Retroalimentación

Jon Salaberría

El pasado sábado, 19 de julio, a pesar de que la fecha veraniega motivaba otro tipo de ocio diferente al televisivo, La Sexta y la corporación Atresmedia se marcaron el enésimo éxito en términos de share (1.483.000 espectadores y una cuota de pantalla del 18,9%) con el duelo dialéctico (sic) entre el eurodiputado, gurú televisivo y líder carismático de la formación Podemos, Pablo Iglesias Turrión (Madrid, 1978), y la ex presidenta de la Comunidad de Madrid y presidenta en ejercicio del Partido Popular madrileño, Esperanza Aguirre Gil de Biedma (Madrid, 1952), que intervenía mediante contacto telefónico. El enfrentamiento previo, con un toma y daca continuado entre las dos partes políticas, Partido Popular y Podemos, en la fechas previas, caracterizado por el trazo grueso de las acusaciones y por el recurso (pertinaz) de los populares a la identificación entre ETA y todo lo que se mueva en el espectro político en términos de acusación, garantizaba el morbo. La presencia de los periodistas de cámara, ejerciendo sus labores habituales de comisariado, añadía una dosis adicional de tensión. Tanto en el caso del enfrentamiento con los populares como con los periodistas adeptos a la causa popular, Pablo Iglesias y los suyos tuvieron el aperitivo de un choque que acabará en los tribunales: el flamante eurodiputado y líder político de moda ha denunciado tanto a su interlocutora política el pasado sábado como al periodista Eduardo Inda por vincularle, ambos, a la banda terrorista (felizmente derrotada y alejada de la posibilidad de protagonizar la actualidad política) y al chavismo venezolano, con la acusación de haber recibido del gobierno de Nicolás Maduro hasta 3,7 millones de euros a través de una fundación, CEPS, con la que Iglesias ha mantenido relación.

Les confieso que no he visionado en su integridad el debate de La Sexta Noche, sino fragmentos muy concretos. Y después de haberlo hecho, no me queda ánimo para hacerlo de forma completa. El eco del debate en las redes sociales (más de 100.000 comentarios en Twitter y más de 25.800 espectadores sociales) fue rotundo, y por ahí conseguí las primeras impresiones sobe el mismo. Siendo consciente de la parcialidad y la radicalidad de las valoraciones que se hacen en el corto espacio de 140 caracteres, el visionado de algunos de los cortes que les refiero no me ha dado una impresión mucho más tranquilizadora del que creía iba a ser un debate serio sobre conceptos. Conociendo de antemano cuál es el modelo de sociedad que maneja Aguirre, conociendo su ubicación en el ala más conservadora y populista de la derecha española, y conociendo lo que Madrid es tras sus muchos años al frente de la gestión de la Comunidad, tenía la curiosidad de conocer si esta vez, lejos del tiroteo de declaraciones sería capaz de argumentar, estricto sensu, frente al líder emergente, sobre propuestas. Concretando sobre los problemas que están en la mente de todos (empleo, precariedad social, arquitectura institucional, desafío territorial, etc.). y esperaba que el líder emergente concretara del mismo modo sus propuestas, toda vez que hasta ahora reconozco su acierto en los diagnósticos pero sigo sin conocer la realidad de sus terapias más allá de declaraciones muy generalistas, o propuestas muy osadas que necesitan de una explicación que las lleve al campo del posibilismo (p.ej. el impago de la deuda). Lejos de este debate, yo he encontrado el mismo reparto de puyazos que se había producido anteriormente en diferido y con remisión a los tribunales, pero esta vez en plató. 

Para mi sorpresa, compruebo que ambos próceres de la política quedan citados en La Tuerka, el espacio digital en el que Iglesias Turrión ejerce como realizador, guionista, presentador y monologuista, para continuar su duelo. Sin fecha cerrada, la matriarca de la derecha española, musa de otros radiopredicadores y de movilizadores de rebeliones cívicas, y el líder atípico de de una presunta izquierda no menos atípica y articuladora del descontento social, podrán seguir, me temo, su enfrentamiento en los mismos términos en que se ha desarrollado el anterior. Los que gustan de este tipo de morbo tendrán una segunda oportunidad, y preveo el mismo éxito de seguimiento en las redes sociales. Servidor no es muy cafetero, y se borra de antemano. 

