Las pinturas del amanecer

Señor_J

La semana pasada se difundieron a través de numerosos medios de comunicación nacionales unos formidables descubrimientos arqueológicos, concretamente las dataciones de tres conjunto de pinturas rupestres halladas en la Península Ibérica hace alrededor de unos 65.000 años, que tienen como elemento sorprendente el hecho de que dicha datación corresponde a un periodo que sería, según los datos conocidos hasta ahora, anterior a la llegada de nuestra especie a la actual España. En consecuencia, los autores de tales dibujos no serían seres como nosotros, sino que solo podrían ser neandertales.

Dicha datación ha generado expresiones de sorpresa y conclusiones tales como que serían pruebas irrefutables de que los neandertales tuvieron lenguaje, cognición avanzada y pensamiento simbólico. También se ha afirmado que dicho descubrimiento difumina las barreras que hemos construido para diferenciar las especies y que dichos neandertales bien podrían ser una variación de nuestra propia especie, lo cual ha levantado ciertas ampollas entre investigadores algo más inclinados a mirar secuencias genéticas que pinturas. Lo relevante, en cualquier caso, es que una datación fiable ha permitido atribuir a nuestro ancestro neandertal algo que hasta ahora asignábamos por defecto a antepasados sapiens sapiens.

Pese a los excesos retóricos de algunos expertos y en la esperanza de que un nuevo hallazgo no nos indique que en realidad la presencia de humanos modernos en la Península es mucho más antigua de lo imaginado hasta ahora, lo cual no es probable, lo cierto es que esta datación supone otra grieta en las visiones supremacistas de nuestra especie respecto al resto de las que han existido o de las que comparten el planeta con nosotros. Desde que nos contaron que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, hemos interpretado la realidad con un sesgo de singularidad debidamente alimentado por nuestra creencia de que ejercemos un dominio completo del globo terráqueo. Los neandertales no han escapado en absoluto de esa forma de ser pensados y es por ello que desde su descubrimiento en el siglo XIX se identificaron como seres primitivos, inferiores y sin las cualidades propias de un ser humano moderno.

Así pues, como supremacistas que somos y hemos sido, siempre hemos interpretado la existencia del homo sapiens desde el paradigma de la primitividad y el mismo sesgo hemos aplicado a su extinción, la cual hemos vinculado estrechamente a la expansión de los humanos modernos por Eurasia. La destrucción de los neandertales a manos de nosotros ha sido una de las grandes líneas de explicación de su desaparición, a pesar de que ellos eran más fuertes y estaban mejor adaptados a los territorios que ocupaban. El desarrollo de la inteligencia se ha presentado como la clave de nuestra supremacía, sin tener lo bastante en cuenta que el volumen de sus cerebros también era mayor y que los mismos, como han señalado algunas investigaciones recientes, incorporaban algunas cualidades adaptativas muy útiles, como una poderosa visión.

Tampoco era necesario realizar estas dataciones para reafirmar las cualidades simbólicas del cerebro de los neandertales, en la medida que ya hace años que resulta evidente su recurso a la ornamentación corporal o a prácticas de enterramientos ritualizados. También hay evidencias notables que apuntan a que formaban sociedades complejas, donde existían prácticas altruistas de atención y cuidados a los miembros menos autónomos. Este nuevo descubrimiento, no obstante, sí que supone una nueva aportación cualitativa para reafirmar las notables condiciones cognitivas de esta especie y su similitud con las nuestras.

Hay que reconocer que el sesgo supremacista es en este sentido un gran aliado de la investigación científica, en la medida que impone la necesidad de poner sobre la mesa pruebas contundentes y no meras intuiciones. Quedan además muchas preguntas todavía por responder sobre la existencia y desaparición de los neandertales. Respecto a estas últimas, es posible que se expliquen mejor por factores endógenos que exógenos, más aun ahora que ya hace años que se hizo añicos otro de los grandes mitos, el de la no compatibilidad sexual entre humanos y neandertales, desmentido por recientes exámenes de nuestro genoma que han evidenciado el peso del ADN neandertal en el mismo.

