Sobre la legitimidad del Estado de Israel

Jordi Ortiz

El año pasado tuve la suerte de pasar unos días en parte del Estado de Israel y de Cisjordania. Uno de las principales cuestiones que me rondaban por la cabeza era hasta qué punto es legítimo el derecho del Estado de Israel a existir en su configuración actual. Intentaré transmitir mis reflexiones a partir de una adaptación de un texto que publiqué recientemente en La Marea.

Israel, un pueblo sin territorio…

A pesar de mi falta de simpatía por los nacionalismos en general, considero la soberanía de los pueblos un derecho democrático. El pueblo, a mi parecer, se basa en la conciencia mayoritaria de una comunidad humana que se identifica con una cultura y una historia comunes en un territorio concreto. El pueblo israelí cumple esta premisa. La adherencia de la mayoría de población judía israelí al sionismo como ideología nacionalista seguramente se basa en, al menos, 3 razones: la conciencia histórica de unidad cultural y étnica que les ha dado la religión, la consideración de la tierra de Israel como su lugar de origen y la creencia en el Estado de Israel como único lugar a salvo de la persecución histórica del pueblo judío. Su persecución y marginación histórica es una vergüenza histórica que se ha producido en mayor o menor medida en prácticamente todos los territorios donde han residido comunidades judías, tanto en Europa cómo en el mundo mediterráneo y árabe.

…en un territorio con pueblo

Con el nacimiento y extensión del sionismo, empieza a haber un proceso de migración de personas judías, con complicidad del Imperio Británico, hacia Palestina, donde la población judía existente hasta entonces formaba una parte muy minoritaria de la población.

La persecución del régimen nazi aumentó este gran proceso migratorio. Las posteriores guerras árabe-israelíes y el proceso progresivo de colonización judía han llevado a uno de los procesos más importantes de limpieza étnica del siglo XX, con la expulsión de centenares de miles de personas palestinas de sus hogares.

Para una revisión histórica de esta limpieza étnica desde la perspectiva palestina, os recomiendo ver el documental de Al Jazeera sobre al Nakba, la catástrofe palestina de la pérdida del territorio propio.

La creación de un estado basada en la negación

La creación de la identidad nacional israelí actual ha venido construida basándose, entre otros, en la identificación con la cultura europea occidental y la ignorancia de la historia y la cultura previa en el territorio palestino y en el fomento de los símbolos nacionales y del militarismo como valor de unificación nacional. Estos fenómenos son una constante histórica en muchos procesos coloniales o imperialistas.

Respecto al proceso de búsqueda de una cultura nacional israelí que niega la presencia palestina previa, identifiqué diferentes componentes. Uno es la visión parcial de la historia. En muchas localidades, por ejemplo, se puede encontrar paneles explicativos de la historia de la localidad que básicamente explican aspectos de la vida de la minoría judía en dicha población en épocas pasadas. La minimización de la historia de la mayoría musulmana o de la minoría cristiana es abrumadora. Ejemplos de esto se puede encontrar en muchos de los paneles informativos de Jaffa, que se ha convertido en una agradable ciudad artística de tipo occidental a base de minimizar la presencia de la población y la cultura no judías.

Otra forma de negación de la presencia palestina previa es la transformación urbanística y el abandono o destrucción del patrimonio arquitectónico pre-israelí, incluidos los centeneras de pueblos que existían hasta 1948.

El nacionalismo y el militarismo visibles en Israel

Como otras entidades nacionales jóvenes, Israel tiene una gran necesidad de autoafirmación. Respecto a la presencia de símbolos nacionales, era realmente enorme la cantidad de banderas israelíes que colgaba de balcones y ventanas, comparable, salvando las distancias, a la presencia de estelades en Cataluña en esta época de efervescencia independentista.

Otro aspecto de la construcción de la identidad nacional israelí que también me causó un fuerte rechazo es la fuerte militarización de la sociedad israelí. Ejemplos había muchos. Quizás una de los más llamativos es la gran cantidad de gente joven alrededor de los 18 años, vestida de militar, en los trenes, a menudo con fusil automático, en trayecto de casa al cuartel o viceversa.

En este sentido, recuerdo la conversación con Guy, un amigo israelí. Él recordaba su servicio militar con gran afecto y como un momento muy especial en la conformación de su identidad nacional. Al mismo tiempo, le costaba entender el rechazo que yo sentía por las armas.

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Vista, desde la zona palestina, del asentamiento judío en el centro de Hebrón, situado al otro lado de la puerta que divide una calle.

 

¿Hay soluciones?

No creo que el legítimo derecho de una comunidad a vivir en paz se pueda basar en la limpieza étnica y el racismo. Me gustaría creer en la solución propuesta por diferentes fuerzas progresistas palestinas: un único estado con igualdad de ciudadanía independientemente del origen religioso, cultural y geográfico de su ciudadanía. Esta solución no parece tener apoyo ni en la mayoría de la población palestina ni, mucho menos, en la población israelí.

Otra opción podría ser la conformación de dos estados a cambio de la paz, que es lo que se está negociando intermitentemente desde los 90. En cualquier caso, las diferentes divisiones territoriales barajadas otorgan una clara ventaja geográfica a Israel respecto a un hipotético estado palestino.

De hecho, el aumento progresivo de las colonias y de las familias ultraortodoxas así como la apuesta de una parte de la sociedad palestina por Hamas como alternativa “honesta” al corrupto Al-Fatah alejan cualquiera de estas opciones.

Además, el dolor causado mutuamente por ambas comunidades dificulta más aún cualquier solución. Y, además, hay aspectos que probablemente no se podrían resolver de ninguna manera, como la cuestión de los refugiados palestinos internos y externos.

Otro elemento a tener en cuenta es la debilidad del estado de Israel. Un ejemplo es la progresiva pérdida de derechos sociales de gran parte de la población israelí con la implementación progresiva de políticas neoliberales, en un estado fundado básicamente por un sionismo de cariz socialdemócrata.

Israel tiene 3 grandes cargas económicas por las que lo considero débil: le necesidad de una inversión constante y enorme en seguridad para su supervivencia, el aumento progresivo de las colonias en los territorios ocupados y el crecimiento constante de la privilegiada población ultraortodoxa.

Más allá del indudable desarrollo de la industria israelí en muchos campos que en parte requieren alta tecnología e innovación, el estado de Israel se mantiene en parte por la acumulación de los recursos naturales de la región (como el agua del Golán) y también parcialmente gracias al apoyo de la comunidad judía internacional y de sus aliados gubernamentales de EEUU y Europa.

Sin embargo, esta necesidad del apoyo internacional para la supervivencia del actual modelo de estado israelí les hace muy vulnerables. Por eso considero que las campañas de desinversión y boicot a los productos israelíes son una herramienta poderosa para presionar al gobierno y la sociedad israelíes hacia un proceso del tipo que tuvo lugar en Sudáfrica. Porque las alternativas son la perpetuación de una situación cada vez peor para gran parte de la población palestina con violencia intermitente por ambas partes o una guerra de destrucción total del enemigo. Esta última opción estaba desgraciadamente en boca de muchas personas palestinas con quienes hablamos, no como deseo sino como escenario probable a medio o largo plazo.

2 pensamientos en “Sobre la legitimidad del Estado de Israel

  1. El peor, menos riguroso y más sectario artículo en toda la historia de Debate Callejero.
    Tiene su parte buena, es difícil superar el nivel de miseria de este artículo.

  2. Con comentarios tan constructivos como el de Pablo, el debate sin duda se enriquece.

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