Sobreexposición, quemazón y tablas

Guridi

El Congreso de los Diputados languidece mientras los pactos ocupan todas las actividades. Los bares de los alrededores suspiran desesperados, porque la naturaleza de las negociaciones actuales ni siquiera permite los habituales contubernios en cafeterías y reservados.

Mientras, los de Podemos tienen ya hasta el gorro a todo el mundo. Su beligerancia, sus caprichos y su despotismo disgustan por igual a sus compañeros de hemiciclo y al ya sufrido personal de la Cámara.

Mientras, el Presidente Patxi López trata de encontrar el equilibrio entre su campechanía habitual y la solemnidad que confiere ser la Tercera Autoridad del Estado. Se ha traído a su escritor de discursos desde Bilbao y tiene por nombrar a la mitad de sus cargos de confianza, a la espera de que sepamos si esta será una legislatura larga o no.

En una maniobra que ha sentado a los de Podemos igual de mal que la de ponerles en el “gallinero”, se les han dado despachos en la tercera planta del Congreso. Los de Somosaguas, que saben que sólo pueden dar espectáculo, pero no soluciones, querían el antiguo despacho de UPyD, situado al lado de la Sala de Prensa, en la que no cabe un alma. Esta va a ser una legislatura breve, pero intensa.

Los de Pedro, en lugar de hacer caso de mi consejo y usar las maniobras de sabotaje de Podemos en su propio beneficio, andan cabizbajos, porque no creen ahora que se pueda llegar al número suficiente de votos para formar Gobierno. ¿Qué esperaban?

Ayer, Hernando aparecía ufano, diciendo que se estaba cerca de un acuerdo con Ciudadanos. Pero son los votos de los chicos de Iglesias lo que necesita Pedro para pisar la Moncloa.

Voy a repetir algo que llevo diciendo desde el principio de las negociaciones: el número de escaños sigue sin variar.

Tal vez se pudiera haber metido más presión a los podemitas si Alberto Garzón no hubiera desautorizado a Cayo Lara para que las Mareas devolviesen a IU sus diputados, para poder formar grupo. Pero Alberto Garzón está decidido a no salirse de su papel de liquidador de IU para mayor gloria de Podemos. Mi única duda es la de si lo está haciendo a posta o no.

Mientras, el PP aprovecha este periodo para blindar cargos, gastar presupuestos, hipotecar la siguiente legislatura todo lo que pueda y recolocar a gente.

Los diputados y diputadas socialistas, mientras tanto, ya empiezan a estar hartos de los modos y maneras de Hernando y Luena. Y alguno que no hace mucho era ferviente partidario de que Pedro fuera presidente del Gobierno, hoy sólo desea que fracase para que la farsa acabe cuanto antes.

¿Pero sería así? No lo parece. Tal y como se han manejado los tiempos, los militantes vamos a votar un acuerdo de gobierno inexistente, a hacer unas primarias con un solo candidato y a esperar un Congreso demasiado pegado a las elecciones.

¿Será el momento en el que pase eso que dice todo el mundo? ¿Lo de que Susana “sacará los tanques”? A saber. A estas alturas estamos todos tan hartos, que sólo deseamos que se acaben las farsas de los acuerdos, el exceso de tacticismos y la racanería moral de todos los líderes políticos actuales. Líderes que casi seguro repetirán de cabeza de cartel en las próximas elecciones. Incluido Rajoy.