¿Shuc makilla, shuc yuyailla, shuc shungulla? Va a ser que no

Jelloun

El manifiesto leído al finalizar la emocionante manifestación que celebramos el pasado 13 de enero en Madrid concluía con ese mensaje en lengua quechua –homenaje a los inmigrantes enterrados por los escombros de la T4-, que quería expresar el deseo de unidad frente al terror, por la paz y la libertad. “¡¡Shuc makilla, shuc yuyailla, shuc shungulla!! (Un solo puño, un solo pensamiento, un solo corazón). En el debate celebrado en el Congreso, a requerimiento del PP, el Presidente Zapatero convocaba a todas las fuerzas políticas a un Pacto que diera respuesta a ese anhelo de unidad. Un acuerdo que respetando la relación especial con el primer partido de la oposición, reflejara la nueva situación frente a la cual el pacto exclusivo PP-PSOE era claramente insuficiente.

A medida de que van transcurriendo los días y se agota la ronda de conversaciones del Ministro Rubalcaba con los representantes de las distintas fuerzas parlamentarias, iniciada tras ese debate, se va definiendo con más claridad el perfil que finalmente adquirirá el pacto. A salvo de sorpresas de última hora, todo parece indicar que la unidad invocada en la calle no tendrá reflejo en el Congreso de los Diputados. El Presidente Zapatero obtendrá el respaldo sin contrapartidas de las minorías, incluida la más significativa del PNV, pero no habrá acuerdo con el PP que, por el contrario, volverá a exhibir su “orgullosa� soledad. Lo primero parecía ya fácil de conseguir visto como se expresaron los portavoces de IU y los nacionalistas en el citado debate. Pero algunos comentarios de diferentes líderes del PNV en las últimas semanas hacían temer un endurecimiento por su parte en el sentido de poner precio a su apoyo al Gobierno central. Un precio que incluyera cambios inmediatos en la política penitenciaria o incluso una denuncia de la Ley de Partidos. Como digo, parece que finalmente el apoyo del nacionalismo vasco no tendrá contrapartidas reafirmándose así en lo que ha sido la actitud de su máximo dirigente, Josu Jon Imaz, a lo largo del fallido proceso de paz.

Un buen conocedor de ese mundo como es José Luis Zubizarreta -quien fue, en su día, asesor del Lehendakari Ardanza-, valoraba así la sintonía entre el Presidente y el PNV de Imaz y la contradicción entre esta actitud y la de un posible entendimiento con el PP: “El presidente cree más factible lograr que el PNV acepte la idea de la necesidad de una «derrota» previa al «diálogo final» que no que el PP asuma ahora el concepto de un «final dialogado» incluso posterior a la «derrota».

En sentido contrario al de esos amagos del PNV, el Partido Popular ha ido variando sus mensajes para endurecerlos finalmente. Como si acusaran el golpe de la negativa valoración por parte de la opinión pública que cosechó Rajoy tras su espeluznante intervención en el debate del Congreso, las primeras declaraciones de los portavoces populares tenían un cierto aire conciliador, de manera que si bien seguían defendiendo la validez del Pacto Antiterrorista PP-PSOE y su superioridad respecto a cualquier otra fórmula posible de acuerdo político frente a ETA, se mostraban dispuestos a facilitar la incorporación de otros partidos al mismo mostrándose incluso proclives a prescindir del famoso preámbulo del Pacto crítico con estrategias nacionalistas ya superadas.

Duró poco ese espíritu conciliador. Cuanto mas dispuestos se mostraban los nacionalistas a secundar un acuerdo con PSOE y PP que, aunque fuera de mínimos, sirviera para mostrar una unidad sin fisuras frente a los violentos, mas distantes se volvieron las declaraciones de los portavoces del PP. Primero fue negarse a mantener siquiera un encuentro multilateral, abogando por reunir la Comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista. Después forzar al Gobierno a que eligiera, o con los nacionalistas o con ellos. Finalmente, rehuir la reunión de la comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista, a cuya convocatoria está dispuesto el Gobierno. (Se repite, por cierto, la historia: el PP hace inviable esa reunión condicionando su convocatoria a que el Gobierno se pliegue a su propuesta de ilegalizar el partido EHAK. Es lo mismo que hicieron, hace ya muchos meses, la última ocasión en que se planteó reunir el Pacto para, acto seguido, acusar al Gobierno de incumplir y abandonar el mismo).

Esta cerrazón del PP tal vez sirva para calentar el ambiente de su base más extremista de cara a la manifestación convocada para este fin de semana en Madrid. Pero, ¿y después? ¿Qué recorrido le queda a esa estrategia de la tensión? Las reacciones tras el debate en el Congreso, incluidas las de algunos de sus medios afines, mostraron claramente que la crispación provocada por Rajoy se volvía en su contra. La mayoría de las encuestas celebradas en las últimas semanas han reflejado el mayoritario apoyo ciudadano al intento de Zapatero de dialogar con la banda ETA pese a su fiasco final. Y paralelamente, el rechazo a la forma en que el PP ha hecho oposición con la cuestión del terrorismo. Incluso, al medir la intención de voto, las encuestas mas recientes se hacen eco de la recuperación electoral del PSOE que, tras el puntual bache padecido inmediatamente después del atentado de la T4, vuelve a distanciarse del PP.

¿Podrá mantener el PP esta estrategia en lo que queda de legislatura? Cómo en las representaciones teatrales, una vez alcanzado el “climax� no es fácil mantener esa tensión durante el año largo que resta de legislatura. No creo que pueda permitirse el lujo Rajoy de brindar otro espectáculo como el del debate último. Tampoco se prestan las próximas elecciones municipales y autonómicas a traducir el ambiente crispado –que por lo demás no es tan apreciable fuera de la capital-, en apoyos electorales.

El Pacto que finalmente se consiga seguramente no tendrá mayor repercusión sobre la efectiva lucha contra el terrorismo. Sus efectos tienen más que ver con la moral ciudadana colectiva que con otra cosa. El PP seguirá reprochando al Gobierno que la representatividad electoral de un pacto exclusivo con nacionalistas e izquierdistas es inferior a la de un pacto con ellos. Y el Gobierno responderá, con razón, que es mejor un respaldo menor pero más sincero que mantener el equívoco del inverosímil acuerdo con una oposición desleal.

¿�Un sólo puño, un solo pensamiento, un solo corazón�? Va a ser que no. Cuanto antes se asuma esta evidencia menos tiempo perderemos en reproches inútiles.