Rien ne va plus

LBNL

Se consumó el abstencionazo del PSOE y Mariano formará nuevo Gobierno tras diez meses de espera, tres investiduras, dos elecciones generales y una crisis morrocotuda en el PSOE de la que quién sabe si y cómo conseguirá salir. Sobre esto último, no puedo estar más de acuerdo con Miguel Sebastián sobre lo que debe hacer el PSOE a corto y a medio plazo. Pero tengo escasa fe en que le vayan a hacer caso los que, de hacérselo, serían rápidamente desalojados de sus poltronas orgánicas. Y me temo que incluso si el PSOE se regenerara como propone Sebastián, le costaría mucho volver a ganarse la confianza mayoritaria de la ciudadanía, ex votantes incluidos.

Es cierto que la abstención en la investidura no limita la tarea de oposición del PSOE, pero también dudo de la voluntad de llegar a compromisos del PP. Ya lo advirtió Mariano en su último discurso: no pretendan obligarme a deshacer todo lo hecho y hacer lo que no creo. Así que de oposición implacable me temo que poco, al menos hasta que el PSOE celebre su Congreso, elija a su nuevo Secretario General y se sienta con fuerzas para ir a unas nuevas elecciones. Entre tanto habrá negociaciones duras cada vez que el Gobierno ponga una medida sobre la mesa y al final el PSOE irá cediendo, contentándose con mitigar lo más duro de la acción de gobierno pepera. No es la mejor receta para conseguir recuperar la confianza de la ciudadanía.

Como ya vimos en el Congreso, Podemos no va a perder oportunidad de marcar la diferencia y escenificar que son la única alternativa real a la derecha neoliberal. Que son los únicos que podrían revertir la situación actual por la que la mayoría no sólo vive peor de lo que vivían sus padres sino que tiene la sensación de que vive mejor de lo que vivirán sus hijos. Yo coincido bastante con las denuncias de Podemos y lamento que el PSOE, que la socialdemocracia europea en general, haya aceptado gran parte de los postulados del pensamiento único neoliberal y se limite a tratar de suavizar el impacto de las supuestamente indispensables reformas estructurales que siempre afectan a los mismos, a los que menos tienen. Pero discrepo radicalmente de las recetas de Podemos para revertir la situación. No es sólo que las formas de sus líderes me provoquen rechazo y desconfianza sino que la mayoría de las supuestas soluciones que proponen han sido ya ensayadas y han fracasado. Syriza en Grecia es un lamentable ejemplo de cómo el populismo de izquierdas es al final mucho más populismo que de izquierdas.

Por eso me frustra tanto que el PSOE no consiga articular una propuesta moderna, progresista y eficaz, y sepa explicarla. He escuchado algunas propuestas de algunos militantes cualificados, pero lamentablemente el partido no las internaliza y margina o aparta a sus proponentes. Al contrario, tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez se limitan a rechazar las medidas del PP sin formular alternativas que permitan mantener el Estado del Bienestar teniendo en cuenta el saldo entre ingresos y gastos públicos.

Hace un par de años leí cómo David Cameron y Angela Merkel explicaban el declive económico, la devaluación de los ingresos reales, como consecuencia inpepinable de que Europa supone el 7% de la población mundial y el 25% de la producción económica, pero consume el 50% del gasto social mundial. Ergo, hay que reducir este último como poco al 25%. Parece inapelable pero no, es bastante falsario. Esa verdad absoluta sólo lo es en la medida en la que Europa esté dispuesta a comerciar libremente, sin barreras, con países como Bangla Desh, donde cientos de miles de personas fabrican camisetas para Zara y otros por una miseria. O con China, que contamina sin cortapisa alguna, al punto de que han empezado a poner algunos límites para evitar morir envenenados. O con Singapur, con el que aceptamos la libre circulación de capitales sin exigir unos mínimos estándares de transparencia fiscal. Así no es raro que se nos diga que no es posible subir los impuestos – ni siquiera el 1% a las SICAV – porque todos los ricos se llevarían su dinero fuera. Claro, porque les dejamos. Como a las empresas deslocalizar la producción e importar el producto libremente con un coste mucho menor. Ganamos todos, se nos dice. Para empezar, pagamos mucho menos por las camisetas y además nuestras empresas se centran en productos de mayor valor añadido, donde hay mucho más que ganar. Cierto, sólo en parte porque las economías emergentes ya no sólo producen materias primas y bienes sencillos y la deslocalización afecta a cada vez más sectores.

Pero ni el PSOE ni la socialdemocracia europea en general dan la batalla que sí dan los movimientos considerados anti-sistema, ATTAC en su momento y ahora Podemos y otros. Contra ellos se levantan rápidamente las voces neoliberales y también los de la socialdemocracia “sensata”: los aranceles no son progresistas. Y no lo son, pero la libre circulación de bienes, servicios y capitales tampoco lo es si no viene acompañada, como en la Unión Europea, de la libre circulación de personas, que ni se plantea pese a que, curiosamente los movimientos anti-sistema de izquierdas si la defienden.

Hoy empieza un nuevo curso político que no pinta nada bien. En el peor de los casos tendremos nuevas elecciones dentro de poco, con un PSOE todavía hundido y tras varias broncas en el Congreso que podrían incluso llegar a las manos. Y mientras tanto, el “conflicto catalán” se pudre con un plazo que va corriendo y que puede degenerar en quién sabe qué pero de seguro en nada bueno. En el mejor de los casos tendremos un nuevo Gobierno del PP algo más amable, menos ideológico y con el apoyo de Ciudadanos y el PSOE podremos seguir saliendo del paso, presumiendo de cifras macroeconómicas que no se traducen en mejoras tangibles para la inmensa mayoría de la ciudadanía, dándole aire a Podemos y compañía.

Por no hablar de los desafíos que nos esperan para dentro de un par de décadas, incluida la automatización digitalizada de muchísimos empleos más en cuanto la investigración consiga limitar al mínimo – está en ello – las fracciones de tiempo y distancia que harán que, por ejemplo, las operaciones de cirugía se automaticen, así como el transporte público y tantas otras operaciones que ya no requerirán del trabajo humano. ¿Tendrá la socialdemocracia una respuesta? ¿Estará alguien pensándola? Y en tal caso, ¿será capaz de explicarla frente al poderosísimo altavoz del pensamiento único neoliberal?