Silencio: el líder medita

Barañain

No han transcurrido  en realidad ni dos semanas desde la fecha de su victoria electoral pero, ya sea por  lo apabullante que resultó o porque se esperaba desde muchos meses antes, lo cierto es que parece ya muy lejana la noche en la que los españoles vimos dar un saltito de alegría a Mariano Rajoy en la sede del PP. Que fue, creo, la última vez en que le vimos y escuchamos, dirigiéndose a la ciudadanía que lo iba a convertir – a la tercera la vencida-, en presidente del gobierno.

Desde entonces, silencio. No se ha conseguido escuchar de su boca una palabra que de pista alguna sobre sus planes para el gobierno. Se lo está pensando mucho. Dicen en el PP que, encerrado en su despacho, no ha parado de trabajar empapándose de cifras económicas como si estuviera preparando de nuevo,  en plan intensivo, la oposición para registrador de la propiedad.

Ese despacho de la calle Génova se ha convertido en el destino del peregrinaje de políticos, banqueros, empresarios y sindicalistas pero estos, cuando salen de su encuentro con el súper-líder, tampoco son capaces de explicar qué es lo que les ha  les ha dicho.  Quizás porque en esas reuniones no se han dicho demasiadas cosas. O las que han salido han sido poco concretas.  Predomina la vaguedad, como si cada uno de los interlocutores esperara -haciéndose el distraído-,  a conocer las intenciones reales de Rajoy antes de enseñar sus cartas; o viceversa.

Eso sí, cuando dan cuenta del contenido de  su reunión, se nota el esfuerzo que estos “agentes sociales” hacen para no defraudar las mejores expectativas de los españolitos que confían en que el nuevo gobierno, aunque sólo sea por el amplísimo margen de maniobra política que le han concedido, pueda darnos alguna buena noticia tras tantos meses de desasosiego. Se agradece el tono amable -¿se reducirá a esto el “período de gracia” que se concede al nuevo gobernante?-, pero no se alivia la ansiedad por la falta de información sobre las medidas que piensa acometer Rajoy en cuanto ocupe La Moncloa.

Lo que sí se confirma, algo es algo, es la prioridad que Rajoy concede a la reforma laboral: espera de empresarios y sindicatos un regalo de Reyes en forma de acuerdo. Tal vez sea sólo una fórmula retórica porque se supone improbable el consenso y sólo se pretende pasar pronto la página del obligado trámite del diálogo social antes de convertir sus propios proyectos (que se parecerán bastante, me temo,  a los de una de las dos partes) en un Decreto Ley. Pasada esa fecha de Reyes, dispondrá de unas pocas semanas antes de presentarse -y quiere llevar ya alguno de los deberes hecho- ante los socios europeos en febrero.

En cuanto a los ilustres visitantes de la calle Génova, la ansiedad se nota más en unos que en otros. El jefe de la patronal está locuaz y no siempre dice lo mismo. Toxo ha mostrado su perfil más constructivo y ha exhibido confianza en el futuro de las relaciones con el gobierno, mientras que Méndez, más receloso, no se ha dado por aludido con el plazo perentorio para el acuerdo social. Por su parte, el  Vicepresidente de la Comisión Europea,  Tajani no ha dudado en aparentar gran satisfacción por la reforma laboral que piensa acometer Rajoy antes de confesar, eso sí,  que  desconoce todo sobre su contenido: se nota que el tipo ha sido portavoz de Berlusconi.

Luego están las quinielas con los nombres de los que han de acompañar al jefe. Las listas de “ministrables” no ofrecen grandes novedades,  como si se quisiera preparar el terreno para que el líder sorprenda con nombramientos inesperados y rompedores.  Pero ya es significativo que tras tanto criticar la supuesta levedad de los nombrados por Zapatero, las quinielas apuesten unánimemente por… ¡Soraya Sáenz de Santamaría!  O que la renovación que aporte el PP se traduzca  en la posible vuelta al escenario de viejas glorias del aznarato (Ignacio Astarloa, Ana Pastor…). O que  la supuesta solidez del “banquillo económico” del PP -que estaría lleno de “cracks”, así lo ha dicho Arias Cañete (¡este hombre es impagable!)-, no rinda más nombres que los de los habituales Montoro, De Guindos o González Páramo (¡y Rato, que siempre alegra cualquier quiniela, por inverosímil que suene!). Deja vù.

Es de esperar que el fiasco del encuentro entre Alain Juppé y Arias Cañete (convertido por los franceses en ministro por un día) no sea  premonitorio de que tan impagable personaje se caerá de la lista; ay, si el estirado ministro francés conociera al posible futuro colega  español sabría lo que se pierde al no pronunciar la “ñ” de su apellido, ¡es que no es lo mismo!

En cuanto a posibles novedades,  “los que saben” arriesgan poco. Puestos a apostar, de los nombres que suenan aquí y allá, yo me quedo con el de Álvaro Nadal, ese joven portavoz en la comisión de economía del Congreso, que de lejos recuerda físicamente a Jordi Sevilla y de cerca tienen un aire a lo Clark Kent antes de travestirse de Superman. Dicen de este chico listo de Harvard que “le brotan números en vez de palabras”  y  un cronista parlamentario apuntó de él años atrás que era  “el David Vegara del PP, el único en las gradas de la oposición capaz de hacer frente a Salgado con solvencia en un cara a cara porque es un técnico con conocimientos de economía profunda”. Aunque la comparación con Vegara igual es una maldad; con los cronistas parlamentarios nunca se sabe.

 Me quedo con ese nombre y no me pregunten por qué. ¿Será por su sobriedad?, ¿porque no le hayan cazado soltando paridas? o ¿porque  haya aguantado como un bendito compartiendo portavocía con Montoro (y eso, nadie me lo negará,  tiene su mérito)?  Le veo en una instantánea en el congreso ataviado con una  gabardina en rojo teja de Carolina Herrera y una brillante corbata naranja. En medio de esa marea de trajes grises idénticos,  ese aire fashion-pijo  me provoca una cierta ternura hacia el personaje. Encima, leo que como sabe mucho de economía, los suyos le entienden poco sus argumentarios…. ¡pero eso lo convierte en  un candidato ideal! Ahí queda mi apuesta (¡aunque siempre me he equivocado!).

 Aunque los nombres de “ministrables” se lanzan a veces con malicia, para arruinar sus expectativas  reales, sugerir estas quinielas es un entretenimiento social inocuo,  con el que llenamos el vacío que crea este silencio espeso del líder. Hablar por hablar.  Quienes no hablan por hablar son los que, entre globos sonda  y anuncios formales, van mostrando en sus comunidades autónomas  el futuro de recortes  y otras novedades que nos espera a todos. Como en otras latitudes: no en vano un rosario de movilizaciones contra los recortes recorre Europa.  Entre nosotros, Cataluña, también en esto a la vanguardia,  abre el camino. Rajoy calla aún. Cuando por fin hable, lo que anuncie nos sonará a conocido, como si  no hubiéramos esperado otra cosa. Como somos masoquistas, hasta sentiremos lástima por  él.