Se acaba un folletín

Jelloun
 
Debo confesar, en primer lugar, que mi intención inicial no era escribir sobre la dichosa Opa sobre Endesa. Nada mas lejos de mi intención hace tan sólo unas horas. Pero confieso que no he podido resistirme a la tentación ante la avalancha de noticias, imágenes, resúmenes de la historia, comentarios sesudos y exabruptos de tertulianos que han caído sobre nuestras cabezas desde que a media tarde de ayer hemos conocido el acuerdo alcanzado por la empresa alemana E.on con sus competidoras Acciona y la empresa pública italiana Enel para “poner fin a la notable incertidumbre” y retirarse de la puja por Endesa a cambio de quedarse con jugosos activos de ésta.

Y teniendo bien presente las recientes y brillantes observaciones de nuestro Polonio sobre los vicios de tantos tertulianos, dejaré claro de entrada que no me importa pronunciar esas cinco palabras que tan a menudo echamos en falta en ellos. A saber, que no tengo ni p… idea ni del mercado bursátil ni de los peligros o ventajas que, al calor de esta bronca pelea empresarial,  se ciernen sobre el mercado de la energía. Pero la curiosidad me puede y deseando alcanzar algún conocimiento sobre este asunto me atrevo a apuntar tan sólo algunas datos sobre lo ocurrido para estimular   un debate y excitar el celo pedagógico de los blogueros más entendidos en estos menesteres.La retirada de E.on parece poner punto casi final a esta historia que empezó un ya lejano 5 de setiembre de 2005 cuando Gas Natural lanzó su oferta pública de adquisición de acciones sobre la totalidad del capital de Endesa (a 21,30 euros por acción), oferta rechazada por Endesa dándose inicio a una batalla legal que pronto adquirió resonancias políticas. Y es que aquella pugna Gas Natural-Endesa se solapó con la tremenda ofensiva político-mediática lanzada desde la oposición a cuenta del debate del proyecto del Estatut catalán y eso hizo que a los ojos de algún sector de la sociedad española el presidente de Endesa, el teatral Manuel Pizarro, apareciera como un quijotesco valladar –al que sólo faltaba el cachirulo maño en la cabeza-,  contra un imaginario expansionismo catalán que estaría favorecido, cómo no, por el Gobierno de Zapatero. La segunda parte de esta enrevesada historia, una vez retirada Gas Natural, ha sido la protagonizada por el intento de la alemana E.on por hacerse con la eléctrica –en esta ocasión con el beneplácito de los directivos de Endesa y de otros actores importantes como Caja Madrid-,  y el contraataque del tándem Enel-Acciona, con el desenlace ya conocido. En medio, los intentos del Gobierno de dificultar los planes de Eon con la consiguiente batalla jurídica en torno a la legalidad de sus medidas calificadas de intervencionistas por la empresa alemana y la Comisión Europea. En medio también la Comisión del Mercado de Valores (CNMV), cuya actuación fue denostada en la primera parte de la película por quienes veían sus acciones como fruto de la decisión del Gobierno de favorecer la Opa de Gas Natural y ha sido elogiada en los últimos capítulos por los mismos, que rápidamente han calificado de “gestos dignosâ€? los intentos de su presidente, Manuel Conté, de sancionar a Enel y Acciona.¿Será este el último acto del enredo? Parece que sí, aunque habrá que esperar unas semanas. Yo no sé que pensaría el común de los accionistas de Endesa sobre la situación que se estaba viviendo, pero si la encuesta que ha montado El País en su edición digital nada mas conocerse la noticia, aún sin valor científico alguno, es reveladora de su estado de ánimo parece que la tensión y las ganas de vender de una vez las dichosas acciones era el sentimiento preponderante.Los primeros comentarios sobre el desenlace de la Opa parecen ser coincidentes en que hay mas “perdedoresâ€? que  “ganadoresâ€?. Entre estos últimos, parece indudable que estarán los pequeños accionistas, sobre todo aquellos que hayan aguantado hasta el final la tensión de la larga y compleja batalla. Recuérdese que la puja por acción empezó con  26 euros y acabará en más de 41. Y cabría esperar que los consumidores sean los otros beneficiarios ganadores en la medida en que la diversificación de las empresas con presencia en el mercado español debiera redundar, por aquello de la competencia, en reducción de tarifas. Habrá que verlo. Lo ocurrido en el mercado de las Telecomunicaciones no es un precedente muy esperanzador, que se diga.Los perdedores parecen muchos, en diversos grados. Desde las empresas –Gas Natural primero, E.On ahora-, que han ido renunciando a sus planes iniciales, a los actores secundarios como Caja Madrid que, queriendo decantar la batalla a favor de la empresa alemana calculó mal y finalmente ha vendido por debajo del precio que se paga en el mercado (¿Pedirá alguien responsabilidades a los directivos de Caja Madrid por su muy poco afortunada jugada?) .Perdedores en la política, desde el Gobierno, que se verá enfrascado en diversos frentes judiciales, en España y en Europa, hasta la oposición con un PP que se queda, como ha dicho algún comentarista económico, “colgado de la brochaâ€?, al haber apostado a la carta de E.on, no se sabe si porque esa era la que parecía contrariar más al Gobierno. Una derecha que hacía aspavientos patrioteros cuando la Opa la protagonizaba una entidad española como Gas Natural, por ser catalana, y luego ponía alfombra roja –ahí el papel de Caja Madrid, por ejemplo-, a una entidad como la “E.on Zwölfte Verwaltungs GMBHâ€? que como española no suena mucho ¿verdad? Ciertamente el Gobierno siempre podrá alegar que si al final ganan los pequeños accionistas y los consumidores, nada habrá que objetar al resultado.Pero ¿era sólo eso lo que estaba en juego? ¿Se ha evitado un mal mayor? Dice Solbes, con la flema que le caracteriza, que Endesa no se trocea, que sólo hay una “reubicación de activosâ€? –me encanta este hombre-, y que la presencia de E.on en el mercado español será positiva. Tal vez pueda mantenerse que Endesa  queda en manos españolas pero será a un precio que no se hubiera imaginado pagar hace unos meses,  y el Gobierno, en todo caso,  está a los pies de los tribunales y con una CNMV en entredicho y descabezada. Quizás lo que ha prevalecido en su actuación haya sido, por encima de otras consideraciones, el mostrar autoridad, “demostrar quien mandaâ€?, que no se podía pasar por encima de quien debía velar por los intereses generales en un asunto que afecta a un sector de interés estratégico como es el de la energía.

