Seis puntualizaciones y una pregunta

Ignacio Sánchez-Cuenca

Son necesarias algunas puntualizaciones ante el jaleo mediático y político que se ha montado tras el atentado. Da la impresión de que muchos estaban esperando la oportunidad para ejercer el “ya lo decía yo� de forma más o menos venenosa. Algunos razonamientos resultan desconcertantes: por ejemplo, ha habido un atentado mortal, luego Zapatero era un ingenuo que llevaba el país con la firmeza de un beodo; o Zapatero no sabía que iba a estallar una bomba en la T-4 de Barajas, luego no controlaba la situación. Etcétera.

Aquí van algunas precisiones:

(1) Si entre la comparecencia de Zapatero al término del último consejo de ministros del año y el coche bomba hubiera pasado un mes, el efecto sobre el liderazgo de ZP habría sido mucho menor. El hecho de que las palabras de ZP y el atentado prácticamente coincidieran en el tiempo ha sido una casualidad desgraciada.

(2) Si el Gobierno da por roto el proceso es porque ETA ha arriesgado demasiado y la explosión del coche bomba ha producido la muerte de dos personas. Lo más seguro es que ETA pensara que no iba a haber muertos. Una explosión sin muertos, por muy devastadores que fueran sus efectos, habría tenido otras consecuencias. El Gobierno habría tenido que detener las conversaciones durante un cierto tiempo, pero probablemente se podría haber reconstruido la situación. Ahora parece que ya es imposible.

(3) Desde el principio se insistió en que el proceso de paz era una estrategia arriesgada, porque es imposible tener certezas absolutas sobre cómo va a reaccionar la otra parte. Cuando el Presidente decía que el proceso iba a ser largo, duro y difícil, quería decir que iba ser largo, duro y difícil. Es verdad que largo no ha resultado, pero duro y difícil un montón. Que el proceso fuera a ser difícil significa que había un riesgo de que saliera mal.

Si no hubiera habido muertos, si hubiera pasado algún tiempo entre las palabras de ZP y el atentado, y si la gente se hubiera tomado en serio lo de “largo, duro y difícil�, las reacciones hubiesen sido distintas. Por tanto, a la hora de pedir responsabilidades políticas, o de juzgar la tarea del Gobierno en este tema, hay que tener muy presente el elemento de azar o de casualidad que hay en este tipo de procesos políticos.

Continúo:

(4) Un articulista decía el otro día en el Pais que ETA ha decidido atentar por la ambigüedad de las ofertas del Gobierno. El hecho de que el Gobierno estuviera dispuesto a cambiar el orden de las famosas mesas (la de asuntos penitenciarios y la de asuntos políticos) habría llevado a ETA a exigir más, crecida por la debilidad del Gobierno. Pero no se entiende que si el Gobierno estaba cediendo, pongan una bomba que acaba con la posibilidad de que esas concesiones se materialicen. Y si la cesión era dentro de unos márgenes, eso es lo normal en todo proceso negociador y no explica por sí mismo que ETA decidiera poner la bomba.

(5) Añadía este articulista que el proceso se ha roto porque el Gobierno ha actuado “solo�. Pero una cosa es decir que no ha contado con el apoyo del PP y otra que ha actuado “solo�: a mi me parece que tenía el apoyo de todos los partidos que no son el PP y de la mayoría de la opinión pública, incluyendo buena parte de los votantes del PP.

(6) El Gobierno no ha hecho concesiones. Algunos piensan que eso tiene algo que ver con la ruptura del alto el fuego permanente, pero al margen de si eso es así o no, lo cierto es que el Gobierno apenas se ha movido. Otro articulista escribía ayer, también en el Pais, que ha habido concesiones o señales conciliadoras: afirma que el Gobierno ha elogiado a Otegi y De Juana (hay que estirar mucho la palabra “elogio� para que eso cuadre con la realidad, pero en fin…), hubo una entrevista entre Patxi López y Otegi (gran concesión, sin duda), relativizar la kale borroka, la extorsión y la existencia de zulos, y aceptar el cambio de orden de las mesas (esto es algo completamente especulativo, el Gobierno no ha llegado a decir nada al respecto, no sabemos en qué términos podría haberse acordado la realización de las mesas). Es bastante claro que una negociación sobre el final del terrorismo implicará algo más que todo esto: ETA, por muy débil que esté, o por mucho que haya interiorizado que matando ya no va a ninguna parte, no va a abandonar incentivada por este tipo de “concesiones� o “señales conciliadoras�.

La única manera de no caer en errores tras la ruptura del alto el fuego es tener la mente clara y saber valorar todos los elementos. Jelloun insistía ayer en la necesidad de mantener la sangre fría, no hacer aspavientos ni gestos precipitados para tratar de compensar la ansiedad creada por el fin del alto el fuego. Aunque pueda sonar chocante en estos momentos, sobre todo tras el hallazgo de un coche bomba cerca de Durango, creo que vamos a tener que aguantar una campaña de bombas sin víctimas mortales, como en los meses previos a la declaración del alto el fuego. ETA decidió a finales de 2003 que no le compensaba seguir matando. No veo cómo las condiciones actuales pueden hacer a ETA cambiar de opinión. Es cierto que ha asesinado a dos personas en el último atentado, pero si se debe a que ETA no calculó bien los efectos de la bomba, en el futuro cabe esperar que suframos bombas sin muertos.

Y ahora acabo con una pregunta abierta: supóngase que ETA hace llegar una comunicación secreta al Gobierno en la que los terroristas se lamentan de las consecuencias letales del coche bomba de la T4 y se reafirman en que no van a matar más y en que, pasado un tiempo, quieren relanzar el alto el fuego y el proceso de paz. ¿Qué debería hacer el Gobierno en esas circunstancias? ¿Dar la callada por respuesta y poner a ETA contra las cuerdas, o aceptar la oferta con unas condiciones más exigentes que las de la última vez? Advertencia: no vale escaparse del dilema con verborrea, hay que apostar por una de las dos posibilidades.