Superbowl, Supertuesday, Supershow!

Diego Ojeda

Seríamos por fuerza muy pocos los que seguimos en directo el Superbowl hasta altas horas de la madrugada del pasado lunes y nos acostamos con la certeza de haber sido testigos de una jugada para la historia de Manning, artífice de la impresionante remontada de los New York Giants contra los todopoderosos Patriots de New England, que habían ganado todos los partidos de la temporada. Sólo dos noches después la política tomaba el relevo y habrán sido algunos más los que hayan tratado de aguantar despiertos anoche para ver que deparaba el supermartes de las primarias americanas, que incluso podía poner fin anticipadamente a las primarias más abiertas de las últimas décadas, limitándolas a sólo dos contendientes, uno por cada bando.

Es poco probable, al menos en el lado demócrata. Porque en el republicano, sí es posible que John McCain, Senador por Arizona, haya conseguido abrir una brecha insalvable con Mitt Romney, el millonario ex Gobernador de Massachussets cuyo mayor problema es su condición de mormón.

Algunos datos antes del análisis:

– Los demócratas elegían entre la Senadora por Nueva York y ex Primera Dama Hillary Clinton y el Senador por Ilinois Barak Obama, una vez que el único candidato blanco y sureño, y el más izquierdista de los tres, John Edwards, se retiró tras no ser capaz de ganar en su Estado natal de Carolina del Sur (aunque es Senador por Carolina del Norte).

– Los republicanos elegían entre el Senador por Arizona John McCain y el ex Gobernador de Massachussets, mormón y millonario, con el ex predicador baptista y ex Gobernador de Arkansas Mike Huckabee como tercero en discordia tras la retirada del ex Alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani.

– Las primarias demócratas ventilaban 1.681 delegados en 22 Estados, el 52% del total de 3.253 delegados; las republicanas decidían 1.009 delegados en 21 Estados, el 41% del total de 2.380. – En orden cuantitativo, los Estados más importantes para los demócratas anoche eran California (370), Nueva York (281), Illinois (153), Nueva Jersey (127) y Massachussets (121). Para los republicanos, California (170), Nueva York (101), Georgia (72), Illinois (70) y Tennessee (55).

– Las demócratas deciden proporcionalmente el número de delegados a asignar a cada candidato en función del porcentaje de apoyo recibido; la mayoría de las republicanas dan todos los delegados al candidato que gane en el Estado. – La concentración de primarias de ayer no tiene precedentes: en las primarias de 2004 la mayor concentración de Estados votando el mismo día fue de 10. Dado que la campaña presidencial de verdad, la de noviembre, sólo suscita interés en menos de quince Estados, los únicos que oscilan entre votar republicano o demócrata, más de una decena de Estados decidieron adelantar sus primarias para suscitar atención sobre sus problemas específicos.

Pasemos al análisis. Hasta anoche, McCain tenía 89 delegados por 27 de Romney y le sacaba 19 puntos porcentuales en las encuestas a nivel nacional. Por eso es incluso posible que McCain, al que ya definí como mi republicano preferido – “sin entusiasmo pero con respeto” (http://www.debatecallejero.com/?p=491) – consiguiera anoche la designación matemática. Su mayor problema sería no materializar tan ambiciosa expectativa, haciendo concebible que Romney, apoyado por el ala más conservadora del Great Old Party, pueda resurgir.

En cualquier caso el candidato republicano en noviembre lo tendrá crudo dada la catastrófica herencia que recibe en todos los ámbitos. Desde la crisis inmobiliaria-financiera que seguramente se ha convertido ya en recesión al desastre de Irak en el que, pese a la mejoría relativa de los últimos meses, EEUU sigue empantanado sin que se perciba una solución al tremendo error geoestratégico basado en pretextos falsos, seguido de una pésima gestión de la ocupación. Pasando por otras cuestiones de orden interno como las violaciones de derechos civiles (Guantánamo, tortura, escuchas) o la manifiesta incompetencia a la hora de gestionar catástrofes como la de Nueva Orleáns.

Además de la animadversión generada en gran parte del extranjero, la población de EEUU da señales crecientes de querer un cambio radical. El único republicano capaz de obrar el milagro sería McCain, que es un tipo duro en política internacional (aboga por mantener las tropas indefinidamente en Irak) pero integrador en política interior, habiéndose distinguido por ser capaz de trabajar con la oposición demócrata en el Senado y defender firmemente el respeto escrupuloso de las libertades civiles.

