Sobre potencialidades y límites de lo social

Carlos Montbau

Estos días nos hemos quedado aterrados con la noticia del asesinato de una mujer a manos de un hombre con claros rasgos psicopáticos.

En este caso está claro que lo social tendrá poco que rascar. Lo que no se hizo en su momento difícilmente tendrá lugar en el presente o en el futuro. Quizá vale la pena empezar este artículo reconociendo los límites de lo social.Creo que en este dantesco suceso la única labor que podemos realizar tiene que ver con medidas judiciales, policiales y punitivas. Caso perdido. Todo lo que se pueda rascar de asunción de responsabilidad, o digámosle “culpa”, tiene muy poco margen de maniobra en este caso.

Hace unos días familiares muy próximos me explicaban el caso de un adolescente que andaba chuleando a todo un instituto. Las autoridades del centro después de una enorme paciencia y comprensión hacia su contexto sociofamiliar ya empiezan a dar el caso por perdido y le están buscando algún recurso que tenga una mayor capacidad de contención y normatividad.

Son dos ejemplos que en el contenido poco tienen que ver, pero sí creo que se deslizan ambos por un continente muy similar. El fracaso de lo social, lo comunitario, el apego hacia los demás y la curiosidad por el otro.

Pero creo que es importante mirar más allá de estas limitaciones y pensar también en términos de potencialidades. Lo social nos aleja del individualismo y teje redes sociales que ayudan a la comunidad a tirar hacia delante, protegerse y perpetuarse.

Hace años trabajé en un centro de día con toxicómanos en situación de tercer grado. Trabajar hábitos, lazos y vínculos con su entorno y recoser pasados muy imperfectos eran algunos de nuestros objetivos. Los triunfos eran modestos pero teníamos una sensación de ayudar a encajar algo más a estas personas en su entorno social.

Desde hace años este trabajo de lo social tiene un obstáculo añadido y que hace aún más complicado una vuelta a la inserción sociolaboral y son las condiciones laborales del mercado. Recuerdo las declaraciones del fotógrafo Alberto García Alix hablando de la muerte por sobredosis de su hermano. Éste le dejó claro que él no iba a trabajar por cuatro chavos y que no teniendo ni oficio ni beneficio decidía tirar por la calle de en medio (más allá de otros factores psicológicos que le encaminaran a esta decisión). A Alberto es posiblemente le salvó su oficio y prestigio.

Cuando no hay alicientes, cuando uno “pilla” un trabajo e igual que lo pilla lo lanza como un kleenex, en vez de encontrar y vincularse a un trabajo, quizá lo social (los trabajos de lo social) salen de la línea de salida con una mano vendada y unas zapatillas con un número más pequeño a lo que le corresponde.

O exigimos que el mercado laboral sea más justo con todos, y eso son salarios dignos y horarios racionales (porque igual habría que decirles a algunos emprendedores que contratar por salarios menores a 800 euros quizá significa que su empresa no es rentable y debería dedicarse a otra cosa) o el retorno a lo comunitario por aquellas personas que han tenido unos avatares vitales iniciales complicados será cada vez más difícil lo que repercutirá en cada uno de nosotros tanto en el aumento de gastos a partidas de origen punitivo como, y lo que es peor, a una alta sensación de agobio, ansiedad e inseguridad en nuestro entorno más inmediato.

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