Solbes, ese gran incomprendido

LBNL

Pobre Pedro. Todos le atacan. A él, que lo ha dado todo por España durante tanto tiempo. A él que nos ha dado tanto, desinteresadamente o casi… Sin él, no habríamos entrado en el euro, y si Zapatero le hubiera hecho caso, no estaríamos padeciendo esta crisis tan tremenda. Que gran injusticia se está cometiendo con este insigne y brillante alicantino.

Durante largos años tuvo que aceptar cómo Rato y Montoro desdeñaban olímpicamente su contribución – y logros – para acercarnos al euro. En 1996 aquéllos le reemplazaron al mando de la economía nacional y se apuntaron el tanto de la entrada en el euro, con Ansar presumiendo de haber dejado atrás a Italia, que casi se queda fuera a cuenta de su abultada deuda pública.

Nuestro abnegado Pedro se entretuvo un par de años largos en el Congreso de los Diputados hasta ser nombrado Comisario Europeo. Fue la segunda vez que sucedía a Manolo Marín en un cargo, tras haberle reemplazado como Secretario de Estado para la UE en 1985. En dicha Secretaría estuvo hasta 1991, fecha en que sucedió a Carlos Romero como Ministro de Agricultura, cargo que ejerció hasta 1993 cuando sucedió a Carlos Solchaga en el Ministerio de Economía y Hacienda, desde donde consiguió domeñar el déficit público, la inflación y la deuda pública para converger hacia los criterios de Maastricht.

Como en aquel entonces España tenía derecho a dos comisarios, la llegada del PP al gobierno de España no afectó negativamente a nuestro brillante licenciado en Ciencias Políticas y Derecho y diplomado en economía europea por la Universidad Libre de Bruselas. Al contrario, su radio de acción aumentó al pasar a ocuparse de los asuntos económicos y monetarios de toda Europa, casi tanto como su sueldo que pasó a rondar los 300.000 euros netos al año.

Cuando Zapatero ganó las elecciones en marzo de 2004, nuestro Pedro llevaba 19 años subido al coche oficial y se había embolsado ya alrededor de un millón y medio de euros a cuenta de su sacrificio europeo, con una gestión impecable, todo sea dicho, pelín gris pero sin tacha. O casi. Alemania y Francia no cumplían con los criterios de déficit y Europa no pudo sino envainársela, pero no fue culpa de Solbes. Si por él hubiera sido… No, fueron los Estados Miembros que le obligaron a pactar.

Por las razones que fueran (ay! qué distintas habrían sido las cosas si otros no hubieran dicho no!), Zapatero le ofreció la vicepresidencia económica del gobierno y el bueno de Pedro no supo negarse a seguir sirviendo a los intereses de España. En privado transmitía a sus colegas que en realidad él no tenía ningún deseo de volver a la política activa. Al contrario, con su brillante formación y trayectoria profesional a cuestas, lo que le apetecía era lanzarse al ruedo de los consejos de administración de las grandes multinacionales y dictar conferencias en grandes foros económicos internacionales, departiendo con personajes influyentes y cobrando grandes emolumentos.

Sin embargo, una vez más aceptó el sacrificio. Hay que admitir que la pensión de ex Comisario Europeo, que le complementó el salario hasta los 25.000 euros mensuales que cobraba en Bruselas, ayudó a que pudiera adaptarse de nuevo al más magro sueldo de Ministro. Pero habría cobrado la pensión en cualquier caso, así que reconozcámosle todo su mérito.

No haber participado en la redacción de la parte económica del programa electoral no tenía por qué ser un problema insalvable porque ya se sabe que los programas son una mera referencia. Además, en qué cabeza sensata podía caber que un líder de izquierdas, mejor dicho, un gobierno del PSOE –del PSOE de toda la vida- pudiera querer realmente simplificar los tipos fiscales hacia un tipo único de IRPF. Que Zapatero decidiera crear una Oficina Económica directamente dependiente del Presidente de Gobierno en Moncloa y que pusiera al mando con rango de Secretario de Estado al redactor del programa económico era algo más engorroso, pero tampoco iba a ser el fin del mundo.

Y no lo fue. Desde el minuto uno, nuestro querido Pedro se encargó de marcar el territorio, con la inestimable ayuda de José Enrique Serrano, Director de Gabinete del Presidente del Gobierno, como ya lo había sido durante los últimos dos años del mandato de Felipe González, cuando nuestro ínclito amigo era Ministro de Economía y Hacienda. La Oficina Económica podía hacer todos los papelitos que quisiera, pero el mando en plaza era para el Ministerio, en concreto para el Vicepresidente segundo, que reclamaba para sí todo el poder económico que antes había tenido con Felipe González. La política económica siguió derroteros parecidos: más de lo mismo. Los experimentos con gaseosa. ¿Por qué no habría de seguir funcionando la política que con tanto acierto nos ayudó a converger con Europa?

