Salgado que entras en el ministerio…

Sicilia

Recientemente se ha producido el relevo en la Vicepresidencia Económica del Gobierno que se completaba el pasado miércoles con la dimisión del hasta ese momento Secretario de Estado de Economía, David Vegara. Largo y tendido se ha especulado con la oportunidad del momento del cambio o la idoneidad del perfil de los entrantes, el tiempo dará y quitará razones, que para eso es implacable, pero el caso es que las dos bajas comentadas, especialmente esas dos, ejemplifican el cambio radical que ha experimentado la coyuntura económica nacional desde 2004 a esta parte.

Podría decirse que salen dos excelentes técnicos, conocedores del detalle de la coyuntura y de gran parte del engranaje de la macro, economistas al uso de la línea ortodoxa (para ser justos, la única de la que se podía ser hasta hace ni medio año, para que no te tildasen de extravagante), mientras que entran –a falta de conocer el relevo de Vegara- brazos ejecutores, que “hagan más” aunque no sean tan duchos en “explicar mañana porqué lo que se predijo ayer no ha sucedido hoy”, como dice el chascarrillo al efecto de qué hacen los economistas.

A lo largo de los siguientes párrafos se enumeran algunos elementos del panorama económico que la Vicepresidenta Salgado y su aún desconocido lugarteniente, observarán desde el puente de mando, y se comenta, cómodamente desde la barrera, alguna vía posible de actuación a abordar. Seguro que no son las únicas posibles.

 

  • España vuelve a ser el país con mayor tasa de paro de la UE27

Es un enunciado duro pero cierto. Bien es verdad que siempre se ha estado en el grupo de cabeza en esta variable, y que apenas en alguna ocasión durante la pasada legislatura se ha logrado estar bajo la media de la Eurozona, pero desde que la crisis reciente se precipitó, el problema ha estallado de forma virulenta. Resucitan fantasmas relativamente olvidados, y vuelven a estar de moda los debates sobre el diferencial de paro español. ¿Es por motivos de composición de nuestras actividades, con alto grado de estacionalidad? ¿Es porque la negociación colectiva aquí es demasiado extensiva? ¿Porque hay una rigidez excesiva en los salarios? ¿Porque dependemos poco de la industria y mucho de otras cosas?

Todas las preguntas anteriores han generado artículos académicos de gente de sobrada competencia. Todos pueden discutirse en uno u otro sentido y todos tienen razón de alguna u otra manera. Viendo esto ¿Qué hacer?

Un curso de acción bastante razonable es que una economía que se desangra por el paro quizás debiera, donde fuera conveniente y con el debido cuidado, examinar el tema salarial al menos durante la crisis. No parece razonable que en medio de una contracción de demanda mundial y un contexto deflacionista, las subidas salariales tengan que ser las mismas que en períodos anteriores. Las empresas están ingresando desaforadamente menos y esto es innegable, el apelar a los años pasados de crecimiento puede ser correcto analíticamente, pero nulamente práctico hoy.

No estaría mal que los empresarios cuyo crecimiento en los beneficios ha cuadruplicado el crecimiento salarial en los últimos diez años, abandonaran en este momento la cantinela del coste de despido. No es creíble que con un 30% de temporalidad y un paro desbocado el problema del mercado laboral español sea, en este momento, si los nuevos contratos indefinidos deben tener 33 o 22 días de indemnización. Suena pueril.

Al mercado laboral español pueden convenirle reformas, sin duda, pero deben darse de vez en cuando otros mensajes distintos a “qué altos son mis impuestos”, “qué caro sale contratar”, “qué caro sale despedir”, “qué poco me ayuda el estado a x e y”.

El dialogo social es algo que puede arrojar resultados de gran impacto si se hace con esa intención, no apelando a él como parapeto.

 

  • Queremos competitividad

Uno de los factores de salida de una crisis siempre es el tirón que provenga desde el Sector Exterior. Lo que ha pasado con la competitividad de la economía española o de sus exportaciones es también un debate en el que se entremezclan evidencias en un sentido y en otro. Mientras que algunos argumentos defienden (por decir algo) con denuedo que nos vamos a pique por la evolución de los costes laborales unitarios, la evolución de las exportaciones y la cuota de mercado en el comercio de bienes y servicios dan una visión bastante diferente y mucho más positiva.

