¿Seguro que las exportaciones dan para tanto?

José D. Roselló

Es cierto que el sector exterior en su conjunto se ha convertido en el único agregado de la economía nacional que da alguna buena noticia. De hecho, como ya se mostró en un post anterior, se ha desempeñado comparativamente bien en los últimos años, aguantando mejor que otros países importantes la irrupción en el comercio internacional de los países emergentes y, de paso,  cuestionando así la idea de que España se ha desangrado por la pérdida de competitividad[1].

Sin embargo, son muy discutibles otras ideas alrededor de las exportaciones que se están propalando, fundamentalmente desde el discurso gubernamental: que la mejora  del déficit comercial viene por un desempeño extraordinario de las exportaciones y que las exportaciones tienen la capacidad de tirar de la economía nacional para sacarnos de la crisis. Como se mostrará a continuación, los datos no soportan nada bien estas dos afirmaciones.

1.         No ha habido un incremento extraordinario en las exportaciones.

La mejora del déficit exterior, es decir, la diferencia entre lo que importamos y lo que exportamos, se ha debido fundamentalmente al descenso de las importaciones. Un país en una seria crisis de demanda interna, adquiere menos bienes de consumo e inversión.

Aunque, efectivamente, ha habido una mejora de las exportaciones, no ha sido esta mayor de las que se han producido en otras épocas, incluso muy recientes, sin que entonces se entonaran cánticos en favor de una supuesta ganancia cuasi mágica de competitividad, o se le diera la importancia que en este momento parecen dársele.

Por ejemplo, del 95 al 97 las exportaciones encadenaron 3 años de crecimiento de dígitos dobles, debidos en gran medida a las devaluaciones del 95. También hubo un crecimiento espectacular en el año 2000. Un año extraordinariamente bueno fue 2006, y también dos datos excelentes en 2010 y 2011, si bien es cierto que cuestionados por la enorme caída de 2009.

2012 apenas provee un crecimiento en el entorno del 3%, de hecho, de los más bajos de la serie.

La competitividad en sí es una magnitud algo elusiva, se supone que habla de lo fácil que le es a una economía dada vender sus productos en el exterior. Ya es discutible que el único vector de competitividad de un producto sea el precio. Pero también lo es que sea el salario lo único que determine dicho precio, y como tercera pirueta, ¿tanto suponer para sólo un 3% de crecimiento exportador?

Lo atípico es la caída de las importaciones, muy poco frecuente.

Es de reseñar que en los años de mayor expansión del déficit se produjo un aumento muy considerable de los precios del crudo. Este llegó a más que duplicar su valor. Una subida similar hoy en día daría al traste con esta mejora del saldo exterior nacional ¿Que quedaría del discurso, algo triunfalista, imperante? ¿Estaríamos hablando de pérdidas de competitividad entonces?

2.         Nuestras exportaciones no son un motor de cilindrada suficiente para sacarnos del pozo.

Teniendo la economía española sus puntos fuertes, desgraciadamente el peso del sector exportador no ha sido nunca otra cosa que una debilidad. Sigue siéndolo. La aportación del sector exportador a nuestro PIB es pequeña si nos comparamos con un país de configuración exportadora potente. De ahí que, por mucho que crezcan las exportaciones hoy o mañana, la capacidad de que esto se transmita a la economía general es más limitada que en otros lugares. Por ilustrar esta idea comparemos con la situación de Alemania país netamente exportador y con datos accesibles y comparables.

El tamaño del sector es relevante, porque da idea del la cantidad de recursos que implica en su economía de referencia. Mientras que las exportaciones en Alemania equivalen a un guarismo superior al 40% de su PIB, en el caso español apenas se supera el 20%. Esto significa que cuando el motor exportador arranca en Alemania, tiene una importante capacidad de arrastre. Sin embargo, en España, por muy positivo y muy bienvenido que sea, su tamaño más reducido ilustra perfectamente la noción de que hay al menos actividad relacionada.

En la misma línea podemos utilizar magnitudes relacionadas con el empleo. Tomemos como ejemplo el caso del empleo industrial. Aun teniendo en cuenta que no todo lo que mueve el sector exportador es industria y aun teniendo en cuenta que no todo lo industrial es sector exportador, sí podemos estar de acuerdo en que el grado de identificación es bastante bueno para darnos un orden de magnitud. En Alemania el 22% de los empleos son empleos industriales. En nuestro país este porcentaje es del 14%. Lo cual de nuevo muestra el más limitado impacto que en nuestro país tiene un crecimiento exportador.

Haciendo una muy burda simulación numérica, teniendo en cuenta las relaciones expresadas en el grafico anterior[2], podemos decir que para obtener el mismo incremento porcentual del empleo, las exportaciones españolas tienen que crecer un 50% más que las alemanas.

Por mucho que sea deseable un sector exportador más potente, a lo cual nos apuntamos todos, lo cierto es que nuestra economía necesita un motor de más potencia. Para este bache respecto al sector exterior, Alemania va en 4×4 y nosotros en moto de 250 cc como mucho. En resumen “el tamaño importa”.

3.         La distribución por mercados de destino y sus perspectivas no auguran el mejor escenario.

Para cerrar, a destacar una particularidad del sector exportador español: está más específicamente centrado en la Eurozona que el de otros países (de nuevo consideramos a Alemania.)

Como tantas otras veces esto, per se, ni es bueno ni es malo, solo que en las presentes circunstancias, en las que las perspectivas de crecimiento de la Eurozona son considerablemente menores que las de otras áreas económicas del mundo, el escenario a corto plazo que ello augura es más desfavorable.

Concluyendo, aún siendo el sector exportador español un sector importante y cuyo desempeño no es malo, sí da la impresión de que se le está usando como el “mcguffin” en las películas de Hitchcock, o usando un símil mas racial, como muleta. Dado que el paisaje tras la política de recortes es el esperado, es decir, depresión y paro; dado que el paisaje tras la reforma laboral es el de despidos y bajas generalizadas de sueldos, y creo que en mayor medida de lo que se esperaba, se echa mano de lo único positivo que hay y se monta un discurso alrededor en el que aguantar las inclemencias del tiempo. Que sea más menos plausible, eso ya es otra cosa.

 


[1]    http://www.debatecallejero.com/un-vistazo-a-las-exportaciones/

[2]    Los números no expresan relaciones económicas sino simplemente relaciones numéricas observadas. Aspectos como incrementos de productividad, composición del empleo asociado al sector exportador, no linealidad en las relaciones entre crecimiento y empleo etc., se obvian. No son previsiones sino órdenes de magnitud.