Sí, Aznar había sentado las bases de una burbuja inmobiliaria que ya estaba en pleno apogeo, pero las burbujas sólo lo son incontrovertidamente una vez explotan y en otros lares la situación era igual o peor, y no estaban precisamente tomando medidas para ponerles coto. Ahora le acusan de haber nombrado a todos los supervisores que fallaron a la hora de detectar y sancionar las disfuncionalidades del sistema, incluido el Gobernador del Banco de España, puesto en el que situó a su prestigioso Secretario de Estado Miguel Ángel Fernández Ordoñez. Como bien ha defendido MAFO, él no tuvo nada que ver en la quiebra de tantas Cajas de Ahorros: él advirtió, como corresponde a un alto cargo de tanto talento y valía, pero las competencias autonómicas le impidieron poder tomar cartas en el asunto. Seguro que  le acusan de haber nombrado también a Manuel Conthe como Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Tamaña desfachatez…

Si bien es cierto que fue durante el mandato de Conthe cuando desapareció del archivo de la CNMV (sin consecuencias) la copia del negocio por el que FG, el Presidente del BBVA estaba siendo demandado por estafa (NB: la única otra copia, en manos de la auditora, ardió en el incendio del Windsor, originado sin duda por azar en la planta de dicha auditora pocas horas antes de que la policía judicial viniera a buscarla), Conthe demostró su integridad ética cuando dimitió en 2007 en protesta por la negativa del gobierno a actuar contra Enel y Acciona por sus manejos en el affaire de la OPA de E.On sobre Endesa.

Como todo tiene su contrario, seguro que hay alguno que se atrevería a esgrimir dicho ejemplo de integridad contra la de Solbes, hoy consejero de Enel y en aquel momento Vicepresidente del Gobierno. Pero nuestro Pedro ya lo ha explicado suficiente y claramente en su reciente libro. Cuando le propusieron entrar en el consejo de Enel, hizo un examen de conciencia y llegó a la conclusión de que no había intervenido ni a favor ni en contra de Enel, y por tanto, ¿por qué no habría de aceptar? No me negarán que la lógica es aplastante.

En las últimas semanas han sido también varias las voces que han sacado a colación la aparente contradicción entre las posiciones sostenidas por Solbes en el famoso debate de campaña de las elecciones de marzo de 2008 con Pizarro (por cierto, ex Presidente de Endesa hasta que fue comprada por Enel/Acciona) y el alarmante contenido de su informe secreto al Presidente Zapatero pocos meses después. No es de extrañar que haya sido El Mundo el principal vocero de tamaña calumnia. La contradicción sólo vendría a realzar la figura de nuestro admirado Pedro Solbes, capaz de fajarse ante el adversario político con contundencia y éxito, para mayor rédito electoral de su jefe, y a la par, leal también en advertirle de los peligros a los que se enfrentaba, sobre todo si no aceptaba seguir sus acertadas recomendaciones.

El resto ya lo conocemos. Zapatero no aceptó y nuestro héroe decidió –motu proprio, no porque le cesaran- dejar el gobierno para poder al fin dedicarse a aquello que anhelaba cuando decidió hacer un último sacrificio por España. Zapatero cometió un grave error al dejarle marchar. Tras la quiebra de Lehman Brothers, Solbes se había dado cuenta de que las medidas de impulso a la economía acordadas por el G20 no iban a dar resultado. Al contrario, lo que convenía eran medidas de ajuste pese a que todo el mundo –Obama, Merkel y Sarkozy incluidos- pensara lo contrario.

Desde entonces todo fue de mal en peor, la economía se torció y falto de un timonel económico sabio y experimentado, Zapatero fue empeorando las cosas tomando las peores decisiones posibles en cada momento.

Ahora, lo único que ha hecho nuestro buen Pedro, ha sido poner negro sobre blanco su memoria de aquellos eventos. No es cierto tampoco que haya contradicción entre su papel estelar durante largos años en la conducción de nuestra economía y la soledad y la falta de respaldo que sentía por parte del Presidente Zapatero. Antes al contrario, Solbes consiguió mantener el rumbo pese a las dificultades añadidas y lógico es que, sin perder la modestia y humildad que le caracterizan, se haya limitado a describir unos eventos que le exculpan completamente de cualquier responsabilidad en los males que nos aquejan. De una parte, si le hubieran dejado hacer y deshacer a su antojo, no estaríamos en estas circunstancias. De otra, precisamente porque no le dejaron, no cabe achacarle culpa alguna.

Es triste que tenga que ser él quien lo ponga de manifiesto y que tantos se le echen al cuello, incluidos los que impidieron que Solbes nos protegiera de la crisis, al punto de obligarle a renunciar. Afortunadamente, nuestro querido Pedro no se rebajará a entrar al trapo, ni cederá a la tentación de hacer público aquel documento tan importante que le transmitió a Zapatero que, sin duda por elegancia y lealtad, ha decidido conservar en secreto. Si a alguien le quedaba alguna duda sobre su existencia, valgan las palabras de Miguel Ángel Rodríguez el otro día en Antena 3 aseverando que es imposible que Solbes aluda a un documento que no existe. Pues claro que es imposible, y más si lo dice MAR completamente sobrio.

En fin, unos dirán que nuestro país apesta y que el PSOE es un desastre cuando un ex Vicepresidente no tiene reparos en poner a los pies de los caballos a quien fue su Presidente, pero la realidad es que nuestro país no se merece a Pedro Solbes, que hace muy bien en seguir rentabilizando su sabia experiencia profesional al servicio de grandes empresas que, es de esperar, le seguirán garantizando coche y chofer como merece.

Qué gran hombre, qué gran político, qué gran economista y qué gran tipo este Solbes, tan incomprendido. Ya se sabe, no se hicieron los cerdos para las margaritas, ¿o era al revés?