¡Salvados!

LBNL

Ya está, ganó Syriza y con toda probabilidad, Tsipras será el nuevo Primer Ministro de Grecia. Por la campana quizás pero salvados al fin y al cabo, porque el resultado de las elecciones griegas va a poner punto y final a la absurda política de “austericidio” que Europa lleva poniendo en práctica desde hace más de un lustro, con resultados desastrosos, tanto económicos y sociales como políticos. A la vista están los efectos de la voladura gradual del Estado del Bienestar: nacionalismo, xenofobia, populismo…. Por si el liderazgo del Frente Nacional en todas las encuestas galas no era suficientemente preocupante, ayer los neonazis se auparon al tercer puesto en Grecia…

En gran medida ello es consecuencia de lo particularmente desastroso que ha resultado el “austericidio” para Grecia, donde la receta ha agravado la enfermedad (la deuda ha subido del ya alto 125% previo a ser rescatada, hasta el alucinante 175% del PIB actual) y causado daños colaterales brutales (pobreza desconocida en países desarrollados, paro, desesperanza). Pero la austeridad a ultranza también ha tenido efectos perversos para los demás “deudores” e incluso constituye una amenaza para los acreedores, que con deudas públicas crecientes y ninguna perspectiva de crecimiento, tienen cada vez más difícil cobrar todo lo prestado.

Así que salvados todos, también los acreedores, porque la victoria de Tsipras va a servir de coartada para aceptar una serie de compromisos – que se saben inevitables aunque nadie quiere reconocerlo oficialmente – que van a permitir cobrar la parte recuperable de la deuda pública griega, que resultaría impagable en su totalidad en las condiciones originalmente acordadas.

Recientemente Grecia ha conseguido por fin ofrecer un superávit primario, es decir, generar más ingresos públicos que gastos excluyendo el pago de la deuda pública. No lo ha hecho creciendo sino aplicando a rajatabla las recetas impuestas por la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI). Me encantaría ser capaz de cuantificar cuánto antes habría  conseguido Grecia el mismo resultado si en vez de centrarse exclusivamente en rebajar los gastos, se le hubiera ayudado a incrementar el crecimiento.

Grecia necesita muchas reformas, sin duda, y Tsipras ha declarado la guerra al Estado clientelar, la corrupción, la evasión fiscal y la economía sumergida, que no está mal. Pero si el primer rescate hubiera tenido lugar en las condiciones en las que tuvo el último (alrededor del 1% frente a un 6%), habría podido destinar una cantidad mucho menor al servicio de los intereses gastándolo en políticas activas de crecimiento, que habrían generado mayores ingresos públicos, lo que a su vez habría infundido confianza en los mercados, etc, etc, todo ello con un sufrimiento social infinitamente menor. Recordemos que a día de hoy 3 millones de griegos (casi un tercio de la población) vive por debajo de la línea de la pobreza y el paro es el 27% (un alucinante 60% entre los jóvenes).

Lamentablemente todo se hizo al revés, mal y tarde. Después de que el Gobierno socialista del PASOK revelara que el gobierno derechista anterior había falseado las cuentas públicas (con la inestimable ayuda de Goldman Sachs) para entrar en el euro, Merkel pospuso unos meses el primer rescate por intereses electorales internos y, como ya se ha dicho, finalmente las condiciones ofrecidas fueron todo menos conducentes a que el rescate pudiera servir a Grecia para salir del hoyo. Fueron necesarios muchos meses de sufrimiento y recortes brutales sin que la macroeconomía diera señales de reactivación, para que los grandes poderes europeos dieran su brazo a torcer y aceptaran un segundo rescate a un tipo de cambio sustancialmente menor, que incluía una quita considerable (una media del 60%) para los acreedores privados (porque Merkel se empeñó, todo hay que decirlo).

Grecia debe unos 315.000 millones de euros, un 70% de ellos a la Troika, principalmente al BCE y al mecanismo de rescate financiero montado por la UE (el denominado MEDE). En realidad su tipo de interés medio es inferior al 2,5% (por debajo del tipo medio de la deuda alemana) y una gran parte de los préstamos tiene un periodo de amortización muy largo (hasta los 40 años). Aun con todo, dado su impresionante volumen, debe destinar alrededor del 4% del PIB a su devolución. Es decir, que Grecia está condenada durante varias décadas a dedicar un porcentaje considerable de la riqueza que genera a devolver los préstamos recibidos. Siendo ello grave, lo peor es cómo está montado el chiringuito. Para poder ir haciendo frente al servicio de la deuda, Grecia necesita que la “Troika” vaya tranfiriéndole trimestralmente lo que va a ir necesitando. Ahí es cuando la “Troika” aprovecha para apretar las tuercas: de acuerdo, le mando el dinero en cuanto me ponga fin a la moratoria sobre los desahucios y me cierre esa empresa estatal que presenta pérdidas. Y no, no puedo aceptar ese nuevo programa que propone para que los hogares más pobres tengan electricidad.

