Rubalcaba y la unidad

Carlos Hidalgo

Cuando nos llegó la triste notica de la muerte de Rubalcaba me sorprendió la cantidad de gente que estaba sinceramente afectada por el fallecimiento del veterano político cántabro. Hasta yo mismo me sorprendí, sintiendo una tristeza que no esperaba, similar a la que sentiría con la muerte de un familiar con el que no has tenido mucho trato, pero al que tienes más o menos presente.

Y creo que ese sentimiento es más común de lo que parece; para varias generaciones de españoles y de españolas Rubalcaba era algo parecido a una figura familiar, sin necesidad de ser del PSOE o de haber estado siempre de acuerdo con él. Yo mismo era fan del Rubalcaba ministro, pero no lo era tanto del candidato, o del secretario general. Culpaba a Rubalcaba y a Pepe Blanco de la prematura caída de Zapatero. Y aun así siempre pensé que era una figura a la que tener a mano, alguien a quien consultar al moverse por los enredos y recovecos del Estado, como también lo pienso de José Enrique Serrano o de Elena Valenciano. Nunca pensé que fueran figuras a las que condenar al ostracismo, al ridículo o señalar con el dedo, con esa acusación que tanto he oído y leído a los partidarios de Pedro Sánchez en primarias: “traidor”.

Si algo no ha sido nunca Rubalcaba es un traidor. Y el homenaje fúnebre que se le ha hecho ha despertado no pocas apelaciones a la unidad y a que cesen las purgas con todos aquellos que no fueron partidarios de Pedro Sánchez en su momento. E incluso de los de aquellos que no mostraron el suficiente entusiasmo ante el líder.

Creo que es una apelación vana. Primero porque Pedro Sánchez se ha ganado, con los votos de militantes y de ciudadanos, estar donde está y no parece irle mal. No tiene ningún incentivo para querer cambiar de actitud. Segundo, porque algunas brechas se han hecho tan abismales que ya no tienen remedio. Y tercero, porque muchos de los que apelamos a la unidad, lo hacemos queriendo recuperar a un PSOE del pasado, que ya no va a volver ni es seguro que sea buena su vuelta. Cuando la historia te pasa por encima hay que ser capaz de reconocerlo, recoger tus cosas e irte a casa. O corres el riesgo de ser como los partidarios de Llopis en Suresnes.

No podemos recuperar a Alfredo Pérez Rubalcaba. Y me temo que tampoco podamos recuperar a algunos de los que todavía están con nosotros. Pero lo que nunca podemos perder son los valores que nos han dejado: la política como ejercicio de autoexigencia, servicio público, visión de Estado, la inteligencia como arma suprema y la humildad en el trato como modo de vida.

¿Unidad? No creo que el PSOE siga desunido. Simplemente se ha unido en torno a cosas diferentes a las que hemos conocido. Pero que las lecciones de Alfredo y de toda esa generación de políticos valientes, cultos, educados y exigentes no se pierdan. Las necesitamos para tener con nosotros a los Rubalcabas del futuro.

3 comentarios en “Rubalcaba y la unidad

  1. Rubalcaba no fue un líder, no lo pudo ser debido a su complejidad y a sus maneras.
    Lo que dice el articulista y también el artículo que nos proporciona PMQNQ es su inteligencia , y también su capacidad de servicio. Es cierto que las comparaciones son odiosas., en todos los sentidos del arco parlamentario.
    Pero no fue un líder , en el sentido en que ni Fleming ni Einstein fueron líderes ; tampoco Bertrand Rusell, a pesar del suicidio pacifista.
    El pueblo es rencoroso y abrupto , reacio con lo diferente y educado , y a lo sumo , como es el caso , presume de los servicios de porcelana heredados.
    Cuando la masa rocosa de afiliados tuvo su oportunidad mostró la frialdad que reserva a lo que sabe que no es de los suyos.
    Descanse en paz nuestro amigo Alfredo.

  2. Que bueno el artículo, Carlos. Una reflexión a la altura del personaje, que no es poco decir.

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