Sobre la pausa y “la rauxa” laboral y vital

Carlos Montbau

Desde hace unos meses he recibido varios mensajes de mi entorno personal donde el contenido que más fuerza tenía era el agotamiento laboral y vital.Una compañera de trabajo me relataba hace unos días que era irse a dormir y comenzar a construir mapas mentales sobre las tareas a realizar al día siguiente en el trabajo.

Un familiar me explicaba que en el trabajo le llegaban tantos imputs e interrupciones que los vivía como la prueba del programa japonés “Humor amarillo” donde había unos cañones que disparan falsas piedras y tú tenías que sortearlas para evitar que tu futuro inmediato fuera acaer en el agua.

Un antiguo amigo me explicaba que el mejor día de la semana era el sábado, ya que el viernes aún sufría los estragos del agotamiento laboral de la semana y el domingo ya pasaba a reflexionar sobre las tareas a ejecutar a la siguiente semana.

Otro conocido explicaba las dificultades para resistir los cambios emocionales de su jefa la cual ejercía de madre coraje en el trabajo. Y con tono afligido asumía que ese tipo de trato no lo permitiría en una relación de amistad o de pareja.

Llegar agotado a casa y descubrir que después de una jornada productiva intensa toca una jornada de cuidados igual de exigente es demoledor.

Y otro ámbito en el cual la hiperactividad cada vez se impone más es el del ocio y redes sociales. Qué difícil es decidir lo que realmente te apetece hacer y no caer en un cierto gregarismo adolescente. Qué difícil es no cumplir con ciertas prescripciones en función de pertenecer a una u otra tribu social. Un amigo me explicaba que este verano no había hecho nada, “sólo” había estado en el pueblo de los padres y alguna escapada a la montaña. Quizá hacer algo para este amigo significaba recorrer en avión unos cuantos miles de kilómetros.

Y claro, la combinación de muchos estímulos, mucha exigencia y escaso tiempo para digerirlos y metabolizarlos acaba teniendo consecuencias en nuestro comportamiento: compras compulsivas de idioteces varias que no utilizaremos; comidas y bebidas repletas de azúcares añadidos que nos calman a corto plazo la ansiedad y alta liquidez en nuestras relaciones personales y sociales. Y si pasamos a la competición de la “Champion League” pues nos encontraremos con algunos fármacos legales que nos dan calma vital para las noches.

Ante tanta publicidad, tantas horas en el trabajo y tantos estímulos la renuncia pasa a ser sinónimo de heroicidad. Renunciar a la novedad no es fácil cuando “lo nuevo” se nos presenta como lo que nos completa y nos aleja de un cierto vacío vital.

Así las cosas igual deberíamos pensar en un plan de evacuación para dejar de ser tan “hacedores”, tan necesitados de cubrir gran parte de las horas del reloj. Y es que está hiperactividad e hiperresponsabilidad que algunas personas ejercer en su trabajo, condicionado por una situación que si no lo haces tú esto será un solar y un desierto, cada vez impregna más nuestra esfera privada.

No es una tarea fácil cuando en el curro estás rodeado de personas que el horario laboral es su antidepresivo y que jamás podrán solicitar una baja laboral porque entonces sí caerían en un estado anímico depresivo.

Quizá sea urgente visitar más al comité de empresa y menos al psiquiatra por eso de desremposabilizarse del peso que conllevan ciertos trabajos y socializar la responsabilidad cuando los recursos humanos que se tienen en muchos empresas son muy escasos y los logros a conseguir muy ambiciosos.

Es una tarea ardua pero nos va la salud mental en resolver este laberinto. Y no es manejo fácil porque habrá que confrontar con personas, situaciones y jefes a las que aprecias personalmente pero que en la esfera laboral hay mucho de toxicidad en su manejo del día a día.

Y todo ésto, ¿se puede legislar? Pues sí y no. Se puede apostar por una regulación del mercado laboral mayor (mejores salarios, reducción de horas laborales y plantilla adecuada a los objetivos de la empresa) pero sospecho que nos toca a cada uno de nosotros empezar algo parecido a una cruzada para que nuestro manejo laboral y social sea algo más pausado y no tan electrizante. Nos va un cierto equilibrio emocional en ello.

4 comentarios en “Sobre la pausa y “la rauxa” laboral y vital

  1. Unas condiciones laborales dignas es un objetivo razonable, especialmente en tiempo y horarios. Por que no en salarios también.
    La cuestión es que -sindicatos mejorables aparte- es la propia gente la que no quiere estas cosas, o las considera objetivos inalcanzables, o a postergar en pos de cualquier otra cosa.
    Lo que yo he observado en mi devenir laboral -ya tengo unos años , pero me quedan mucho para retirarme- es que al principio de mi carrera, la consigna era «aguanta», «es normal que a los jovenes etc», «ya cambiaras de trabajo» y sobre todo «tu no te busques lios». Esta filosofia de carrera laboral en la que por lo visto, hay una etapa de meritoriaje arbitrariamente larga para llegar al «verdadero trabajo» con horarios y sueldo digno es el mapa que mucha gente de mi edad tiene en la cabeza y vive acorde con ello. A los 40 y (si hay suerte, antes) estar en un sitio con un «buen convenio» o «buenos horarios» o «buenas condiciones» pero que ya estén, sin que eso se interprete como un estado de mercado laboral a conseguir, o que dependa de uno.
    A mi me parece muy sensato que se empiece de nuevo a hablar de cosas como «comites de empresa» o «convenios» si se trata de regular las condiciones laborales , ya que son instrumentos que apra eso están. Desgraciadamente el articulo termina hablando de «Leyes», genial y maravilloso, pero para mi una triste prueba mas de que, aun los que se preocupan de estas cosas, siguen teniendo en la cabeza que este tipo de cosas tienen que venir solucionadas por alguien, de una vez y para siempre. ¿Solo nos queda a las personas llevarnos el trabajo a casa, sufrir los viernes etc etc? Parece que si, y el resto, es asunto del gobierno.

  2. El stress laboral tiene que ver sobre todo con la amenaza a la estabilidad en el empleo sin la que es imposible forjar un futuro personal.
    Luego son las condiciones laborales que muchas veces conspiran contra la racionalidad de los procedimientos y son sustituidas por histerias jerarquizadas.
    El salario , finalmente, es el auténtico bálsamo que todo lo unifica.
    La accion sindical es incuestionable por necesaria. Pero la ansiedad es producida por la incorporación masiva de la desregulación global.
    Europa no ha encontrado una solución todavía.

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