Sabrina estuvo allí

Marta Marcos

Cuando escucháis o leéis la palabra Francia, ¿qué os sugiere? Personalmente, pienso en pueblos de la Provenza, cada uno con su castillo de Pin y Pon, en pequeñas ciudades mediterráneas por las que pululan franceses, descendientes de españoles e italianos, y una mezcolanza procedente de diversos continentes. Para mí, Francia es, sobre todo, Toulouse, y, cómo no, París, el centro del país, y, para algunos, el centro del universo. Muchos conocemos la sugerente (y cara) capital francesa. Por supuesto, Sabrina, estuvo allí. Bajemos a la realidad. Hoy se celebra la segunda vuelta de las elecciones a la Presidencia de la República francesa, una cita que ha levantado gran interés en Francia y, ya puestos, en toda Europa. Después del fiasco del año 2002, con unas presidenciales en las que, para la segunda vuelta, competían el derechista Jacques Chirac y el ultraderechista y populista Jean Marie Le Pen, esta cita parece haber resucitado el interés de los franceses por la política. 

A las pruebas me remito. Por una parte, en la primera vuelta de las presidenciales, celebradas hace dos semanas, participó casi el 85 por ciento de los ciudadanos con derecho a voto, una de los porcentajes más elevados de los últimos años. Además, el debate televisado entre los dos contendientes que pasaron a la segunda vuelta. Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, fue seguido por algo más de 20 millones de franceses, es decir, una audiencia parecida a la de los grandes acontecimientos deportivos (fundamentalmente, fútbol: si es que nos parecemos más de lo que creemos).

Estos datos deberían llevar a reflexionar a los sesudos que claman ante el supuesto desinterés de la gente por la política: deberán hilar más fino, puesto que la realidad es siempre mucho más compleja. También se debe reconsiderar hasta qué punto se encuentra obsoleto el esquema derecha-izquierda. Es posible que, en muchos casos, no sirva para explicar la sociedad actual, pero lo cierto es que los dos candidatos representan, con bastante claridad, a una opción de derechas y una opción de izquierdas. No hay una diferencia abismal entre ellos, pero tampoco son opciones intercambiables. De nuevo, la sutileza entra en juego. Por otro lado, no conviene olvidar que la candidatura del centrista Baryou quedó tercera en la primera vuelta, con un porcentaje nada despreciable de votos, en torno a un 18 por ciento.

En el caso particular de Francia, gane quien gane, tiene ante sí retos formidables. No olvidemos que la victoria de Jacques Chirac en el año 2002 fue muy anormal. Ante el temor de que pudiera salir el racista y demagogo Le Pen, muchos franceses se vieron obligados a votar al desprestigiado Chirac, y, en muchos casos, con la nariz tapada. El veterano político tuvo una presidencia marcada por una cierta parálisis. Le salvó su actitud ante la Guerra de Irak, mientras que sus remilgos ante la Constitución Europea contribuyeron a la victoria del no en el referéndum en el que se votaba la ratificación del tratado.

Así, llegar a un acuerdo para salir del problema que tiene empantanada a la Unión Europea será uno de los asuntos a los que ha de enfrentarse el futuro presidente (o futura presidenta: no pierdo las esperanzas). Junto a ello, aparecen temas comunes a todos los países europeos: economía, problemas energéticos, medio ambiente…

Tan sólo deseo una mención especial a los problemas de la integración de los inmigrantes, sobre todo los de la segunda y tercera generación, puesto que constituye uno de los retos de la Francia de hoy. Desde luego, llamar “canallas� a los marginados de los barrios periféricos de las grandes ciudades francesas, con motivo de los disturbios de finales de 2003, no parece ser la solución ideal. En cualquier, buscar una vía para la integración de tantos jóvenes descendientes de los inmigrantes es una de las asignaturas pendientes de Francia.

De este modo, la Francia de los pueblos de la Provenza, cada con su castillo, de París y “La vie en rose�; la Francia que conoció Sabrina, también es la Francia de la mezcolanza de razas y culturas que se pregunta que fue de su “grandeur� y que será de su presente y su futuro. Parte de las respuestas se perfilarán en las elecciones de hoy.

Todas las encuestas, con variaciones, dan como ganador a Sarkozy. Por supuesto, siempre cabe la posibilidad, por pequeña que sea, de que las urnas den la sorpresa, esperanza a la que la candidata socialista se agarra como un clavo ardiendo. Pase lo que pase, no puedo por menos de mostrar mi admiración por esta mujer que, con todos sus defectos a cuestas, ha tenido que luchar contra los elefantes de su partido, primero, y contra la desconfianza, muchas veces fruto del machismo (aunque no siempre, justo es decirlo) del electorado, después. En cualquier caso, la solución, esta noche. Se admiten apuestas…

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