¿Resignación?

Jon Salaberría

 Pues al final, lo que es la cosa, los resultados electorales que seguimos analizando dieron de nuevo un sopapo a las encuestas, y dejaron un panorama bastante más difícil de gestionar que en diciembre. No hubo sorpasso, no hubo esa clara mayoría de izquierda que diseñaban algunas encuestas con liderato de Unidos Podemos, el invento confluente referido sufrió una hemorragia sólo aliviada (qué cosas) por las maldades del sistema electoral, PSOE y Ciudadanos no vieron premiado su esfuerzo por construir una alternativa de gobernabilidad, y finalmente el Partido Popular aguantó con bien el tirón y recibió un plus en votos y en escaños realmente inexplicable cuando uno contempla el escenario diario de la corrupción rampante y recuerda la pasividad y la irresponsabilidad de Mariano Rajoy Brey, que se negó a llevar adelante el impulso y la iniciativa política que le correspondía como fuerza política más votada en diciembre. Como siempre, no por ausencia de ese valor que se le debería presumir en las cosas públicas a cualquiera, como se le presume al soldado en la guerra, sino por su ya legendaria voluntad táctica. Dejar que las cosas sigan su curso por sí solas, dejar pasar el tiempo y dejar que otros, en este caso Pedro Sánchez Pérez-Castejón y Albert Rivera, asuman los costes, el desgaste, y dejen expedito el camino.

Y así, no encontramos en un nuevo Día de la Marmota con circunstancias adicionales. Un déjà vu en el que sigue existiendo una constante agravada: la exigencia sobre el Partido Socialista Obrero Español, al que, pese al peor resultado electoral de su serie histórica en democracia, se le vuelve a imponer la carga de la decisión definitiva de la gobernabilidad del país. Fue así tras la cita de diciembre, fue así durante la campaña electoral, y vuelve a estar en primera página. La pasividad de Mariano Rajoy, rechazando la encomienda del Jefe del Estado, llevó a los socialistas al intento de construir la alternativa, misión en la que han quemado sus naves. Ahora, la presión lo es para que faciliten la investidura de un Rajoy que se mueve tímidamente en los preliminares. Presión comprensible cuando viene del lado de los sectores económicos afectos a la idea de la gran coalición o del gran pacto de Estado para la investidura y gobernación del país. Presión compresible cuando procede de los sectores de opinión publicada alimentados por aquellos. Incomprensible cuando procede de aquellos sectores de los medios presuntamente progresistas o de parte de dirigentes del propio Partido Socialista. La campaña de El País a favor de la implicación del PSOE en lo que sería una abstención activa se traduce en editoriales casi diarios que rozan lo obsceno y, no se engañen, el NO que el pasado sábado 9 de julio decidió por una aparente unanimidad el Comité Federal socialista está puesto en cuestión día sí y día también por esas baronías territoriales, algunas de nefasta gestión, dispuestas a la abstención mínima si con eso consiguen poner fin a la incertidumbre electoral y, especialmente, se consigue parar la máquina de campaña del Partido, al ralantí, para ir a lo que les importa, la contienda interna. El choque de trenes para la sustitución de Pedro Sánchez en la secretaría general del Partido, en cuya perspectiva los vientos del sur soplan de forma cambiante según los días…

En mi opinión, las cifras que arrojó el 26J deberían, al contrario de lo que está ocurriendo, descargar de presión al Partido Socialista para que la formación del auténtico Pablo Iglesias pueda recomponer los tiempos de su proceso político pendiente, así como determinar de forma autónoma su posicionamiento. Es una obviedad: el bloque político de centro-derecha que integran Partido Popular y Ciudadanos suman un total de 169 escaños que hacen inexplicable la presión adicional sobre sobre los socialistas. Hablamos de un abanico de posibilidades muy amplio para decantar la investidura a favor de Mariano Rajoy, en primera o segunda votación, y que permitiría al Partido Popular retomar el camino de la normalidad gubernativa, y que permitiría al Partido Socialista ubicarse en la oposición sin mayores traumas, y resolver su proceso interno de forma definitiva.

Llegados a este punto, a uno le asaltan una serie de dudas. Las mismas dudas que desde que comenzó este largo proceso electoral al que todavía hay quien le atisba un tercer asalto. ¿Hay que resignarse? ¿Es inevitable la continuidad del Partido Popular en el Ejecutivo sin que pueda hacerse viable una alternativa parlamentaria que les releve desde el ánimo de la reforma y de la regeneración democrática? ¿Hay que facilitar desde ya la continuidad de un Gobierno trufado por los escándalos de corrupción, por la mentira fiscal (*) y presupuestaria (**), por los manejos del déficit, por la decapitación de los derechos sociales y la disminución de los más elementales derechos de ciudadanía? ¿Es posible facilitar la continuidad de una aberración democrática que atiende al nombre de Jorge Fernández Díaz al mando del aparato coercitivo del Estado? ¿Se puede renunciar al NO o condicionarlo cuando es una auténtica exigencia ética?

