Situaciones de no retorno

Jon Salaberría

A la hora en que servidor junta estas letras para su envío, está a punto de concluir la segunda de las rondas de consulta a las fuerzas políticas con representación parlamentaria con las que el Jefe del Estado habrá pulsado todas las intenciones de cara a la que sería la primera de las sesiones de investidura a la Presidencia del Gobierno. A estas horas desconocemos si Mariano Rajoy Brey volverá a hacer ejercicio de dontancredismo político y renunciará a intentar la investidura por falta de apoyos, o si, en un inesperado brote de responsabilidad institucional, presentará al Congreso las líneas maestras de ese proyecto político de estabilidad y sentido común (sic) que afirma, de forma reiterada, es necesario para la consolidación de la recuperación económica, el mantenimiento de la confianza y la salvaguarda de la unidad del país. En este segundo supuesto, la exposición del mismo sería el aval para recabar los apoyos parlamentarios necesarios, si no para una inmediata investidura con mayoría absoluta, para consolidarlos en segunda instancia. Poco probable para un político que ha convertido la asistencia a la sede de la soberanía nacional en un enojoso trámite durante cuatro años, como demuestran sus escapadas por la gatera, el ejercicio pertinaz de la práctica del rodillo y la negativa (asegurada por su sólida mayoría absoluta de 2010 a 2015) a comparecer a instancias de la oposición.

En el primero de los casos, negativa de Rajoy (aunque él afirme que de carácter temporal) a someter su candidatura, la incógnita está resuelta: Pedro Sánchez Pérez-Castejón, tras superar un Comité Federal que sigue dando de qué hablar y que se configuraba, a priori, como una trampa mortal más, declaraba a medio día la plena disposición del Partido Socialista a formar gobierno: un gobierno transversal, progresista y reformista en cuya conformación lo importante es el para qué, pues el cambio no trata de personas, sino de soluciones, de políticas. En el anuncio de la disponibilidad socialista a construir una alternativa de gobierno se contiene, pues, una clara advertencia a una de las fuerzas políticas llamadas al eventual diálogo, Podemos, que ha basado sus movimientos en el tablero político en un evidente tacticismo en el que brillan por su ausencia las referencias programáticas y abundan los movimientos de fichas con nombres y apellidos. El llamamiento a las huestes de Iglesias Turrión es extensivo a Ciudadanos, la otra fuerza emergente. El potencial socio que, como ha dejado patente Juan Cornejo, secretario de organización del PSOE de Andalucía, determina menos desconfianza a esa parte del aparato socialista que recela de cualquier tipo de acercamiento a Podemos y que el pasado sábado 30 de enero trataba de poner sin éxito al secretario general socialista contra la espada y la pared con este argumento. El PSOE, de esta forma y en palabras de su secretario general, dice sí a un gobierno del cambio; el resto de partidos debe responder si respalda ese cambio que representa nuestro proyecto o prefiere un gobierno del PP.

Todos conocen ya la respuesta que el máximo exponente de Podemos tras la sesión vespertina correspondiente a la tarde del lunes con el rey Felipe VI: si tras la primera de las consultas actuó con arrogancia y con espectacularidad calculada, en la segunda aparición ante la prensa insiste en una condescendencia con el Partido Socialista, incluyendo la una nueva condición de intérprete de la voluntad del Jefe del Estado, que en poco o en nada ayuda al establecimiento de un diálogo con posibilidades constructivas. Además, sube el listón de las líneas rojas: veta de forma terminante la presencia de Ciudadanos en cualquier acuerdo de gobierno. Pedro Sánchez tiene otro ultimátum sobre la mesa. O nosotros o Ciudadanos. Iglesias Turrión fomenta el  pábulo mediático a una de sus pretendidas categorías conceptuales (que no pasa de coletilla dialéctica), la de búnker, estigmaque pesará en el Partido Socialista salvo pacto en el que Iglesias Turrión. Pacto en el que el líder de Podemos aparecería como pope redentor La reacción más temprana de Ciudadanos, en declaraciones de Juan Carlos Girauta, entra más de lleno en las posibilidades de acuerdo, haciendo más énfasis en las coincidencias, tanto programáticas como de praxis. Es algo sorprendente en un dirigente distinguido durante su carrera en los medios como auténtico martillo de herejes de filiación socialista, y que abre puertas y ventanas a todas las posibilidades. Ciudadanos vuelve de nuevo a una posición de centralidad de la que tanto los resultados (más modestos que los previstos en las encuestas) como la equívoca línea de argumentación de Albert Rivera le habían alejado. La cuestión en la que se marca la diferencia, no sabemos hasta que punto insalvable, sería el acuerdo con el PP que propugna el partido naranja. Un acuerdo que sin duda será necesario en los consensos amplios de reforma constitucional que España necesita, pero que no es extensible a pactos de gobierno. EL Partido Popular necesita de una estancia regeneradora en la oposición política, estando como está en medio de un eclosión de casos de corrupción, casi todos conocidos en sus existencia, que no en su magnitud, que amenaza con ir a más en las próximas jornadas, justo en el tiempo en el que el baile de máscaras acaba con una obligada sentada y puesta en común de propuestas previa a la sesión de investidura.