En mi opinión, este episodio, que no considero muy edificante, es una muestra de dos fenómenos que corren paralelos uno al otro, con precedentes muy claros en algún país de nuestro entorno (pongamos que hablo de Italia), y que se concretan en: 

– El definitivo triunfo de un modelo de debate político en los medios en el que ha ganado el factor espectáculo. Nada que ver con las viejas tertulias, ambientadas con el humo de la pipa de Balbín en La Clave, ni con las del llorado Carlos Llamas en Hora 25, con un debate de ideas sosegado y profundo, que no estaba reñido con la pasión. A la figura del todólogo se le ha unido la del hincha. El triunfo en las pantallas y en las ondas, en definitiva, del sensacionalismo, que comenzó con las cosas del cuore, siguió con tertulias deportivas llenas de ronceros vociferantes, y se instala de lleno en el periodismo político. El próximo debate entre Iglesias y Aguirre en su programa se convertirá en un auténtico La Tuerka Deluxe. 

El comienzo de una auténtica batalla de populismos en la primera línea política española. La caída del bipartidismo PP-PSOE, el gran enemigo, el binomio a combatir, con la eclosión de formaciones ciudadanistas, de presunta vocación transversal y discurso populista, como C’s y UPyD (desde antes de 2008), se completa con el fenómeno Podemos, ha determinado el paso a un monopartidismo práctico y a una nueva dualidad, representada por estos dos líderes. Mientras, el protagonismo en este choque de trenes de dirigentes con perfiles como el de la propia Aguirre o el de Carlos Floriano indica a las claras que el PP piensa jugar la baza del tremendismo. Lo ha hecho en otras ocasiones, y lo va a hacer de nuevo. 

Monopartidismo práctico, porque la eclosión de Podemos ha fraccionado el voto del espectro de centro-izquierda sin que las difíciles sumas entre formaciones de ese ámbito puedan todavía conformar alianzas con posibilidades de gobierno. Y porque  pesar del hundimiento del PSOE y de la auténtica OPA hostil de los de Iglesias a una IU en ascenso, la formación del televisivo dirigente queda lejos de ser una opción con las centralidad necesaria para asumir esa responsabilidad. El PP, aún estando debilitado, sigue siendo en las encuestas la fuerza política mayoritaria y la única con guarismos capaces de nuclear acuerdos de gobierno. 

Y una nueva dualidad: el duelo político entre PP y Podemos, materializado en los términos que les comento, retroalimenta a ambas formaciones y les beneficia en sus mutuos intereses. El Partido Popular, con su línea estratégica basada en el ataque frontal a la nueva formación, y las propias respuestas de esta, fomentan entre su electorado, desmotivado, el miedo a una izquierdona colectivista y estatalista que empeoraría la situación con sus recetas, más propias (en su opinión) de regímenes latinomericanos que de un país europeo moderno. Podemos, ante los ataques, gana en simpatía. En ambos casos, los paganos son una Izquierda Unida discutida, que ha pasado de las mayores expectativas al miedo por su propia autonomía y, por supuesto, el Partido Socialista Obrero Español, la gran fuerza histórica de la izquierda española y principal vivero de votos del ascendente bloque de Iglesias Turrión. No en vano hemos conocido las prisas con las urge el eurodiputado a sus huestes a terminar de articular orgánicamente la maquinaria antes de que el proceso congresual de los socialistas pueda surtir el efecto que estos desean: la oxigenación y el relanzamiento. 

Como les decía antes, este panorama, tan atípico y novedoso en el devenir de nuestro proceso democrático, ha tenido un clarísimo precedente en Italia con el enfrentamiento de un gran bloque conservador nucleado en torno a Forza Italia y a la Liga Norte, y con un emergente Movimiento 5 Estrellas. Dejando de antemano clara mi constancia de la diferencia existente entre estos agentes políticos italianos y los sujetos españoles, el esquema de enfrentamiento es muy similar, con un centro-izquierda bastante disperso en ambos casos. De ahí la importancia de lo que este fin de semana, días 26 y 27, en Madrid pueda decidirse en un Congreso Extraordinario al que los/as socialistas españoles/as deben acudir conscientes de que es la definitiva. Pedro Sánchez mira a Matteo Renzi y le sitúa como uno de sus referentes políticos, como ya hemos comentado alguna vez en este lugar callejero. Ahora más que nunca, y ante este panorama, habrá que ver si se tomará en cuenta la experiencia del líder italiano para relanzar al PSOE y convertirle de nuevo en la fuerza central de la izquierda española y la articuladora de una gran mayoría social de progreso. 

Tarea necesaria, y tema ya de otro artículo.