¿Se ha acabado con la brecha de género?

José D. Roselló

“Con 40 si fuese hombre, ya tendría trabajo”. Esta fue la frase que leí el otro día en una ristra de comentarios en Facebook; no participé en la polémica, pero el desentrañar  si la frase podía tener base se transformó, tras darle un par de vueltas, en esto que tienen ustedes hoy delante.

Todos tenemos en la cabeza que en el mercado laboral español hay una diferencia bastante apreciable, en relación con la actividad y el empleo, entre hombres y mujeres. La tasa de actividad -o porcentaje de la población dispuesta a incorporarse a trabajar- es mayor en hombres que en mujeres, sobre todo en ciertos tramos de edad; de los empleados, la mayoría son hombres; las mujeres sufren más paro proporcionalmente que los hombres; y otras ideas de esta índole. Esta diferencia observable entre los sexos es lo que se conoce como “brecha de género”, y respecto a ella -también respecto al comentario algo enfadado que leía en Facebook- cabe preguntarse: ¿Sigue siendo esta brecha tal y cómo nos la imaginamos? ¿No estará, por si fuera poco, incrementándose esta diferencia con la crisis?

Como pueden figurarse, lo que sigue trata de dar respuesta al menos a las dos preguntas realizadas. Los datos utilizados provienen de la Encuesta de Población Activa (EPA) que elabora el INE de forma trimestral. La ventana temporal que se examina es de 2008 a 2012, es decir, la época de la crisis, a fin de ver si esta provoca, o no, un aumento de la brecha de género.

Al finalizar el año 2008, la tasa de actividad de los varones españoles estaba en el 70%, mientras que la de las mujeres se situaba en el 51%. Esto es, 7 de cada diez varones se encontraban dispuestos a incorporarse a un trabajo, mientras que en las mujeres está relación era 5 de cada diez. Aplicando la correspondiente población de referencia y luego sumando,  daba el resultado de que del total de población activa española, sobre los 23 millones de personas, un 56% eran hombres y un 43% mujeres. 13 puntos de diferencia sobre algo que, idealmente debería repartirse al 50%.

La crisis ha provocado diferentes comportamientos frente a la decisión de estar buscando trabajo o no. En recesiones largas y muy destructivas de empleo como la que vivimos, no es extraño que se produzca un descenso en el número de personas activas. Este fenómeno se conoce como “efecto desánimo”, consistente en dejar de buscar trabajo y  dedicarse a otros menesteres -por ejemplo formarse-. Este desánimo no se ha distribuido simétricamente, ni por sexo, ni por tramos de edad, ni por formación. El resultado de todo ello es que en el año 2012 la tasa de actividad de los varones se había reducido al 66% mientras que la de las mujeres había crecido hasta superar el 53%. La población activa se ha reducido en su conjunto en alrededor de un millón de personas; sin embargo este nuevo total más pequeño tiene una composición por sexos más equilibrada. Los hombres son el 54% y las mujeres prácticamente el 46%. La brecha en términos de actividad no solo no ha crecido, sino que se ha reducido a la mitad.

Como puede observarse, desde el año 2008 todos los grupos de edad masculinos o se mantienen o caen ligeramente (en el grupo de los varones jóvenes, uno de cada diez ha dejado de participar en la población activa). Sin embargo, los dos grupos mayores de féminas, el de 25 a 45 años, y de 45 en adelante, aumentan su participación. No puede decirse que la crisis en este sentido no afecte, ya que el ritmo de aumento anual de mujeres activas se hace más lento, pero a diferencia de los varones, sigue habiendo incrementos importantes. La excepción la constituye el grupo de mujeres jóvenes, que se reduce también, aunque no tan intensamente como su contrapartida masculina, la participación en el mercado laboral.

Introduciendo consideraciones respecto al nivel de formación alcanzada, cuanto menor es, mayor es la caída o menor el ascenso, de la tasa de actividad. El colectivo que más se desanima es el de varones jóvenes con nivel de estudios de Primaria o inferior, siendo también muy notable este descenso en los varones con estudios secundarios. El colectivo que más crece es el de mujeres con estudios de Secundaria o superior. Crece con más intensidad, aunque son un porcentaje de población más pequeño, el colectivo de mujeres mayores de 45 años, hecho que también se da en los hombres: cuanto mayores son, su tasa de actividad se resiente menos, e incluso llega a incrementarse en algún segmento.

Puede argumentarse que, aun dando por buenos los datos de la actividad, lo verdaderamente importante a la hora de examinar el comportamiento de la brecha de género no es examinar la disposición a trabajar, sino la composición de la población que efectivamente trabaja, es decir, la ocupación.

Como todos sabemos, la ocupación ha descendido muy acusadamente desde 2008. En concreto, se han destruido casi 3 millones de empleos. Como en el caso de la actividad, esta destrucción no ha sido uniforme ni por edad, ni por sexo ni por nivel de estudios.

 En el gráfico superior, la línea azul muestra el empleo destruido (-) o creado (+) en estos cuatro años para cada nivel de formación mostrado. Las barras desglosan esta destrucción o creación entre hombres y mujeres. De esta manera el grafico se interpretaría, por ejemplo, así: “en estos últimos 4 años se destruyen más de 1 millón de puestos de trabajo ocupados por gente con estudios primarios o inferiores; de dicha cantidad unos 800.000 eran puestos ocupados por varones y 250.000 por mujeres”.

