Resultado predecible pero futuro incierto

LBNL

Ayer se confirmó en gran medida lo esperado y no me refiero tanto al pre, durante y post Barça-Madrid (¡qué gozada!) sino al resultado de las elecciones andaluzas. Mucho más inciertas son, en cambio, las repercusiones sobre el panorama político nacional de cómo se conforme la mayoría de gobierno en Andalucía en ausencia de mayoría absoluta.

La victoria de Susana estaba prácticamente descontada pero no por ello tiene menos mérito. Nunca había encabezado la lista del PSOE, cargaba a cuestas con el escándalo de los EREs y planea sobre ella la duda de su compromiso con Andalucía en vista de su cada vez más clara ambición nacional. Y encima está embarazada, que lo hace todo más pesado y seguro que generó dudas no confesadas a más de uno sobre su idoneidad como gobernanta siendo madre primeriza de un recién nacido. Ganó y lo hizo perdiendo poca cuota de voto (pasa del 39,6% al 35,5%), así que ¡enhorabuena!

El hundimiento del PP (baja del 40,7% al 26,6%) también estaba previsto y era lógico: candidato demasiado nuevo y de anuncio tardío unido al desgaste por la crisis, y eso sin contar Gürtel y demás. Pese a que desde Génova intentarán desviar la atención a lo de que el PSOE pierde frente a Podemos (que obtiene el 14,9% del voto), si tienen dos dedos de frente se les habrán puesto los pelos de punta con el resultado de Ciudadanos (9,2%), perfectamente replicable y superable en las autonómicas y locales de mayo. Podemos ya se había convertido en una realidad amenazadora para los demás – y especialmente para el PSOE – en las Europeas, pero Ciudadanos no era hasta anteayer sino un partido catalán con encuestas favorables fuera de Cataluña. Podemos ayer consolidó su ascenso espectacular de los últimos meses pero ya no parece tan imparable como hasta hace poco. Las elecciones de mayo y luego las generales de fin de año dictarán sentencia, pero mi interpretación es que han tocado techo, por su falta de solidez y estructura y también por Monedero, Venezuela y demás. En cambio, Ciudadanos ayer entró en liza y lo hizo erigiéndose como una alternativa sólida frente al PP – y en menor medida también frente al PSOE. Pero el PSOE ganó y gobernará, pese a la pérdida de votos. El PP no gobernaba y no gobernará.

Finalmente, IU consiguió sobrevivir (se queda en el 6,9%, frente al 11,3% en 2012) pese a haberse pringado con el gobierno de Susana y cargar con el sambenito de haber forzado la caída del gobierno, mientras que UPyD confirmó, una vez más, su incapacidad de llegar al electorado fuera de Madrid y las grandes urbes vascas.

Lo realmente interesante no es tanto analizar cómo quedaron ayer las principales fuerzas políticas sino los pactos potenciales que se plantean y, sobre todo, sus consecuencias de cara al panorama político nacional.

Susana ya advirtió que pactaría en función de sus intereses (que se supone coinciden con los de Andalucía), sin aceptar cortapisas de Ferraz. Con IU lo tiene difícil por el trauma de la reciente ruptura, y además los votos no suman. Pese a que Susana y Felipe hacen últimamente todo lo necesario para que aquélla sea percibida como sucesora política de éste, pactar una gran coalición andaluza con el PP sería un suicidio en el contexto andaluz en el que la narrativa jornaleros versus señoritos sigue parcialmente vigente. Podemos es una incógnita y embarcarse con ellos asegura un viaje lleno, como poco, de sobresaltos. En vista de lo cual, la opción más sensata es Ciudadanos. Los votos suman (56 escaños, la mayoría absoluta está en 55), pero los de Rivera plantean exigencias bastante severas, sobre todo en cuanto a transparencia y corrupción. Y no es descartable en absoluto que siendo un partido con una estructura tan frágil y novel, puedan sufrir vaivenes internos de importancia en los próximos meses y años.

Así las cosas, la hipótesis más probable es un gobierno en minoría con apoyos puntuales para cada uno de los grandes temas, lo cual requiere un acuerdo, siquiera pasivo, para la investidura, en segunda votación, con la abstención de varios a cambio de quién sabe qué compromisos y concesiones. En el fondo, se perfila la fórmula Zapatero de Gobierno, con la diferencia de que tanto en la primera como en la segunda legislatura, estaba bastante menos lejos de la mayoría absoluta y contaba con partidos autonómicos con los que pactar cuestiones “particulares” a cambio de su no beligerancia en asuntos generales.

Es lo que tiene romper el bipartidismo, pero bienvenida la incertidumbre y la obligatoriedad de dialogar y pactar con varias fuerzas a la vez y gobernar en coalición, de gobierno o en la práctica. Esperanza Aguirre, que tiene tanto de pérfida como de lista, ya lo decía el otro día: no tendrá problema en pactar con Podemos si se trata de plantar árboles… En la mayor parte de Europa funcionan así, compartiendo el poder, sin salvapatrias que dictan en sus cuadernos azules y se arrojan el mérito de todo lo bueno que acontece en el país. Es menos futbolístico pero mucho más sano y democráticamente saludable, porque la necesidad de conservar los apoyos obligará a que los que protagonizan escándalos dimitan inmediatamente y los nombramientos no se puedan repartir entre blancos y azules en proporción de 2 a 1.

Y para lo demás ya tenemos el “clásico” de ayer, en el que el Barça se impuso al Real Madrid.