Refugiados

LBNL

Ensimismados como estamos en nuestras vicisitudes – ¿Nuevas elecciones? ¿Dará Rajoy un paso al costado? ¿Sobrevivirá Podemos a la autodeterminación para Cataluña combinada con el centralismo orgánico al máximo? – apenas se oye/lee nada sobre la crisis dramática de los cientos de miles de migrantes que vienen llegando a Europa en los últimos meses. Y cuando lo hace es casi peor. Rajoy, que sigue representándonos en el Consejo Europeo, opta por no comparecer en el Congreso basándose en que no fue investido por su presente composición . Y Pedro Sánchez deja saber que de haber representado a España el 6 de marzo en el Consejo Europeo extraordinario, no hubiera aceptado el acuerdo al que la Unión Europea llegó con Turquía. Y nos atrevemos a acusar de demagogia a Podemos?

Las imágenes de los migrantes que mueren prácticamente a diario en el Egeo son desgarradoras como lo son las de los niños agolpados bajo la lluvia y el frío ante la frontera Macedonio-griega. No todos huyen de la guerra – más o menos la mitad no son sirio – pero es irrelevante: son personas en situación de extrema fragilidad que se la han jugado para llegar a Europa en busca de un futuro mejor. Pero no estamos dispuestos a alojarles a todos y gastar el dinero de nuestros impuestos en mantenerles hasta que mejore la situación en sus países.Y no tendría sentido intentarlo porque entonces llegarían muchos más: la brecha de prosperidad entre nuestra Europa deflacionista y de escaso crecimiento económico y el tercer mundo es tan grande que la oferta migratoria es ilimitada y por tanto inasumible. El Presidente de la Comisión Europea afirma que no tiene sentido que uno o dos millones de refugiados supongan un problema para una Unión Europea de 500 millones de habitantes. Y tiene razón. El problema es que hay varias decenas de millones de refugiados en el mundo y muchos de ellos con la mira puesta en Europa como territorio próspero y cercano.

Dado que el flujo de migrantes que llega desde Turquía no cesa, la semana pasada los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea aceptaron la sorpresiva oferta del Primer Ministro turco por la cual Turquía aceptará repatriar a todo migrante llegado a Europa desde sus costas a cambio de una serie de contrapartidas. Turquía exigió que las negociaciones para que Europa acepte que los turcos puedan viajar a Europa sin visado concluyan – con éxito – en Junio. Igualmente, la UE deberá aceptar sufragar con otros tres mil millones de euros – ya se comprometió a aportar tres mil millones para el periodo 2016-17 – el coste que supone la asistencia médica y educativa a los dos millones de sirios que aloja Turquía desde hace años. Además, la Unión deberá abrir varios capítulos de negociación para la eventual adhesión de Turquía y, muy importante, aceptar en Europa a un número de asilados idéntico al de migrantes repatriados a Turquía desde islas griegas.

Aquí está el meollo de la cuestión . Según el derecho internacional, todo demandante de asilo tiene derecho a permanecer en el país al que solicita el asilo hasta que su demanda sea tramitada. Si se estima que su vida corría peligro en su país de origen, es obligatorio concederle asilo. Si por el contrario se trata de un inmigrante por motivos económicos, su expulsión es perfectamente legítima. Los militantes de Derechos Humanos que reniegan del pre acuerdo con Turquía consideran que la expulsión indiscriminada de todo aquél que llegue desde Turquía – sin antes escudriñar cuántos son demandantes legítimos de asilo y cuántos no – supone una violación jurídica inaceptable. Más allá de que, como decía antes, en la actualidad sean más de cien millones de personas las que necesitan de ayuda humanitaria para sobrevivir por lo que si de verdad queremos ser solidarios deberíamos estar dispuestos a acoger a varios cientos de miles de pobres en nuestro país, lo cierto es que no huyen de Turquía sino de Siria o de Afganistán o Eritrea, por lo que la consideración de Turquía como territorio seguro – que lo es – eximiría de la obligación de acoger a los demandantes de asilo.

De ahí que Turquía eleve el listón de las contrapartidas que deberá recibir a cambio de aceptar quedarse con todos los migrantes que transitan por su terriorio. Y exija que Europa acoja a un número igual de demanadantes de asilo legítmos por vías legales.

No todo está arreglado. El Consejo Europeo volverá a reunirse a finales de semana para cerrarlo, seguramente otra vez en presencia del Primer Ministro turco, como la semana pasada. Turquía no respeta la separación de poderes, encarcela periodistas y mantiene una cierta complicidad con el Estado Islámico frente a los kurdos sirios, aparte de la amenaza que supone la deriva autortaria de Erdogan, pero no estamos en condiciones de poner condiciones porque si el flujjo de migrantes desde Turquía no dsiminuye, los movimientos anti-inmigración seguirán ganando peso en los diferentes gobiernoes de la Unión Europea. Baste el ejemplo del subidón xenófobo en las tres elecciones federalea alemanas.

El acuerdo con Turquía no es bonito y es caro pero es la única alternativa viable para poner coto a la deriva nacionalista que está teniendo lugar en varios Estados Miembros de la Unión Europea porque desde el momento en el que los migrantes sean devueltos a Turquía los demás recibirán un mensaje explícito de que no vale la pena gastarse los ahorros y arriesgarse a cruzar el Ejeo en zodiak. Si todo sale bien el flujo se reducirá significativamente y las muertes en el Egeo cesarán. Ojalá!