Creo que no. Bien claro está que hay dificultades objetivas, severas, infranqueables. Es cierto: la campaña electoral y el proceso político vivido desde el 20 de diciembre de 2015 han dejado un panorama de tierra quemada y de puentes rotos entre las formaciones que pueden determinar el relevo democrático al Partido Popular. En ese escenario, bien difícil, los espacios de encuentro están acotados, minimizados. Los canales, prácticamente cerrados. El veto mutuo entre Unidos Podemos y Ciudadanos, las líneas rojas, las fuerzas divergentes que empujan a un entendimiento con el Partido Popular (Ciudadanos) o a una entente más o menos formal con formaciones nacionalistas disgregadoras (Podemos y coaligados), atrapando al Partido Socialista en el fuego cruzado, determinan la práctica imposibilidad del acuerdo. Pero a pesar de todo la resignación debería estar desterrada de las intenciones. Desde ya. Por necesidad democrática y moral.

El NO socialista a la investidura de Rajoy, innegociable y formando parte del elemental compromiso con el electorado es un buen fundamento para permanecer en la oposición y comandarla. No me cabe duda. Pero mientras las posibilidades de un sistema parlamentario sean las que son, esta posición de firmeza debe complementarse con la intención constructiva. Es la posición, fuera de toda duda, de José Antonio Pérez Tapias, miembro del Comité Federal del Partido Socialista, en su día candidato a la secretaría general y siempre partidario de una entente de las fuerzas de izquierda. Afirma, contundentemente, que por lo que toca al PSOE, debe mantener el NO a Rajoy con todas las fundadas razones que hay para ello. Y Pedro Sánchez, haciendo trabajar ese NO para que sea coherente, debe convocar un pacto a favor de un gobierno alternativo al de un PP antisocial, autoritario y lastrado por su corrupción sistémica. Siendo así, el liderazgo del secretario general del PSOE será efectivo política y socialmente, y también capaz de llevar a Europa la voz de una España con conciencia de su dignidad democrática.

Pérez Tapias, claramente, pide la reconstrucción de puentes con Podemos. Los compañeros y compañeras de Espacio Alternativo vuelven a posicionarse en la hipótesis que manejan desde la precampaña de 2015: el acuerdo, sobre las bases de un programa de legislatura sobre mínimos, que implique a las fuerzas del cambio en una legislatura posiblemente corta pero de trascendencia reformista en el devenir de nuestro proceso democrático. La recomposición del diálogo entre socialistas y miembros de Unidos Podemos, que comenzó ayer mismo con contactos discretos encaminados a evitar el control por los populares de la Mesa del Congreso de los Diputados (algo que no se hizo con seriedad tras el 20D), y que implica a otras fuerzas políticas parlamentarias, es una buena piedra de toque para poner en común políticas de regeneración que puedan a su vez poner fin a lo que van a ser casi cinco años de rodillo popular. El inicio del diálogo entre fuerzas de la oposición debe poner la luz larga sobre la alternativa de gobierno, mientras pone la mira en el corto plazo de una oposición responsable que haga virar el rumbo de las cosas desde un Congreso más plural que nunca. Todo sin complejos.

El NO a Rajoy debe ser un NO a la resignación. Y la recomposición de relaciones entre agentes políticos progresistas debe formar parte de ese NO rotundo a la resignación. Pongan también aquí las luces largas dentro del debate posterior a los resultados electorales en los partidos de izquierda. Unidos Podemos debe aclarar las razones del fracaso de su estrategia de sorpasso al PSOE, la pérdida de votos y sus razones, la validez de la coalición y los acuerdos locales de confluencia, y algo muy importante: su estrategia negociadora entre comicios, que explica bien el hundimiento real de las expectativas. El Partido Socialista tiene ante sí, a su vez, el envite del proceso congresual, un proceso que debe ir más allá: a la reconstrucción del espacio socialdemócrata español, vapuleado desde 2010 y el gran pagano político de la crisis y sus consecuentes. Proceso en el que la mano tendida a los sectores posibilistas de Podemos significaría un empuje cualitativo. Es la opinión del veterano Luis Solana Madariaga, que desde su retiro de Nerja apoya que la nueva confluencia se base en esos puntales. Para administrar una Nación, hay que saber administrar cada pequeña cosa de una Nación. Vamos, que para cambiar una ley hay que saber debatir cada uno de sus artículos. Una tarea pesadísisma y muy poco llamativa para un escaparate callejero, pero o hacen eso o pasan a ser un partido marginal (Podemos). Importante (sin duda) pero marginal para cambiar la vida de las gentes. La experiencia de gestión de los socialistas y la frescura en las mejores formas de Podemos abre una ventana de oportunidad que no se puede desdeñar una vez en el campo de batalla electoral se ha acabado el ruido de los cañones. Momentáneamente, al menos.

(*) Las mentiras fiscales del Partido Popular: bajar impuestos o prometer bajadas impositivas antes de unos comicios, hacer lo contrario luego. Le ha tocado al Impuesto de Sociedades.

(**) Las mentiras del Partido Popular en cuanto al déficit presupuestario: Bruselas canjeará más recortes por la reducción de la sanción por el déficit.

Algunos/as, NO podemos resignarnos.