Sobre los padres y la selección de centro educativo

Carlos Montbau

En este artículo me gustaría cuestionar o poner en entredicho algunas de las motivaciones que padres y otros miembros de la sociedad esgrimen para llevar a sus hijos a una escuela que no dependa de la titularidad pública. Una decisión que se ve muy mediatizada por los mensajes de diversos agentes que no siempre son francos y no nos aclaran que tienen ciertos intereses de mercado en la oferta que nos ofrecen. Resumiendo porque un porcentaje considerable de padres escogen una escuela concertada pagada en gran parte por la administración pública y que a la vez esta escuela “invita” a los padres a un pago mensual mientras dure la escolarización en ese centro?

Es muy lícito, lógico y de sentido común desear lo mejor para tus hijos/as, de hechos la inmensa mayoría de los padres nos privaríamos de muchas cosas con tal de que nuestros hijos tuvieran una vida más cómoda. Supongo que éste es el axioma desde el que nos movemos los padres y más aun cuando sabemos que la escuela será el principal valedor del proceso de sociabilización de nuestros hijos (claro, también las familias deberíamos ser coparticipes del crecimiento pero a veces no están ni se les espera. Y cómo atempera y equilibra la escuela a esos niños que andan con figura paternas laxas o no existentes).

Voy al grano y me centro en el país donde habito: Catalunya. Hace ya varias décadas que existe un amplio consenso en que sea la lengua catalana la lengua vehicular en la escuela. Podríamos resumirlo en “Per un país de tots, l’escola en català” (Por una país de todos, la escuela en catalán). Razones históricas y sociales siguen haciendo válidas a mí entender esta propuesta. Sin embargo cuando hacemos la mudanza desde zonas lingüísticas a espacios sociales este consenso mayoritario empieza a resquebrajarse y se acerca a territorios poco yermos donde el pacto o el consenso pasa a ser una quimera. Y te haces la pregunta de por qué desde las administraciones públicas o la sociedad civil no se crean mensajes de “Per un país de tothom, l’escola que sigui pública” (Para un país de todo el mundo, la escuela en catalán). Y claro, ese doble rasero nos encamina hacia cuotas de segregación social nada edificantes.

Los padres nos hablan de los recortes en la escuela pública como un motivo para decantarse por la escuela concertada, que en un porcentaje alto sigue dependiendo de diferentes órdenes religiosas, pero si hacemos una mínima retrospectiva histórica veremos que la escuela pública de los años 80 adolecía de muchos más recursos que la actual y en términos generales la calidad docente tanto en formación como en vocación no tengo claro que fuera más alta que la actual. Ahora tenemos entre nosotros a profesores mejor preparados y con una motivación muy alta en la mayor parte de los casos. Y no quiero parecer indulgente con las lagunas de la escuela pública actual pero creo que en según qué sectores se magnifican y profundizan con demasiada rapidez los errores o fallos o injusticias, que de todo hay, incluso los mismos padres que llevan a sus hijos a la escuela pública a veces pueden hacer una propaganda nefasta de la escuela causado, por ejemplo, por la mala gestión de la aplicación de wattsap, lugar donde con demasiada frecuencia se puede llegar a un nivel alto de alerta nuclear escolar. Hablando claro, hay profesores en la pública que son lamentables y deberían pasar por un psicoanalista antes de volver a las clases, pero tampoco son tantos ( claro siempre serán demasiados, es verdad) pero igual deberíamos hablarle a nuestros hijos de los compañeros de trabajo que tenemos y que no iríamos ni a tomar un café con ellos si no fuera porque nos obligan a convivir 8 horas diarias con ellos y que esa permanencia en el trabajo puede facilitar que podamos comprar los álbumes de cromos que tanto les gustan a nuestros hijos. Insisto no se trata de tirar por la borda el concepto de calidad pero sí de poner en una balanza aquello que funciona y aquello que debe ser reparado. Y recordarles a nuestros hijos, y también a los adultos, que la arruga igual no es bella pero que estará presente y que más vale tolerarla y mimarla.

