Renovarse o morir

Millán Gómez 

Izquierda Unida (IU) se encuentra en una situación grave. A buen seguro la peor situación de su historia. Debe elegir entre romper con su pasado o reformular sus posturas para hacerlas más atractivas de cara a la opinión pública. La disyuntiva está clara: o se cambia para bien o el partido se vería abocado a una desaparición prematura con el consiguiente trasvase de su electorado hacia el PSOE u otras formaciones de la izquierda nacionalista como ERC, BNG, Aralar, etcétera.

 

Este partido viene viviendo últimamente una caída sin freno elección tras elección. En las últimas europeas, terreno propicio debido a que había una única circunscripción electoral, podemos decir que limaron la caída al conseguir dos eurodiputados. No podemos hablar de una victoria ni mucho menos pero sí frenaron lo que parecía encaminado al precipicio. Desde el techo electoral alcanzado por Julio Anguita en los últimos años de Felipe González, esta formación no hace otra cosa que perder apoyos. Por algo será. 

 

IU necesita un Congreso Extraordinario donde se dejen de protocolos y teatro y analicen en detalle qué les está ocurriendo. Es evidente que no pueden luchar de tú a tú con el PP o con el PSOE pero una formación como IU no puede permitir los resultados que está obteniendo últimamente. Una vez que decidan qué camino tomar deberían aunar filas y no ir todos contra todos como es habitual en este partido. Existe el tal manido sentido de Estado pero en ocasiones también tiene que prevalecer el sentido de partido según el cual los críticos deberían mostrar sus posturas discordantes con la línea oficialista en un Congreso Extraordinario o en cónclaves semejantes. Y siempre, por supuesto, de puertas hacia dentro. Huelga decir el daño que le hace históricamente a la izquierda que los trapos sucios se laven delante de un micrófono. Muchos críticos encuentran ante la prensa su minuto de gloria y los afanes narcisistas prevalecen en ocasiones por encima de los intereses colectivos. En política, los objetivos personales hay que dejarlos a un lado. Lo contrario no es política, es otra cosa. 

 

Nos encontramos en un contexto político más que beneficioso para IU. Con cuatro millones de parados, el electorado progresista podría modificar el sentido de su voto y mostrar su confianza en IU. ¿Por qué no lo hacen? Porque no hay un líder carismático y conocido, sus bases están enfrentadas entre ellas y tanto el PSOE como los diferentes partidos de la izquierda nacionalista le están comiendo el terreno.

  

Para que IU vuelva a ser un partido medianamente fuerte necesita articular un discurso común de todas sus agrupaciones para mostrar una imagen de unidad y paz interna. Su objetivo debe ser el buscar el equilibrio entre no permitir que se les relacione con el radicalismo pero tampoco con un giro hacia el centro. En el primer caso se situarían en un ámbito prácticamente extraparlamentario y en el segundo caso los votantes preferirían votar al PSOE. IU, asimismo, debería articular un discurso claro y convincente sobre sus propuestas ante la crisis. Buscar antes la solución que la crítica fácil. Necesitan transmitir a la opinión pública iniciativas que permitan que el ciudadano los relacione con algo. IU tiene ante sí el reto de simbolizar una serie de soluciones progresistas. Tienen que desmarcarse del PSOE para ganar votos pero sin retirarles el apoyo en todo porque eso también lo castigaría el electorado. En definitiva, ser exigentes pero también justos. La crítica por la crítica sólo les relacionaría con el PP en las formas. Por ello deben cuidar el fondo. 

 

Buscar apoyos en los movimientos sociales también es obligatorio. Cualquier vínculo que estrechen con el ámbito de la cultura y las artes le resultará satisfactorio para sus intereses. Su rival es el PSOE pero también las fuerzas nacionalistas y autonomistas. Su objetivo tiene que ser marcar distancias entre ellos a nivel programático pero, cuando llegue la hora de cogobernar, no ir por libre en las coaliciones. 

 

Cayo Lara es un buen candidato. Campechano, directo y con apariencia más de sindicalista que de político. El cabeza de lista lo tienen. Ahora falta saber también si serán capaces de armar un grupo a su alrededor que reme con él y no le ponga palos en la ruedas. El PCE, que tanto ha luchado por las libertades en este país, debe reflexionar sobre su comportamiento durante los últimos tiempos. No se puede hacer política en el siglo XXI como si aún no se hubiera derribado el Muro de Berlín. Actualizarse no significar aparentar ser lo que realmente no eres sino adaptar tus ideas a la sociedad que pretendes mejorar.