Reputaciones imperfectas

Senyor_J

El pasado martes saltaba la noticia de que el célebre cantaor Manuel Molina había muerto a los 67 años víctima de un cáncer. Todos los medios se hicieron eco de que el mismo se le había detectado dos meses atrás y que no había deseado recibir ningún tratamiento. Hace algo más de diez días también se daba la noticia del fallecimiento de Albert López, exjugador de balonmano del BM Granollers y e impulsor del proyecto “Vivir a contracorriente“, quien moría tras haber recaído en un cáncer de pulmón, durante el cual había optado por dejar la quimioterapia e iniciar un “tratamiento natural”, orientado al control de la dieta. En ninguno de estos casos se ha aclarado -al menos hasta donde yo sé- cuál era el pronóstico clínico de los mismos de haberse optado por un tratamiento de medicina convencional, pero ambos me han recordado el caso del multimillonario Steve Jobs, tengan o no similitud con él. El líder de Apple tuvo la desgracia de sufrir un cáncer de páncreas, de pésimo pronóstico muchas veces, pero operable en su caso, frente al que no tuvo otra ocurrencia que renunciar al tratamiento convencional basado en la cirugía para pretender superarlo mediante la ingesta de una serie de zumos naturales, con el resultado ya conocido y para su arrepentimiento posterior.

No sé si estos tres casos, pero si este último, sirven para poner sobre la mesa algunos debates. Por un lado, sobre la penetración y credibilidad que propuestas terapéuticas sin sustento científico alguno alcanzan en nuestra sociedad. Es comprensible que cualquier persona intente agotar todas las posibilidades frente a un pronóstico adverso, pero no lo es que ello conduzca a tomar decisiones irracionales, como en el caso de Jobs, o que corra el riesgo de caer en manos de todo tipo de falsos sanadores porque no existe una acción más activa contra todo tipo de fraudes asociados a la protección de la salud. Del mismo modo, es inadmisible moralmente que en nuestra sociedad los enfermos terminales o con pronósticos adversos no reciban ni el mejor tratamiento posible de nuestros servicios sanitarios (lo que, por cierto, incluye a los enfermos de Hepatitis C), ni el mejor asesoramiento médico posible en su situación, con el riesgo que ello implica de que sean fácilmente captados por todo tipo de chiringuitos. Asimismo, no es nada infrecuente que la elección por una solución alternativa tenga lugar más a causa del temor a los posibles efectos secundarios de un tratamiento que por las dudas existentes ante la eficacia del mismo sobre la enfermedad, lo que bien conduce en algunos casos que enfermedades sanables se vuelvan incurables. Dicho esto, es evidente que un enfermo tiene todo el derecho del mundo a decidir el seguir o no un tratamiento, pero no es aceptable que sus decisiones se vean influenciadas por los promotores de falsas terapias y falsas promesas.

Lo cierto es que somos una sociedad acostumbrada a convivir con todo tipo de propuestas fraudulentas enfocadas hacia la salud que no se encuentran en absoluto perseguidas. No importa que el reiki sea un engaño como la copa de un pino: hay gente que puede dedicarse a ello con pleno afán de lucro. No importa que no exista ninguna relación de causa y efecto entre la homeopatía y la sanación de cualquier trastorno: sus productos se comercializan en farmacias y cuentan con el respaldo de colegios de médicos y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Además, la irresponsabilidad con que los medios de comunicación dan cobertura a terapias falsas es realmente alarmante. Algunos casos han levantado una enorme indignación, como el de Mariló Montero y los limones en La Mañana de La1, y no es para menos: “Tenemos aquí un limón. Lo tienen en casa. Coja el limón, o la naranja, acérqueselo a la nariz, lo puede olor y, si aprieta un poquito, sale el olor y se puede llenar toda la casa. El aroma de limón puede prevenir el cáncer”. Lo cierto es que en programas y medios se cuelan con gran frecuencia todo tipo de personajes que aseguran saber lo que nadie sabe y disponer del remedio que todo el mundo busca, llámese cura contra el cáncer o dieta mágica. Hay programas en ciertos canales y emisoras, tanto públicas como privadas, donde los falsos sanadores tienen carta blanca para vender sus milagros y donde ciertas recomendaciones absurdas y carentes de base científica alguna, pueden presentarse sin que se produzca actuación alguna de las autoridades competentes, a pesar del daño que causa el estar difundiendo este tipo de falsas nociones entre la población.

Será por eso o por otras cosas que el programa de la Sexta,  “Equipo de investigación”, dedicó recientemente uno de sus programas al tema “Vendedores de milagros“. Por él desfilaban operadores varios, entre los que cabe destacar a Josep Pàmies y Teresa Forcades, quienes aparecían en el programa en un acto promocional de las bondades del MMS. El MMS es un producto-milagro que en realidad consiste en una solución que en un 28% está hecha de clorito de sodio y que al combinarse con un ácido, produce dióxido de cloro, un producto de evidente toxicidad pero del que aseguran que en dosis pequeñas puede curar un buen número de enfermedades (incluso el SIDA y el ébola, se llega a decir), si bien el principal reclamo es que actúa sobre la malaria. El instigador de su uso en España es Andreas Ludwig Kalcher, con quien han compartido mesa de conferencias y al que le encantan además las creencias esotéricas de variada tipología. Por su parte, Josep Pàmies es un vendedor de plantas a las que atribuye usos diversos en la mejor tradición de los curanderos de los relatos medievales y que se atreve a proponerlas como remedio a enfermedades graves sin tener ningún tipo de titulación sanitaria, mientras que la benedictina Teresa Forcades se dio a conocer por sus alegatos en la época de la gripe A y desde entonces ha ido marcando su perfil pro remedios alternativos, bajo la máxima “la industria nos roba y nos engaña, podemos curarnos de cualquier cosa con remedios sencillos pero no interesa”. La lógica de su pensamiento y su rigor científico queda perfectamente reflejado en algún video suyo sobre el MMS.

Pues bien, a Teresa no le ha bastado la dimensión alternativa, sino que es una persona comprometida con el futuro nacional y social de Cataluña, y es por ello que en tanto que impulsora de Procés Constituent, esta misma semana anunciaba su intención de ser candidata a las próximas elecciones catalanas, liderando incluso un proyecto de confluencia. Todo ello, unos días después de compartir escenario con Ada Colau en la campaña municipal barcelonesa. Sin ánimo de entrar en otras consideraciones, esta es una buena prueba de la indiferencia social que existe ante la proliferación de mensajes absurdos sobre la salud: no solo son acogidos con total tolerancia, sino que además el lanzarlos no supone ninguna dificultad para que sus emisores se propongan alcanzar liderazgos sociales. Más bien al contrario: su condición de monja, de crítica con las vacunas y de promotora de “medicinas” alternativas ha facilitado a Teresa Forcades el alcanzar una relevancia política superior a otros que solo contarían en su haber con sus esfuerzos en defensa de una sociedad más justa. Se trata una vez más de los beneficios de ser un personaje mediático, aunque se haya construido a base de meterse en debates pantanosos y contraproducentes como el de las vacunas y en apoyar con entusiasmo engaños y engañadores, con las consecuencias que ello tiene. Así estamos.