Sobre Charlie Hebdo y la pureza de algunos

Ariamsita

Puede que llegue un poco tarde con este artículo, ya que no pocos han hablado del tema en la última semana, y puede que la mayoría de opiniones estén vertidas ya. Sin embargo, creo que el tema invita a reflexionar más allá de la inmediatez del momento. Han sido días raros en París. Días de miedo, de indecisión, de seguir los eventos con el corazón en un puño. Días de no saber muy bien a qué atenerse, qué esperar, qué sería lo siguiente. Días de horror ante las muertes, ante la barbarie, ante la impotencia de no saber qué iba a pasar después. Días de emoción, también, al ver la unión de un país, la unión del mundo occidental (y no sólo) por algo tan etéreo y a la vez tan imprescindible como la libertad.

 Algo me ha disgustado especialmente estos días y no es otra cosa que la insistencia de algunos por apropiarse de la “pureza moral” de entre quienes hemos homenajeado a las víctimas. He escuchado muchos comentarios sobre si algunos se estaban aprovechando del dolor para lavar su imagen, sobre si no todo el mundo sentía como propio lo ocurrido, sobre que los que no eran seguidores de la revista tenían, al parecer, menos derecho a sentirse apenados.

 Más allá de comentarios en medios y redes sociales, el sábado me costaba creerlo cuando de repente llegaba a mi cuenta de correo un mail de Syriza convocando a quien lo recibiese a ir a una marcha alternativa con motivo de la “hipocresía”y “dobles discursos” de quienes participaban en la marcha oficial. Un par de días más tarde, me encontraba por casualidad con una viñeta de una conocida revista española en la que se decía que ellos apoyaban a Charlie Hebdo, pero ellos lo hacían de verdad .

 Me pregunto de dónde sale esa necesidad de poner siempre la puntilla, de demostrarse más íntegros, más reales, más defensores de la libertad que el resto. De anteponer la necesidad de decir que somos los más puros a la unidad. Lejos de creer que la uniformidad social sea un objetivo a perseguir, creo que hay momentos y situaciones en los que la unidad, el consenso y la defensa unilateral de las causas comunes son nuestra única opción, porque son la base de la sociedad. La base de que podamos tener discrepancias. Situaciones que estar unidos no es solo importante sino vital e imprescindible. Pocas situaciones me parece que justifican tanto esto como la defensa de la libertad contra el terror.

 Casi todos coincidimos en que la libertad de expresión debe tener ciertos límites marcados que cada uno podríamos situar en uno u otro lugar(apología de la violencia, amenazas…). Personalmente, puedo estar más o menos de acuerdo con las ideas o políticas de algunos de los líderes que se manifestaron el domingo (imaginaos si me hubiese puesto a analizar uno por uno a cada  asistente a la manifestación) pero no se me ocurriría en ningún momento ni uno, equiparar políticas con las que discrepo con actos de terrorismo (¿estamos locos?) ni dos,  olvidar que las personas que lideraban la marcha del domingo lo hacían como jefes de estado y por lo tanto como representantes de sus países y de los ciudadanos de los mismos.

 Leía hace unos días que cuando se trata de libertad en Occidente, es algo tan inherente a nosotros, a nuestra cultura, al modo en que nos hemos criado que a veces ni siquiera nos damos cuenta de que está ahí. La damos por supuesto. Se nos olvida, demasiado a menudo, valorarla. Quiero pensar que este y no otro es el motivo de que algunos pongan por encima la exaltación de su impoluta integridad por encima de la unidad y la defensa de los valores que nos unen a todos. Quiero pensar que no, que no tiene nada que ver con que los mismos que acusan de querer apropiarse del dolor a los gobernantes estén haciendo exactamente lo mismo cuando necesitan montar semejante alboroto para desmarcarse, apartarse, dejar claro que ellos sienten ese dolor más y mejor. 

¿Habrían preferido algunos acaso que los grandes líderes callasen? ¿Que los que aplican medidas de dudosa defensa de la libertad en sus países hubieran reivindicado el terrorismo? ¿Que se hubiese instalado un medidor de pureza de sentimientos que decidiese quién era digno de manifestar su dolor?¿No deberíamos más bien plantearnos el paso adelante, la reafirmación de principios y convicciones que supone que haya líneas que no estamos dispuestos a dejar que se crucen? 

Yo me sentí orgullosa de los millones de personas que fuimos Charlie el domingo. Más allá de las ideas políticas, de las convicciones de quienes caminaban a mi alrededor, todos estábamos allí por lo mismo. Por llorar una muerte injusta. Por defender nuestro derecho a estar allí. A levantar nuestros lápices. A gritar que hay algo que nos une. Que aunque quieran quitárnosla, siempre tendremos la libertad. Que solo todos juntos seremos lo suficientemente fuerte para defenderla.