¿Ha dado España una imagen, ante los mercados internacionales, de país intervencionista? La pugna gobierno – oposición con las muestras de intervencionismo por ambas partes, habría dañado la imagen de seriedad y fiabilidad del país. De “España S.A.�, por usar la expresión ocurrente del Financial Times. Sin embargo, para aceptar sin más esta imputación, debería explicársenos por qué es intervencionismo el intento de mantener un cierto control sobre el sector eléctrico en España y no lo es el mismo -o mayor-,  control  público de este sector y de las empresas involucradas en otros países, como Alemania o Italia.

Hay, por supuesto,  muchos interrogantes que quedan abiertos. Se ha destacado en las primeras horas tras conocerse la noticia el silencio de Endesa, y el particular mutis del hasta ahora locuaz Manuel Pizarro propietario de 100.000 acciones de la eléctrica (un 0,01% del capital) Endesa. Una Endesa que ayer mismo volvía a reiterar públicamente a sus accionistas la recomendación de la venta a E.on, a la misma hora prácticamente en que la alemana pactaba el acuerdo con sus competidores.

Otros interrogantes afectan al futuro de la CNMV. Por cierto, el ya inminente  expresidente de la misma, Conthe, no añade claridad a sus polémicas actuaciones –en este y otros temas de su competencia-, con la decisión de pedir su comparecencia ante el Congreso de los Diputados para explicar su dimisión, cuando debiera hacerlo ante quien le nombró, que es el Gobierno.