En línea con lo que sugería el análisis de la actividad, se repite el resultado de que los varones de Educación Secundaria hacia abajo son los que sufren la mayor destrucción de empleo (más intensamente cuanto más jóvenes son, aunque no se muestre en el gráfico). Por el contrario, los segmentos con estudios de Formación Profesional -aunque este es muy pequeño en tamaño- y con Estudios Universitarios o superiores, incluso aumentan ligeramente sus puestos de trabajo, especialmente las mujeres con Estudios Universitarios, único colectivo en el período reflejado que ha aumentado la ocupación. Lógicamente este choque asimétrico ha tenido su efecto en la composición del empleo desde 2008 hasta hoy. Si en 2008 la distribución “hombres-mujeres” de los ocupados era de 57% frente a 43%, en 2012 había pasado a ser de 54% frente a 46%.

La brecha de género, por tanto, ha disminuido, aunque no es sólo eso lo más llamativo.

Los dos gráficos anteriores muestran la composición de la ocupación en los dos años limitantes. Aunque se presentan en dos gráficos separados, si se suma por año, los porcentajes suman cien, es decir, podemos leer todo lo referido a 2008 y nos da la distribución del empleo por sexo y formación en ese año, simplemente pasándonos de gráfico a gráfico. Se muestra así de forma muy visual y de lectura muy directa cuáles han sido los colectivos que han ganado y perdido peso en este período.

En el año 2008 el 51% de los ocupados de España tenía nivel de Enseñanza Secundaria o equivalente. (30% aportado por los hombres y 21% aportado por las mujeres). Los ocupados con titulación universitaria o superior eran el 23% del total (12% aportado por las mujeres y 11% aportado por los hombres) y así para las otras dos categorías.

En el año 2012 esta composición ha cambiado bastante, no solo ya por el aumento conjunto de las mujeres y la disminución conjunta de los hombres, sino porque hay una redistribución entre niveles de formación.

Sin olvidar que hay un 15% menos de empleos (escalofriante), estos se distribuyen de manera sustancialmente distinta. Los Titulados Superiores ocupan un 28% de los puestos, habiendo aumentado. Se han reducido hasta el 50% los puestos ocupados por personas con Enseñanza Secundaria.  Aumentan del 10 al 12% los provenientes de Formación Profesional de Grado Superior y disminuyen del 14 al 10% los ocupados con Enseñanza Primaria o inferior.

Es un resultado sugerente en términos de productividad de los ocupados nacionales, ya que al tener una dotación de formación superior, esto es, un capital humano de “mayor calidad”, ello podrá redundar en mejoras de la productividad global del factor trabajo a medio plazo.

Esto es una pequeña nota positiva sin obviar, por supuesto, lo que queda fuera de este análisis; sin ir más lejos, qué tipo de puestos se están ocupando (¿Es más productivo un camarero con licenciatura universitaria en Historia que uno con estudios primarios?),  pero es un resultado interesante. También sirve para desmontar en alguna medida ese argumento algo masoquista que nos gastamos por estos pagos de que las universidades españolas son fábricas de parados, o que estudiar una carrera no sirve de gran cosa. En un contexto de crisis los universitarios sufren algo menos que otros colectivos, y aumentan su presencia.

Quedaría por analizar si ha habido aumento o reducción de la brecha de género en el paro. Brevemente, también aquí se produce un estrechamiento de la diferencia entre hombres y mujeres, pero menor, de décimas, de forma que la composición por sexos del paro es casi idéntica a la de 2008, un 53% para hombres y un 47% para las mujeres.

La brecha de género, por tanto, puede considerarse que no sólo no se ha abierto, sino que se ha cerrado, lo que puede constituir en alguna medida una sorpresa. Podría contestar al comentario aquel de “Si fuera hombre de 40, ya tendría trabajo” -respetando por supuesto las circunstancias de cada uno- que eso dependería mucho del nivel de formación alcanzada por el hombre de 40, y que , desde luego, dentro de lo malo, les ha ido bastante menos dolorosamente a las mujeres de 40 con formación de Enseñanza Secundaria y categorías superiores.

No parece la brecha de género un problema que haya aumentado en la crisis y con la crisis, lo cual estaría en parte corroborado por la Encuesta de Estructura Salarial (INE), que muestra, otra cosa sería escandalosa:  una disminución progresiva de la diferencia entre salarios por sexo para la misma ocupación.

Aunque aquí lo grave es saber porqué existen esas diferencias a día de hoy, al menos puede decirse que la tendencia es a la disminución en todas las ocupaciones salvo en una: técnicos, profesionales y científicos de la salud y la enseñanza, única ocupación donde la brecha salarial por género ha aumentado para las mujeres.  Se ha pasado de una situación casi igualitaria a otra en la que las mujeres cobran aproximadamente un 15% menos de media que los varones.[1]

Son otras brechas las que se han abierto muy marcadamente con la crisis: la de la formación con un saldo muy desfavorable para los no formados, y algo potencialmente muy perjudicial, la de la edad, con un castigo demoledor sobre los más jóvenes de cualquier nivel de formación.

No es positivo para el futuro de un país que la parte más joven de su mano de obra, con práctica independencia de su formación, este soportando tasas de destrucción de empleo que vayan del 30 al 60%: es impedir el progreso profesional y vital del futuro del país. La emigración es buena para el individuo, si no queda otra, pero supone una importante descapitalización de la economía que traerá problemas futuros.


[1]    La Encuesta de Estructura Salarial solo ofrece datos de 2008 a 2010, por tanto faltan dos años para poder comparar todo el periodo disponible.