En este sentido hay una medicina que sirve para todos los problemas: productividad, innovación y vender productos mejores que el resto.

Hay otra que muestra una lamentable cortedad de miras, la de la reducción de los salarios o el empeoramiento de las condiciones laborales como herramienta competitiva. Esta explicación queda perfecta si se llama uno David Ricardo, vive en pleno siglo XIX y no ha visto el mundo ni por un agujero; en pleno siglo XXI en un país europeo occidental oír algo así es como oír que el hombre no viene del mono, algo contrario a la evidencia. Por muy bajo que caigamos, no podremos caer mas bajo que Rumanía, China etc. En este sentido, los que proponen esta vía como solución competitiva deberían argumentar cómo superaremos a dichos países, por ejemplo.

Es bueno fomentar la I+D +i, la internacionalización, etc. Tan bueno o mejor que eso aún, renovar el parque empresarial español.

Determinados perfiles de gestor siguen teniendo un gusto peculiar por trabajar en B, contratar en fraude de ley, usar la temporalidad como herramienta de presión etc. A menudo dichas actitudes coinciden con el recelo a crecer fuera, a innovar etc. Ese también es un factor competitivo de la economía nacional que debe renovarse de manera urgente. Lo bueno de esto es que se renueva solo, aunque a una velocidad más lenta de la deseada.

 

  • Inflación y Deflación

No nos volvamos locos, este es, ahora y en nuestro país, un debate completamente sadomasoquista en plan “a ver que catástrofe nueva puedo anunciar hoy”. Si la economía española está presentando en estos meses tasas de inflación negativa, se debe al efecto de la bajada de los precios del crudo.  La inflación, excluido este efecto, lo que se denomina inflación subyacente, está en un nada deflacionario 1,6%. Hoy por hoy no hay ninguna vía de agua aquí.

No obstante, siguen viejas cuestiones, la tributación diferencial de los hidrocarburos, que nos hace ser mas reactivos que los demás a cambios en los precios del crudo, y la famosa inflación de servicios española, mil veces explicada y nunca del todo satisfactoriamente. La penúltima actuación en esta línea es la trasposición de la Directiva de Servicios Europea; la hipótesis personal es que tardaremos en notar el efecto de esto tanto que no sabremos si se debe a ello o a otras cosas.

 

  • Las finanzas públicas

En este año y el que viene se barajan, para España, cifras de entre el 6 y el 8% de déficit público, principalmente por la caída de los ingresos y el aumento del gasto. La consigna lanzada a los cuatro vientos por parte de Obama y de Krugman es “barra libre” hasta que la demanda aumente.

Parece la solución más compatible y conveniente para la economía española, aunque todo en la vida tiene costes, el bajo endeudamiento del Reino de España (así nos llamamos en los mercados internacionales de Bonos Públicos) le proporciona margen sobre otros países del mundo. Que cada cual vea, pero la recesión mundial está garantizada este año y sin “chutes” de demanda veremos cuanto más. El concepto de “viva el déficit cero” debe dormir el sueño de los justos al menos unos dos o tres años.

 

  • “Sadismo-Cenicismo”

Salgado que entras en el ministerio te guarde Dios, retorciendo de mala manera los versos de Machado.

El toro que hay en la plaza es de los Miuras, no va a irse corriendo con que vea aparecer a la nueva Vice cartera en mano, y nos quedan aún varios trimestres de tortura. Estamos en plena vorágine de la crisis-manía, añadido a la crisis económica, que consiste en que todos los días todos los medios tienen que dar la noticia al respecto más espectacular y truculenta posible. Normalmente a los gobiernos se les dan cien días, no creo que Salgado cuente con diez. A la vuelta de la esquina tendremos los primeros datos de paro de Abril, la Encuesta de Población Activa del primer trimestre, la Contabilidad Nacional del mismo periodo etc. Todos van a ser horrendos en mayor o menor medida, y todos van a ser culpa de Doña Elena.

Es mucho pedir optimismo, ya que eso es meramente una cuestión de fe en el futuro. No es mucho, y es sensato, pedir un cierto equilibrio en los análisis: contrólense las manías, los sadismos (informativamente hablando, que lo que haga uno en casa es personal), y rebájese al máximo esa tentación tan poco caritativa de alegrarse de ver al contrario en apuros. Será mejor para todos.

Que haya suerte Vicepresidenta (y quizás, por qué no, Secretaria de Estado).