Sobre Syriza y la deuda

drodrialbert

El 25 de enero se  han convocado elecciones anticipadas en Grecia, y Syriza, la coalición de izquierdas liderada por Alexis Tsipras, parte como favorita para alzarse con la victoria. Pero no lo tendrá fácil, porque las clases dominantes de Europa están saltando a la yugular de esta formación, indicando que su programa económico es inviable, y amenazando de manera directa al pueblo griego sobre los efectos que puede tener su voto. Los representantes de la troika han cortado la ayuda a Grecia, y el gobierno alemán plantea su salida del euro, en una demostración palpable de que el sistema político que apoyan se basa en el voto popular… hasta que el mismo no es de su agrado. ‘Un fantasma recorre Europa’, se decía hace ya un tiempo, y la frase parece de gran actualidad.

En el centro del debate se halla el tema de la deuda. La mayoría de ‘expertos’ económicos que escuchamos en los mass-media repiten sin cesar que no es posible ni serio negarse a pagar una parte de la misma. Pero, ¿a qué deuda se refieren? ¿Hablan acaso de los derechos de cobro de múltiples pequeñas y medianas empresas que han de cerrar porque los acreedores no pueden pagarles? No, no hablan de esa deuda, en todo caso eso son vicisitudes de la economía de mercado, y las políticas públicas no deben meterse en esos asuntos.

¿Hablan pues de la deuda que los Estados tienen con sus ciudadanos, en forma de suministrarles los bienes y servicios públicos necesarios para tener unas condiciones de vida dignas? Por supuesto que no. ‘Eso no es deuda’, claman ellos, porque esos servicios están fuera de la esfera mercantil y por tanto no entran en su concepción de lo que es la economía. Por más que esté garantizada por ley, esa deuda no importa, e incluso debe recortarse la prestación de unas partidas tan lesivas para los presupuestos del Estado.

La deuda de la que hablan, por tanto, es la que tiene el Estado con sus acreedores nacionales e internacionales, es decir, la deuda pública. Dicen esos expertos que dicha deuda es una de las causantes de la crisis. Curiosa afirmación, cuando en el caso español en diciembre de 2007 ascendía al 36,3% del PIB y en septiembre de 2014 se sitúa en el 96,8%. Por tanto, el incremento de la deuda pública no es causa de la crisis, sino consecuencia de la misma. Otro dato de interés es que la proporción de deuda pública respecto a la deuda total se ha doblado, pasando del 13% al 26%. Mientras tanto, la deuda de las familias y de las empresas ha disminuido su peso total, aunque es evidente que la mayor parte de la deuda española sigue siendo privada, en especial de las empresas, y dentro de las empresas de las sociedades financieras.

Por consiguiente, ha habido un proceso de socialización de la deuda, que en una proporción importante ha pasado de manos privadas a manos del Estado, gracias entre otros al proceso de rescate bancario. Hay que decir, además, que el Banco Central Europeo ha prestado recursos a la banca a un interés del 1%, mientras que el Estado emite deuda alrededor del 6%. Y es la banca la que paradójicamente adquiere esa deuda pública, completando un círculo vicioso que podemos calificar abiertamente de estafa. De hecho, el 95% de la deuda pública española está en manos del sistema financiero (el 55% de la banca española y el 40% de la banca extranjera).

Syriza exige una auditoría pública de la deuda, explicitando sus partidas e indicando claramente el deudor, el acreedor, la finalidad, la cuantía y el tipo de interés. Hay que tener en cuenta que parte de la deuda pública se asume para financiar proyectos productivos o servicios públicos, pero otra parte se destina a fines especulativos, y cuando el monto total llega a los niveles de España y Grecia, las emisiones de deuda acaban sirviendo para obtener recursos destinados precisamente al pago de deudas previas, entrando en una espiral infernal en la que el peso de los intereses puede acabar superando al del importe mismo del principal de la deuda.

Syriza propone una reestructuración de la deuda, una vez realizada la auditoría con luz y taquígrafos. Esto puede implicar una parte de impago y una parte de modificación de las condiciones en cuando a tipo de interés y plazo de devolución. La parte de impago es perfectamente razonable cuando se ha adquirido de manera abiertamente especulativa y favoreciendo a aquellos que han provocado la crisis y han sido rescatados con dinero público. Y la parte de reestructuración debe realizarse atendiendo a un principio fundamental, y es que la principal obligación del gobierno radica en atender las necesidades básicas de sus ciudadanos. No hay nada de populista en esta afirmación, sino todo lo contrario, ya que se sustenta en bases éticas y de transparencia política, y además puede realizarse de manera rigurosa mediante criterios técnicos como los que se están aplicando, por ejemplo, en Ecuador. El miedo de las clases dominantes existe porqué saben que la propuesta de Syriza es totalmente viable, pero no cuadra con sus intereses.

Para finalizar, quiero mencionar como elemento positivo los apoyos que Syriza está teniendo desde diferentes fuerzas políticas españolas, y que pone de manifiesto la posibilidad de que aquí también pueda producirse un vuelco político este otoño. En primer lugar, Izquierda Unida, que forma parte junto a la formación griega del Partido de la Izquierda Europea, y que siempre ha compartido las bases fundamentales de su propuesta. Pero también es significativa la postura de Podemos. En pleno debate sobre su programa y definición ideológica, no han tenido reparo en apoyar la confluencia de la izquierda radical griega en Syriza, demostrando que más allá de debates nominalistas están las propuestas políticas y los frentes comunes para transformar la sociedad.