Tanto la derecha como la socialdemocracia han aceptado el chantaje. Y el PIB se ha ido hundiendo. La cuestión es si Tsipras será capaz de hacerles frente y salirse con la suya.

Hace sólo algunas semanas, cuando Syriza forzó la convocatoria de elecciones anticipadas bloqueando la designación parlamentaria de un nuevo Presidente, los “austericidas” saltaron inmediatamente al ruedo con todo tipo de amenazas, incluida la expulsión del euro, algo inviable jurídicamente (no hay ningún procedimiento para expulsar a un Estado del euro) y políticamente (provocaría un daño inmenso a la credibilidad de la Unión Europea). Algunos llegaron a sugerir sortear el primer obstáculo a base de salirse todos los demás del euro, creando una nueva moneda única y dejando a Grecia sola dentro. Aparte de impracticable técnicamente (imaginen lo que costaría que los demás miembros de la eurozona se pusieran de acuerdo para hacer eso y sobre las condiciones de la nueva moneda), en los últimos días se han ido imponiendo voces más razonables.

Europa no puede chantajear a la población de un Estado de esa manera y más bien debe adaptarse a los nuevos equilibrios democráticos de cada Estado, de la misma manera que incorpora a la ecuación lo que siente la opinión pública alemana.

Por su parte, Tsipras ha ido también moderando su discurso y lanzando puentes de entendimiento. En una evolución similar a la del discurso de Podemos, Syriza ahora plantea la reestructuración de la deuda (una combinación de bajada de tipo de interés, alargamiento de los plazos para el pago y quita). Reducir las cantidades al servicio de la deuda le permitiría reunir los fondos para lanzar su anunciado rescate humanitario a ese amplio sector de la población que simplemente no tiene cómo afrontar las necesidades más básicas.

Parece que Tsipras necesitará un par de diputados de otra formación. Eso le servirá también como coartada frente a sus bases; no olvidemos que Syriza es una coalición estilo IU con algunos socios internos muy rojeras.

Tsipras ha dejado de ser una amenaza para pasar a ser una realidad, uno más dentro del Consejo Europeo, cuya próxima reunión (si el dramático empeoramiento de la situación en Ucrania no fuerza una reunión extraordinaria) está prevista para finales de febrero. Veremos cómo se comporta en las próximas semanas, pero seguramente aplicará aquello del chiste: si le debo 50 mil euros al banco, tengo un problema, pero si le debo 50 millones, es más bien el banco el que lo tiene.

En efecto. Expulsar a Grecia del euro no es posible, pero en el supuesto de que la nueva Grecia se desmarcara unilateralmente de sus acuerdos con la “Troika” el BCE podría perfectamente dejar de prestar financiación a los bancos griegos, que la necesitan tanto o más que los españoles para funcionar diariamente. Bastaría con la mera amenaza de hacerlo para que la bolsa griega registara un bajón brutal. Pero claro, imaginemos que Grecia respondiera amenazando con declarar un “default”, un impago total de la deuda. De pronto seríamos todos los demás los afectados seriamente. El BCE tendría que anotar unas pérdidas de varias decenas de miles de millones de euros que Grecia le debe. Y el MEDE tres cuartos de lo mismo. ¿Y adivinen qué? El BCE y, sobre todo, el MEDE, somos todos nosotros. A grosso modo, Grecia le debe a España unos 34 mil millones de euros, juntando lo aportado a través del MEDE, BCE y FMI. Eso es más o menos lo que destinamos a prestaciones por desempleo durante año y medio. O dicho de otro modo, un boquete en nuestras cuentas públicas con el que no contábamos. Como tampoco Alemania o Francia.

Así que igual todos tienen incentivos para negociar con calma y pragmatismo para salir de la imposible situación en la que con nuestra ceguera y desidia hemos ido poniendo a Grecia, con la inestimable colaboración de sus dirigentes políticos, a los que el pueblo ayer  dio la patada.

PD: Los más veteranos de este foro podrían hacerlo, pero ya lo hago yo por ellos. En el pasado he pecado de entusiasmo o ingenuidad, tanto cuando ganó Obama (la primera vez) o más reciéntemente, cuando Hollande llegó a la Presidencia francesa dispuesto a poner coto a las ínfulas austericidas de Merkel. Obama no cerró Guantánamo, Hollande se bajó los pantalones y nombró a Valls… Pero Tsipras es distinto: Syriza y Podemos, ven-ce-remos! 🙂