También puede ser que los padres invoquen a una supuesta innovación pedagógica de algunas concertadas para escogerlas en primera opción. Pero me atrevería a utilizar un refrán popular que dice algo así como: pan para hoy y hambre para mañana. Es cierto que estas escuelas cobran ventaja en lo que se refiere a rendimiento escolar medio en relación a las públicas pero la ventaja procede de una mayor homogeneidad del alumnado en términos de clase social (cuántos inmigrantes no europeos recién llegados ocupan sus aulas; cuantas personas con necesidades especiales tienen entre su alumnado; cuantas personas de origen popular o de sueldos paupérrimos (o con subsidios) pululan por sus pasillos? Y no sé yo si la innovación pedagógica que nos debe llevar a construir personas más proactivas y creativas ( y otro tipo de palabras que forman parte del argot bienpensante) o más bien por haber vivido en primera persona las realidades diferentes que conviven en una escuela pública con sus límites y también sus potencialidades que eso representa.

Y aquí los partidos políticos y otros agentes sociales de la sociedad debieran hablar a las claras de la política desleal de las escuelas que reciben dinero público pero que después seleccionan en función de la renda porque eso de la “cuota voluntaria” es el timo de la estampita, no sólo para los padres que las pagan sino para la administración pública que la consiente. Y no me vengan con eso de “el precio de la concertada es más competitivo que el de la Pública” porque me parece a mí que el ahorro de hoy, si es que existe, lleva consigo una mayor segregación social a medio y largo plazo, la cual cosa se va a traducir en altos costes económicos en las próximas décadas.

Y creo yo que algunos agentes sociales que andan sueltos por la sociedad nos invitan de manera demasiado recurrente, y un poco todos lo hacemos, a fijarnos cómo son las otras familias y como son de anchas las billeteras de esas otras familia y si en el día de mañana esas familias de clase media podrán abrirnos puertas a según qué lugares. Y claro, uno desea lo mejor para sus hijos pero también habría que pensar si nuestros hijos no se valdrán por si solos para encontrar trabajos dignos gracias a su esfuerzo y voluntad.

Y me parece a mí qué eso que se llama de selección de centro debería revisarse. Bienvenida la libertad de poder escoger un centro pero bajo criterios lo más objetivables posibles porque sino los padres podemos empezar a hacer sumas y restas mentales y en algunos casos no son más que nuestros propios fantasmas y miedos los que circulan por nuestra cabeza, y que no hace que siempre optemos por la solución más razonable y que en muchos casos acaba perjudicando a las clases más humildes como son escuelas que nadie quiere y donde van a parar determinados colectivos.

A modo de resumen creo que los padres deberíamos con mayor frecuencia declinar al modo latín palabras como “ponderación” y “amplitud de miras” en el momento de realizar la selección de centro y alejarnos todo lo que podamos dé según que cantos de sirenas. Apostemos por potenciar la diversidad cultural en el colegio con recursos humanos suficientes a la vez que en casa deberemos hacer pedagogía con nuestros hijos de como es la realidad de su escuela, de su clase y de su compañero de pupitre. Explicaciones que deben ser claras, no sólo nos quedemos con el “buenistas” pero también generosas con lo que es nuestro entorno. Quizá así podamos ayudar a nuestros hijos e hijas a que crezcan próximos al principio de realidad. Y llegados hasta este punto pienso en la actitud de algunas personas “muy progres” ellas que delante de las limitaciones que tiene la escuela pública actual deciden retirarse a sus cuarteles de invierno y con esfuerzo y ahínco proponen construir escuelas con una metodológicas muy interesante pero que son experimentos muy alejados de la mayoría social que buscan representar. Pero ya hablaremos de estas experiencias en algún otro momento.

Y los deberes para los partidos políticos y otros agentes debe ir en la dirección de trabajar por la cohesión social que es sinónimo de escuela pública. Eso sí, después del desaguisado de potenciar a las escuelas de ”la cuota voluntaria” durante tantos años el cambio o giro debe ser gradual porque los exabruptos y la velocidad nos llevarían a provocar un efecto boomerang. Así que tenemos delante nuestro una ardua y apasionante tarea que si sale bien nos puede garantizar una sociedad con mayores niveles de cohesión.