Susana al fin lo ha pillado

LBNL

Me refiero, naturalmente, a la necesidad de pactar con Ciudadanos y Podemos si quiere hacer valer la mayoría que cosechó en las urnas el pasado 22 de marzo y ser investida Presidenta de la Junta de Andalucía esta semana. No en la primera votación, que tendrá lugar previsiblemente mañana martes al término de la sesión de investidura que comienza hoy pero que requiere mayoría absoluta, sino en la segunda, que tendrá lugar 48 horas después y en la que basta mayoría simple. O quizás en la tercera o la cuarta, si las conversaciones en curso con Ciudadanos y Podemos todavía no han madurado lo suficiente como para propiciar la abstención de ambos, indispensable en vista del anunciado voto negativo de PP e IU, que no perdona la traición al anterior pacto de gobierno que supuso la convocatoria de elecciones anticipadas.

Es el signo de los tiempos, el espíritu de la nueva etapa democrática que se está abriendo y que quedará todavía más claro tras las próximas elecciones autonómicas y locales, y definitivamente consolidado tras las próximas elecciones generales. La típica pregunta de si se está dispuesto a pactar con X o con Y quedará completamente obsoleta, como en la mayor parte de Europa, en donde lo raro es gobernar en solitario a la voz de ordeno y mando.

Tras mejorar los anteriores resultados del PSOE en Andalucía, superando además de largo al PP, que en la anterior elección había obtenido más escaños que el PSOE pese a no gobernar, Susana Díaz se las prometió muy felices porque no tenía enfrente ninguna coalición factible que pudiera impedirle seguir gobernando. Sería por ello, por la falta de costumbre o por la euforia electoral, en los primeros días el PSOE andaluz apelaba altivamente a la responsabilidad de los demás, incluso la del PP, para evitar que fuera necesario repetir las eleeciones si a los dos meses de celebrarse, ningún candidato ha conseguido ser investido por mayoría simple.

Como ya se anticipó aquí al día siguiente de las elecciones, era previsible que tanto Ciudadanos como Podemos optaran por no ceder a la tentación de gobernar en coalición con el PSOE a pocas semanas de las elecciones de mayo, principalmente por el efecto negativo que ello tendría sobre su imagen renovadora en el resto de España. Estaba descartado que entraran en el típico reparto de poder y prebendas a cambio de apoyar con su voto la investidura de Susana. Pero no necesariamente que permitan que sea investida con su abstención. Pero no a cambio de nada.

El PSOE se negó en redondo pero a medida que han ido pasando las semanas no ha tenido más remedio que ir cediendo, a demandas por lo demás bastante razonables y desde luego contenidas en los programas electorales de las formaciones cuya abstención se pretende. En eso consiste la democracia negociada: si quieres mi voto, o mi abstención, dame algo de lo que yo le prometí a mis votantes.

Desde aquí también se había pedido mucho antes la renuncia a sus escaños en el Senado y el Congreso de los ex Presidentes Griñán y Cháves y los ex consejeros Zarrías, Viera y Moreno, cuando el Supremo les imputó por el caso de los EREs. Todo el que conoce un poco el asunto sabe que ninguno de ellos se enriqueció y no están procesados por ello. Están imputados porque una juez, y luego el Tribunal Supremo, consideran que su gestión del asunto fue lo suficientmente negligente como para que pudieran derivarse responsabilidades penales. Seguramente no sea así y los chanchullos de Zarrías, que todo lo decidía, y la gestión de los demás sea simplemente reprobable, bien por consentir un tinglado que violaba las normas administrativas y resultó en la malversación de varios millones de euros, bien por no enterarse de lo que se cocinaba bajo su manto. Por esa misma responsabilidad política, no debían haber llegado al Parlamento, pero una vez allí, la convocatoria del Tribunal Supremo habría sido causa suficiente para su dimisión en cualquier democracia desarrollada.

En España no. Salvo muy honrosas excepciones, aquí sólo se dimite cuando el líder considera que es inevitable sacrificar a uno de los propios, y en ocasiones ni siquiera: veáse Rus en Valencia. Pero eso va a cambiar. Afortunadamente. Ahí está la renuncia de Griñán a ser renovado como senador autonómico andaluz cuando la nueva Cámara decida a quienes manda al Senado. Su gesto, simbólico porque el PSOE no habría podido conseguir que los demás aceptaran su renovación, ha venido acompañado de señales claras, tanto desde Andalucía como desde Ferraz, de que los otros cuatro tampoco irán en las listas para el Congreso en las próximas elecciones generales. Felipe González, que últimamente no pierde oportunidad de abrir la boca cuando no procede, ha declarado que él jamás habría aceptado semejante chantaje. Y rápidamente Susana ha reafirmado su respeto por el gran líder al tiempo que subrayaba que no siempre estaba de acuerdo con él y que no se trataba de un chantaje.

Porque no lo es. Es una mera exigencia democrática, de las que los dos adalides del bipartidismo han abdicado en los últimos tiempos, aceptando candidatos insoportables del otro a cambio de colar los infumables propios ya sea al Consejo General del Poder Judicial, al Tribunal Constitucional o al Consejo de RTVE, por poner sólo algunos ejemplos.

Como tampoco ha sido un chantaje que el PSOE se aviniera a suscribir, incluso por escrito, el decálogo contra la corrupción que exigía Ciudadanos para sentarse a negociar su abstención. En paralelo, Susana y los suyos han multiplicado los esfuerzos para encontrar fórmulas contra los desahucios que permitan que Podemos se de por satisfecho sobre un punto esencial de su programa. O sobre el número de cargos de confianza en la administración autonómica.

Bien hace Susana en ceder y más lo habrá de hacer una vez sea investida Presidenta, porque esto sólo es el principio: para poder sacar adelante su programa, tendrá que explicar, negociar y convencer a los demás sobre las ventajas de las medidas propuestas a la Cámara. Bienvenida sea la nueva política, en la que el escándalo de los EREs no habría podido tener lugar, porque el programa de ayudas no habría podido ponerse en práctica en la forma en la que lo fue, y de haberlo sido, el escándalo habría estallado al primer informe crítico de la intervención.

¿Pactará usted con Podemos? ¿O con Ciudadanos? La pregunta es absurda y propia de una democracia obturada. Pues claro, pactaré yo y pactaremos todos porque no queda más remedio. Afortunadamente el tiempo en que esa pregunta parecía tener sentido va quedando atrás. Bienvenida Susana al gobierno parcial.