El lamento de IU

Rubén Ruiz-Rufino

Una de las consecuencias de las elecciones del pasado domingo ha sido la considerable pérdida de peso político de Izquierda Unida (IU). IU ha sido hasta la fecha la única fuerza nacional que elección tras elección ha tratado de disputar votos a las grandes formaciones políticas con un resultado crecientemente decepcionante desde 1996. Gaspar Llamazarres admitía, el mismo dia de las elecciones, su derrota pero lo hacía usando un discurso en parte victimista. Estaba claro que para Llamazares e Izquierda Unida, el desastre sufrido no era más que una consecuencia del “tsunami bipartidista” generado principalmente por “un sistema electoral injusto”. La pregunta que uno se puede hacer es si este discurso victimista tiene razón de ser y si verdaderamente la debacle de Izquierda Unida se debe fundamentalmente a las injusticias que genera el sistema electoral. En este blog, y en otros lugares, ya he defendido que nuestro sistema electoral es una institución que desde su inicio en 1977 ha logrado una estabilidad institucional que ayudan a explicar la impresionante evolución social, política y económica de nuestro país en algo más de 3 décadas. Cierto que el precio, en términos de representación política, ha sido alto. Tras 9 convocatorias electorales existe la certeza de que nuestras reglas electorales premian a las fuerzas más poderosas en las distintas circunscripciones. Eso explica que los partidos grandes nacionales hayan crecido pero también que los partidos nacionalistas con una fuerte implantación no hayan visto su peso reducido.

Izquierda Unida tiene, por tanto, cierta razón en su lamento. En estas elecciones IU ha ganado 963.040 votos (3.8%) y ha conseguido dos escaños. Una vez más, es la tercera fuerza política más votada y la sexta fuerza parlamentaria. Ante este panorama, la única via de escape sería reformar un sistema electoral que los “discrimina” de forma tan obvia. Una propuesta que en algún momento ha defendido IU, y que yo defendí en otro lugar, es la de añadir una circunscripción electoral de 50 diputados a nuestro sistema electoral vigente. El nuevo sistema electoral sería sencillo. En primer lugar, tendríamos una papeleta para votar a 350 diputados repartidos exactamente como hasta ahora y que serían elegidos con las mismas reglas empleadas desde 1977. En segundo lugar, tendríamos otra papeleta que emplearíamos para elegir 50 representantes pertenecientes a la circunscripción electoral. A esta nueva circunscripción, supongamos, solamente accederían aquellos partidos que obtienen al menos el 3% de los sufragios nacionales y los escaños se repartirián de forma totalmente proporcional.   

Cual sería el resultado? Usando los datos de estas elecciones podemos hacernos una ligera aproximación asumiendo que todos los votantes votarían siempre a la misma preferencia política. Esto es, los votantes del PSOE votarían al PSOE tanto en la papeleta nacional como en la provincial, y lo mismo para el PP y, por supuesto, para IU. Este supuesto, no es tan descabellado, en la mayoría de los países donde existen sistemas parecidos los votantes terminan votando a su opción política en ambos casos. Con estas condiciones, la siguiente tabla muestra los escaños que hubieran ganado los distintos partidos políticos si se hubiera empleado este sistema electoral.  

Partidos Voto %Voto Escaños provinciales Escaños nacionales Escaños totales
PSOE 11.064.524 43,64% 169 24 193
PP 10.169.973 40,11% 153 22 175
CiU 774.317 3,05% 11 2 13
PNV 303.246 1,2% 6 0 6
ERC 296.473 1,17% 3 0 3
IU 963.040 3,8% 2 2 4
CC 164.255 0,65% 2 0 2
BNG 209.042 0,82% 2 0 2
UPyD 303.535 1,2% 1 0 1
NA-BAI 62.073 0,24% 1 0 1

Tal y como se muestra, incluso adoptando la reforma electoral defendida por IU, la formación de Llamazares se quedaría sin grupo parlamentario. Ganarían dos escaños “nacionales”y se convertirían en la cuarta fuerza política del Congreso pero ya está; su peso relativo seguiría siendo muy escaso y continuarían habitando en en el difuso mundo del grupo mixto.

Ante esto, mi impresión es que el sistema electoral no es tan culpable de lo ocurrido en IU como la propia IU se empeña en decir. El sistema electoral que tenemos es el mismo que en 1993 otorgó a Julio Anguita 18 escaños y que en 1996 dió a Izquierda Unida 21 escaños. Nunca entonces, IU clamó tanto contra el sistema electoral a pesar de emplear la misma fórmula D’Hondt y a pesar de repartir los escaños de la misma manera que hace hoy.

Lo que diferencia entonces de hoy es que en 1996, Izquierda Unida ganó 2.639.774 votos y el pasado 9 de Marzo tan solo obtuvo 963.040 repartidos, además, de una forma muy dispersa. Por qué Izquierda Unida ha perdido más de un 60% de votos en 12 años es la pregunta fundamental que deberían plantearse los responsables de IU. Ciertamente una formación con tantas turbulencias internas y donde el propio lider de la coalición está permanentemente cuestionado no genera confianza en los electores. Tampoco la genera programas electorales con reivindicaciones alejadas de la realidad (permanencia en la OTAN) o con cierta carga utópica (Renta Básica).

Usando un argumento victimista basado en las injusticias del sistema electoral, Izquierda Unida no está enfrentándose al verdadero problema de su declive. El sistema electoral no es ni justo ni injusto, tan solo es un conjunto de reglas que transforma votos en escaños. El secreto de Izquierda Unida está, por tanto, en volver a despertar la ilusión y recuperar el apoyo de aquellos que una vez optaron por ella.