El sesgo, por cierto, también está operando en la interpretación de otros seres vivos, tanto en los emparentados con nosotros (particularmente simios) como en el resto. Los chimpancés y el resto de grandes simios también tienen que sufrir los suyo para que se les reconozcan sus amplias cualidades cognitivas, aunque lleguemos a comunicarnos con los chimpancés mediante lenguaje de signos y que hayan acreditado unas competencias mentales equivalentes a las de seres humanos preadolescentes. Como señalamos, desde el punto de vista científico no es malo ser exigentes, pero ello no debe ocultar que tenemos un problema con el sesgo supremacista.

En nuestra cotidianeidad también convivimos con el supremacismo. El nacionalismo es un caldo de cultivo de supremacismo, pero el supremacismo no es consecuencia del nacionalismo, sino algo mucho más arraigado. Es consecuencia de un sesgo en nuestra mente que tiende a magnificar nuestras cualidades y la de nuestro grupo y a menospreciar las del resto. Nos hace ver lo diferente como peor y se ve reforzado por las inclinaciones del pensamiento grupal a generar categorías divisorias. Como todos los sesgos, la forma de no caer en ellos es ser consciente de su existencia y controlarlos, exaltando un poco menos nuestra magnificencia.

Es muy viejo aquello de que Dios creó el hombre a su imagen y semejanza pero también lo es bastante lo de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Apliquémonoslo en todos y cada uno de los ámbitos donde el sesgo opera y nos irá mejor a todos.

 

4 pensamientos en “Las pinturas del amanecer

  1. Muy partidario de la aceptación de los sesgos en todo enfoque teorico. Kahneman y Thaler, psicólogo y economista repsectivamente han recibido sendos premios Nobel, en su caso por la introducción de los sesgos cognitivos en la teoría económica, dando lugar,entre otros a una prometedora rama de esta disciplina que se llama Economía conductual. Hay un libro chulo del primero de los autores mencionados que se llama “Pensar rápido, pensar despacio” muy recomendable.

    En lo que se refiere al artículo de hoy, me llama la atención la idea de que los neanderthales fuesen extinguidos por los sapiens. Ha leido uno otras cosas que hablan mas bien de una mejor adaptación de los segundos que los primeros al unas temperaturas mas altas etc. En esta misma línea la antropología en los ultimos años nos ha puesto sobre la mesa la idea de que el sapies convivió con otras especies humans como los neanderthales y los denisovianos (en Siberia ) y tal. A mi esas ideas de la mezcla me gustan bastante.

    Por otro lado tengo que decir que , por mucho que los antropologos digan lo contrario, no estoy seguro de que los neanderthales se hayan extinguido del todo

  2. Desconcertante artículo. A partir de un descubrimiento sobre sucesos que ocurrieron hace unos 65.000 años ( muy pocos desde el Bing-Bang ) , el Señor J denuncia con un estilo propio de un nuevo Bartolomé de las Casas , la desaparición de los Neanderthal a manos de los supremacistas Sapiens , para concluir, como que no quiere la cosa y en un audaz salto en el tiempo , que el supremacismo no es consecuencia del nacionalismo , sino algo mucho más arraigado, porque – nos dice – supremacistas somos todos.
    Si esto es así, si esto es pura ciencia objetiva -¡ ojo , sin sesgos perturbadores -, entonces ¿ qué mal hay en que una productora de cine , con nombre de cine , Isola Passola, diga en tono cursi : « No se puede encarcelar a los pájaros libres. Volaréis. Volaremos. Nos apartaremos de toda esta miseria mental, social, política y cultural que es el Estado español »
    La respuesta en la próxima emisión de Hola Rahola , que tratarà del clarísimo supremacismo simio en una Tierra post nuclear sobre Charlton Heston.

  3. Si hemos constatado que entre neandertales y sapiens sapiens hubo procreación existorsa, está claro lo que hay que hacer con el homo republicanus (que no supremacista) y el homo constitucionalis (todos somos supremacistas)… Aparearlos!

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