El recorrido del  soldado Sánchez desde la noche electoral del 20 de diciembre de 2015 se parece mucho al de los aventurados protagonistas del cine de catástrofes, en cuyas cintas cada giro argumental, cada escena, lleva a un desfiladero. A una situación de no retorno en la que sólo vale el salto hacia delante con igual posibilidad de trágico final que de supervivencia. No hay saltos al lado ni posibilidad de paso atrás, ni para coger impulso. Tal vez, en la batalla orgánica, esta concatenación de saltos al vacío sin paracaídas comenzó mucho antes, cuando Pedro Sánchez perdió la confianza de sus mentores (y en especial, de la más valiosa mentora). Pero es ahora cuando la osadía del candidato se hace más evidente, porque no sólo está en juego su carrera personal. Esta posible aceptación del sometimiento a la investidura se convierte en un doble giro de tintes dramáticos, pues implica la negociación, posiblemente desde la misma jornada de hoy, en medio de una complicada aritmética, y el sometimiento de su resultado a una consulta interna a la militancia que significa el enésimo desafío al aparato territorial de su Partido. Por supuesto, una feliz iniciativa, en mi opinión, para una organización política que suele agradecer los elementos vivificadores. Y este, sin duda, lo es.

En estos dos nuevos escalones, Sánchez se juega el todo por el todo, toda vez que la Operación Saturno obtuvo una pírrica victoria con el establecimiento de la fecha del proceso congresual para mayo. Ni en junio, como pretendía la Ejecutiva Federal, ni en la inmediatez, como pretendían algunos de los más significados dirigentes territoriales. A la consulta a la militancia del día 8 de mayo para la elección del secretario general, que en caso de repetición de Elecciones Generales se configurará también como primarias para designar el candidato o la candidata a las mismas, Pedro Sánchez podría llegar con un liderato reforzado: puede poner de relieve las virtudes de su proyecto en la inigualable ocasión que brinda la sesión de investidura, a nivel social, y llegaría respaldado por la militancia si esta aprueba su eventual acuerdo de gobierno. Sánchez Pérez-Castejón llegaría como Presidente del Gobierno. Pero aún sin superar una investidura, la historia parlamentaria está llena de golpes de autoridad política con reflejo ulterior en las urnas. Si no consigue ni el respaldo interno de la militancia ni el de la Cámara, simplemente, no llegará al 8 de mayo. El aparato socialista, ni que decir tiene, también se enfrentará a una situación de no retorno si el Comité Federal no convalida el resultado de una consulta a la militancia que no es estatutariamente vinculante, pero políticamente demoledor. Un NO del plenario del máximo órgano entre congresos a una decisión de la militancia sería un nuevo intento de suicidio político que no comprendería ni esa cansada militancia ni los esquilmados estratos de votantes que  resisten contra los elementos.

En este escenario es difícil la defensa de un candidato capaz de concitar las presiones adversas de adversarios internos, externos y del mundo de los medios. Sin embargo, quien está en la búsqueda del diálogo y deja al margen las cuitas internas, las apetencias orgánicas o directamente el interés electoralista, merece un margen de confianza (*). Más si cabe cuando nos encontramos dentro de los márgenes y plazos de la normalidad constitucional. Concluyo con José María Izquierdo: Si los dirigentes del PSOE persisten en esta delirante bronca, no se sabe si cainita o suicida, de atizar las mezquinas peleas entre barones, duquesas, condes y hasta conde-duques, la militancia, pero también los fieles votantes socialistas van a darle su merecido en las urnas y despacharán a todos al basurero de la historia. Se lo habrán ganado a pulso. 

(*) La encomienda del Jefe del Estado a última hora de la tarde a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, cuando este artículo estaba cerrado y dispuesto para el envío, confirma este margen de confianza a nivel oficial, una vez Mariano Rajoy Brey vuelve a ponerse de perfil. Comienza un mes apasionante.