En cualquier caso, interesa mucho más lo que pasa en el bando demócrata, tanto por ser una carrera más abierta como por la mayor expectativa de triunfo en noviembre. En los últimos días, Obama había recortado la ventaja de dos dígitos que le sacaba Clinton en las encuestas hasta el empate técnico. Aún así, lo más probable es que la que podría llegar a ser la primera mujer presidenta haya ganado más delegados que el que podría llegar a ser el primer presidente negro, aunque puede que éste haya ganado en más Estados.

Clinton representa la experiencia, tanto por haber pasado ocho años en la Casa Blanca en calidad de consorte como por sus más de siete años en el Senado, en los que ha tratado de corregir su imagen izquierdista: apoyó la guerra de Irak y no reniega de su apoyo. Obama representa la novedad, la frescura, la integración social y el mantenimiento de los principios y la independencia durante su corto periplo por el Senado. Ella va de experimentada pero la acusan de ser proclive al cambalache. Él en cambio se proclama es un puro al que denigran como ingenuo y superficial.

En todo caso, la proporcionalidad limitará el saldo neto de delegados a favor de una u otro, por lo que la carrera sigue abierta. Esto es un problema mucho mayor para Clinton que para Obama, que tiene mayor recorrido. Ha conseguido recaudar igual o más fondos que Clinton, lidera las encuestas en los estados que no votaban ayer y, sobre todo, es percibido como un candidato con mayor capacidad de pescar votos en el caladero de los centristas e indecisos. En cambio, Hillary es Clinton, para bien y para mal, suscitando tanto fervor entre los acólitos como desprecio entre los que odiaban a su marido y todo lo que su presidencia representó.

En suma, cuanto más se prolongue la carrera, mejor para Obama, entre otras cosas porque los delegados demócratas incluyen a un grupo no desdeñable de “super delegados”, designados por el aparato del Partido en cada Estado, que pueden acabar de inclinar la balanza a favor del candidato que consideren que tiene más posibilidades de ganar en noviembre.

Ayer El País decía que Hollywood había repartido los apoyos. Bruce Springsteen, Barbra Streissand y el ubicuo Bono, habrían apoyado a Hillary, mientras que George Clooney, Sean Penn y Robert de Niro habrían endosado a Obama. Paul Newman y Jennifer Lopez se habrían limitado a expresar su apoyo a quien quiera sea el candidato demócrata en noviembre, como se supone hará también Tim Robbins, ahora candi-huérfano tras la retirada de Edwards.

Dada mi pasión por el Boss y mi preferencia por Obama así, inmediatamente me lancé a rebuscar por Internet para ver por qué Bruce habría apoyado a Hillary, dispuesto a, en su caso, reexaminar mi posición, única opción para un apóstol ante un pronunciamiento claro del profeta.

En mi búsqueda aprendí que Bruce escribió la canción de “41 shots” en parte para apoyar a Hillary cuando se presentó al Senado contra Giuliani, responsable políticamente por su condición de ex Alcalde del episodio de violencia racial por parte de la policía de Nueva York que la canción relata. Rememoré también el activo apoyo que Bruce prestó a John Kerry en 2004 contra la reelección de Bush, movilizando a muchos músicos en una gira “electoral”, a la postre fracasada, en apoyo del Senador que en calidad de Veterano ante un panel sobre la guerra de Vietnam había testificado en su día “lo duro que resultaba mandar a un soldado a ser el último en morir por una guerra equivocada”. Frase que inspiró la canción “The last to die” del último disco del Boss, Magic, referida ahora a la guerra de Irak.

A lo que íbamos. Bruce no se ha pronunciado por Clinton. No hay ninguna constancia de ello como no la hay de la supuesta mala praxis del Dr. Montes: la prueba negativa es imposible. La información de El País era errónea y así se lo hice saber como buen apóstol. Por ello, mi preferencia por Obama permanece intacta aún a sabiendas de que Clinton, que cuenta con favores mucho más importantes entre el establishment, será probablemente la designada por la Convención del Partido Demócrata para luchar por la Presidencia.

Espero que no sea así, sobre todo porque hasta anoche Clinton y McCain estaban empatados en las encuestas nacionales mientras que Obama sacaba un 7% al de Arizona. Mientras hay vida hay esperanza. Y en el momento de escribir estas líneas cabe incluso que Obama dé la sorpresa y salga con bien del Supertuesday. Al fin y cabo, Nueva York ya ganó el Superbowl. En todo caso, the show must go on y afortunadamente the show will go on!

PS: Estoy seguro de que en su fuero interno Bruce apoya a Obama, como también de que, llegado el momento, apoyará a Clinton si es necesario, o al ticket soñado formado por los dos, preferiblemente con Hillary como candidata a Vicepresidenta. Y aunque sólo sea una intuición, fijo que Jennifer Lopez también prefiere a Obama. Y eso si que es un winning ticket: Bruce-JLo.