones. Dejando de lado la sospecha de que su presencia en la campaña pueda ser en realidad un ardid para segarle la hierba bajo los pies a su otrora aliado Sánchez a cambio de una nueva poltrona institucional en la etapa subsiguiente, Patxi no ilusiona, no es lo suyo. Parece ser consciente de ello y ni siquiera lo intenta, lo cual le honra. El suyo es un discurso de concordia y sentido común muy aceptable pero muy plano. Y el PSOE necesita un revulsivo como agua de mayo.

Qué decir del otro, del tercero en discordia, del que se autoproclama como el verdadero candidato de las bases, el candidato de izquierda de la buena y al tiempo el candidato del Siglo XXI… Si viniera de nuevas, quizás… Pero no es así. Ya estuvo ahí, con el apoyo de Susana y de muchos de los que la apoyan a ella ahora. Contra Madina, que sí ilusiona – como demostró el prolongadísimo aplauso cerrado que recibió ayer cuando -la interminable- Matilde Fernández le dio el relevo. Madina no aceptó el pacto bastante innoble que se le propuso, según el cual se le apoyaría para ser Secretario General a cambio de no optar a la candidatura a la Presidencia del Gobierno. Pedro sí aceptó. Cabe disculpar su traición posterior con aquello de que Roma no paga traidores pero lo cierto es que demostró a las claras la poca valía de su palabra. Nadie se acordaría de aquello si hubiera demostrado lo que prometía: un huracán de aire fresco y apertura que devolviera al Partido Socialista al lugar al que  su historia le hace merecedor. Pero fue todo lo contrario. No fue capaz de aprovechar la corrupción generalizada del PP ni de sacarle los colores a Podemos durante su primera campaña. Consiguió romper el sólido suelo electoral del PSOE y, esa misma noche, declaró sin empacho que había conseguido unos resultados históricos. Desde luego, pero por razones radicalmente diferentes.

Susana no fue capaz de dar el paso entonces. Posiblemente le faltó decisión y desde luego le faltaron algunos apoyos, en particular de algunos que después se rasgaban las vestiduras ante la posibilidad de que Pedro pactara con Podemos pero que, en aquel mes de enero, tenían el rabillo del ojo puesto en el apoyo que de Podemos recibían en sus propios gobiernos autonómicos.

Superado el primer conato de rebelión, Pedro fue incapaz de generar consenso a su alrededor. El Comité Federal le impuso unas condiciones imposibles – no apoyar al PP y no pactar con Podemos, la segunda disfrazada – y él las aceptó. Podía haberse rebelado y hablar claro. Tomar la iniciativa y liderar al partido para sentar unas bases de negociación sensatas con Podemos y Ciudadanos. No, lo dejó pasar y confió en que Podemos acabaría cediendo a la presión y se abstendría en la moción de investidura con Ciudadanos. Volvió a errar. O no supo calibrar la sinrazón de Podemos y su cerrazón con el sorpasso o no supo venderles la moto adecuadamente.

Pese a su estruendoso fracaso, Susana y los demás le permitieron volver a presentarse contra Rajoy. A estas alturas ya eran legión los que preferían que se estrellara para volver a la normalidad. Pedro optó por redoblar la apuesta y acercarse con más decisión a Podemos, pero Pablo le mandó de vuelta el anillo de compromiso y pactó con Izquierda Unida, dejándole a los pies de los caballos.

La razón principal por la que se salvó del sorpasso fue por demérito de Podemos. Pero Pedro Sánchez lo enarboló como gran éxito, personal y de su camarilla, que llevaba meses gestionando Ferraz como un comando pretendidamente autoritario pero realmente ineficaz, incapaz de generar cualquier atisbo de estabilidad.

Y finalmente sumió al partido en una de sus peores semanas negándose a aceptar lo inevitable. Le dieron un golpe de estado, si, pero porque su enroque en el No es No – que yo llegué a defender – era cavar todavía más hondo.

No fue Pedro el único responsable del desastre, desde luego que no. Pero él era el líder, el primer Secretario General elegido por la militancia y tenía la responsabilidad de conseguir que toda la tripulación se ocupara de su cometido. No lo consiguió y como capitán fue un desastre completo. Pensó que conseguiría aplacar a los rebeldes manu militari – veáse el relevo en Madrid – y fracasó.

Así que ni No es No ni Si es Si. Me puede tratar de vender la moto que quiera pero si ya le consideraba vacuo y poco de fiar cuando se presentó contra Madina, más todavía ahora que tiene un trienio de fracasos y actuaciones lamentables a sus espaldas.

Susana tiene mucho que demostrar pero la única disyuntiva es votarla a ella o no votar. Y me alegro de percibir cada vez más razones para votarla no sólo por eliminación de los demás sino por méritos propios. Eso sí, como ya escribí por estos lares tras tener oportunidad de conocerla, no me cabe duda de que, salvo que cometa muchos graves errores, será Presidenta del Gobierno cuando a finales del año que viene, a poco que acompañen las encuestas, decida tumbar los presupuestos y forzar elecciones anticipadas. Incluso si Rajoy decide finalmente dar paso a otra candidata.