Sobre el cinquillo

Julio Embid

Lo primero, feliz año 2017,

Que este nuevo año os sea propicio, y si no pensad que sólo quedan doce meses hasta la siguiente nochevieja. Dicho lo cual, vayamos al asunto.

Uno de mis juegos favoritos de pequeño era el cinquillo. Un juego de cartas simple a más no poder donde el objetivo es descartarse de todas las cartas robadas formando una escalera desde el 5, hacia el As o hacia el Rey. Todo el mundo ha jugado y todo el mundo se sabe las reglas. ¿Por qué? Porque son las mismas reglas en todos los hogares. Si ves la mano que te sube ya sabes como te va a ir, y aunque haya un pequeño proceso de picardía y suerte, con caballos galopando libres por tu mano, sabes que probablemente salgas trasquilado. Y me gusta el cinquillo porque, insisto, su universalidad hacía que pudiera jugar en Cádiz, en Barcelona, en Zamora o en Maluenda con las mismas reglas con distintas barajas con distinta gente en distintas familias. Hoy los cuatro principales partidos políticos españoles comienzan sus partidas internas que se desarrollarán a lo largo del primer semestre de 2017 con distintas reglas. Iré por orden con respecto al número de votos que obtuvieron en las últimas elecciones.

En el PP han decidido hacer un Congreso a la antigua usanza escogiendo compromisarios (delegados) a nivel provincial que votarán al único candidato que se presente y procederán a ratificar a dicho candidato votando la única lista de la Ejecutiva Nacional que se presente. Se esperan menos sorpresas que en un entierro. Quizá la única duda sea saber quien sustituirá a la ministra María Dolores de Cospedal como Secretaria General. Suenan tres nombres: Maillo, Levy y Cospedal. De todas maneras ese nombre se sabrá antes del congreso vía filtración a los periodistas PP-friendly.

En el PSOE hemos creado el voto no secreto para evitar las primarias y los baños de sangre. Básicamente consiste en el procedimiento de recogida de avales donde se precisa al menos de 9.000 firmas, el 5% de los militantes, para poder presentarse (y evitar que se presente “el Chikilikuatre” me dijeron una vez) y los que no lleguen a ese punto, a casa. Después, si sólo uno ha llegado al corte, gana las primarias y se le aclama. Es lo que tiene la Unidad con mayúsculas. No conozco a nadie que avale a un candidato y vote por otro. Ni tampoco a nadie que llame elecciones a algo sin urna y sin, al menos, dos papeletas diferentes.

En Podemos, votan online -si se quiere en pantuflas desde el sofá de casa- qué procedimiento quieren que se escoja para votar en su siguiente Asamblea Ciudadana (congreso). Te registras, pones tu mail y DNI y votas. Y a diferencia de los realities de Telecinco, no hace falta pagar nada. ¿A quien quieres más? ¿A Pablo, a Íñigo o a los anticapitalistas? Resulta curioso que una encuesta online entre tres alternativas lleve 48 horas de recuento. Nadie lo entiende, pero es que no hay nada que entender. Como dicen Frank Underwood y Cersei Lannister, la democracia está sobrevalorada y aquí nunca hablaron de democracia sino de poder.

En Ciudadanos, funcionan más como un bufete de abogados que como un partido y nadie se plantea cuestionar al líder y máximo accionista, el cual puede cesar a un coordinador territorial (secretario regional) con un simple acuerdo del jefe con su ejecutiva. Se esperan menos sorpresas que en un huevo kinder abierto y el principal debate estará entre si es un partido español y europeo, o europeo y español.

Pues bien, visto el panorama lanzo la pregunta: ¿Por qué no jugamos todos con las mismas reglas? Propongo para evitar artículos como este en el futuro una nueva Ley General de Partidos Políticos obligatoria para todos aquellos partidos que pretendan presentarse a las elecciones (si sólo quieren vender lotería de navidad o hacer una cena anual no es necesario), donde un organismo externo (Junta Electoral Central) establezca las normas comunes para los procesos de elección interna de los mismos en un mismo día de elecciones, para todos los partidos, donde evidentemente votarían sólo los afiliados al mismo. Lo que digo no es ninguna quimera. En Chile, el Servicio Electoral (SERVEL) tiene reguladas por la Ley 20.640 de Elecciones Primarias (ver enlace), el modelo por el que los distintos partidos políticos escogen, a la vez, sus candidatos a la presidencia, a las elecciones parlamentarias o a las alcaldías. Y todos empiezan con el mismo cinco de oros, como en el cinquillo.

Creo que es necesario, para que no haya trampa ni cartón, para evitar la desafección ciudadana por la democracia y para que las ideas primen sobre las personas, que en los partidos políticos no haya que escoger entre uno o dos líderes con todo su ego-equipo-programa. Lo ideal, para todos los partidos políticos, es optar por primarias a cuatro o más candidatos. En el Reino Unido, en 2015 Jeremy Corbyn se enfrentó a otros tres candidatos y en Francia en 2011 Francois Hollande se enfrentó a otros cinco. Y ya no digo nada de Estados Unidos. En 2016 Donald Trump venció las primarias del Partido Republicano frente a once candidatos y Hillary Clinton venció las primarias del Partido Demócrata frente a otros dos candidatos.

Cuantos más candidatos haya, más posibilidades de escoger, mejor será el resultado.

Posdata: La semana pasada la empresa constructora OHL desmanteló la tuneladora que tenía entre Móstoles y Navalcarnero, que tendría que haber construido la ampliación del Cercanías de Renfe hasta dicha ciudad, y que sin embargo, llevaba desde 2010 parada. En Debate Callejero hablamos de esto mismo hace tres años. Nada ha cambiado.