Sobre Eguiguren

Lope Agirre

Jesús Eguiguren, presidente del PSE-EE, se encuentra últimamente en el “ojo del huracán”. Pocas veces unas declaraciones de un político en activo y con un cargo destacado han generado tantas reacciones, casi todas en contra, y en tonos desabridos y amargos. Sabiendo que la figura de Eguiguren provoca tantas simpatías como antipatías, tantos odios como amores, tan sólo pretendo, sin valorarlo personalmente, tratar de explicar lo que ha provocado el revuelo y enfado actuales, así como de interpretar sus palabras desde el contexto de la polí­tica vasca, edificada, a veces, sobre arenas movedizas.

El texto de Eguiguren se titula “Reflexiones y propuestas para un futuro en paz y convivencia”, y es el epílogo de un libro en el que cuenta, con la ayuda de un conocido periodista de El País, la historia del último (por ahora) y fallido (como los anteriores) proceso de paz. En el mismo texto, asimismo, se hace un resumen sucinto de las conversaciones de Loyola, que, como todos sabemos, bien pudieron ser y no fueron, quimeras que transitaron entre la realidad y el deseo.

Escribe Eguiguren: “Comprendo que adentrarnos en esta cuestión es un tema delicado y arriesgado. Primero, porque andamos sobre un terrenos resbaladizo, pues no sabemos con seguridad si lo anunciado por la izquierda abertzale (inicio de un nuevo ciclo y desvinculación o cerrar el terrorismo) se va a confirmar o no. Pienso que sí, pero en caso contrario estas propuestas podrían aparecer un brindis al sol”.

Nos encontramos en el núcleo de la polémica, en el centro del debate. Eguiguren cree que la izquierda abertzale ha dado pasos hacia las vías pacíficas. El ministro de Interior cree que no. Hay mucha gente que ni cree que sí, ni cree que no, y espera el devenir de los acontecimientos: algunos, desde la cómoda barrera. Pero Eguiguren no es un político ingenuo. Como buen vasco (natural de Aizarna, en el valle del Urola, tierra de jesuitas y carlistas) habla poco. Pero cuando habla dice lo que tiene que decir, sin alharacas, ni retórica, con mucha claridad. Conoce la historia de su país a la perfección (su tesis doctoral trata sobre la perdida de los Fueros y la adecuación del país al nuevo régimen). Es autor de una interesante historia sobre el socialismo vasco. Reivindica a Indalecio Prieto, “la mirada en el horizonte y los pies en el suelo”.

Continúa Eguiguren: “Todos estamos paralizados ante el temor de que los de siempre saquen el hacha de guerra si se intenta cualquier movimiento en esta cuestión. En Madrid supongo que porque la opinión pública está muy sensibilizada y escarmentada y podría no comprender al Gobierno. En Euskadi porque somos una pieza sensible de esa política, y el Partido Popular podría verse obligado por sus correligionarios madrileños a poner problemas al cambio del Gobierno en Euskadi”.

Eguiguren, no hace falta recordarlo, fue uno de los teóricos del llamado “gobierno del cambio”, el pacto entre el PSE y el PP, que llevó, en una gran decisión, a Patxi López a ser lehendakari. Pero todos somos conscientes de que el futuro podría ser de otra manera, si Rodríguez Zapatero se viese obligado a adelantar las elecciones, o si, aunque decidiera acabar la legislatura, fuera derrotado en la urnas por el PP, o por Rajoy (en fin, no me lo acabo de creer, pero es una posibilidad), y que el vencedor consiguiera la adhesión formal de CIU y el PNV. La realidad es que el PSE en Euskadi está, en el tema antiterrorista, más atado al PP, que el PP pueda estarlo al PSE en otras materias.  Zapatero se enfrenta a una curiosa contradicción. Necesita, para sobrevivir, del apoyo del PNV, con lo que ello significa. Y lo mismo se puede afirmar del PP. El partido que perdió el poder, posee ahora mismo para decidir quién lo tiene, o va a tener. Y eso influye en la composición orgánica y química del actual Gobierno vasco.

El dilema que plantea Eguiguren, con respecto a la izquierda abertzale es el siguiente: “En apariencia podría uno pensar que lo que hasta ahora ha sido tan eficaz, como la ilegalización de Batasuna, podría ser contraproducente en el futuro, pues ello impide la organización y el trabajo de la izquierda abertzale, lo que a su vez merma su capacidad para parar a ETA. Como nadie va a derogar la ley de Partidos, tendrá que ser la propia izquierda abertzale quien resuelva su problema. En estos casos, suelen ser habituales alianzas o convergencias con otras fuerzas (algo así sería el polo soberanista) o simplemente cortar el nudo gordiano y proceder a constituir, a través de una asamblea constituyente un nuevo partido, que condene la violencia y se acoja a la legalidad vigente. Así puede desde las instituciones ir planteando medidas políticas en defensa de sus seguidores, todo lo cual contribuye al éxito de la operación. ¿Interesa realmente dificultar ese hipotético camino? Creo sinceramente que no, una cosa es estar atento y no dejarse engañar, y otra no ver la germinación de un proceso histórico y por tanto obstaculizarlo”.

El polo soberanista nació el domingo, en un acto (de actuar) celebrado en Bilbao. No hubo petición a ETA, para que dejara las armas. Pero el movimiento continúa; lentamente, pero continúa. Lo que pueda suceder a partir de ahora en el mundo abertzale es una incógnita, y la verdad sea dicha, importa a poca gente. La izquierda abertzale, y ETA, han sido siempre maestros en al utilización de todo, incluido el tiempo, para sus intereses. Hubo una época en la que parecía que tenían todo el tiempo del mundo, y lo administraban para sus fines. Ahora, el tiempo juega en su contra, y lo saben.

Sin entrar en la buena o mala oportunidad del texto, aunque aventuro que hay bastantes razones que no son estrictamente políticas, sino personales, creo que es un texto que ha sido tergiversado, mal interpretado y orillado.

Lo que Eguiguren propugna, según entiendo, es que hay que crear las condiciones para construir la paz (porque el terrorismo acabará, más temprano que tarde), la convivencia y la reconciliación. Es en ese sentido donde enlaza con el texto canónico del Pacto de Ajuria Enea, letra orgánica y básica donde se afirmaba, entre otras cosas, lo siguiente, en su artículo séptimo: “Dado que la ruptura que se ha producido en nuestra sociedad entre quienes mayoritariamente hemos optado por las vías democráticas y estatutarias y quienes continúan haciendo uso de la violencia sólo podrá superarse como consecuencia del cese de esta última, hacemos un llamamiento a quienes aún continúan utilizándola para que, atendiendo a la voluntad mayoritaria de su pueblo, renuncie a ella como instrumento de acción política y se incorporen a la tarea común de buscar, por los cauces mayoritariamente aceptados, los instrumentos más adecuados para dar satisfacción a las aspiraciones compartidas de la sociedad vasca.”

No creo que Eguiguren se haya alejado de ese espíritu. Si lo desean, ya que el frontón está construido, comiencen, damas y caballeros al viento, a pegar pelotazos.