Reflexiones sueltas de una campaña de municipales y autonómicas

Guridi

 Ada Colau quiere imprimir moneda municipal si es alcaldesa. Es algo que me hace mucha gracia, porque la verdad es que Colau tiene unas facciones curiosas, que hasta recuerdan un poco al As de Oros en las barajas de Heraclio Fournier. Imagino perfectamente el ceño fruncido de los empleados municipales barceloneses al contemplar la posibilidad de ser pagados con ases de oros. Cómo dice Collboni en su lema electoral: “¡no jodas!”.

Se vive más feliz mirando las cabezas de lista que los que les siguen. Como, por ejemplo en Madrid: la omnipresente Carmena, por la presencia de algún insoportable matón de la facultad de Políticas. En el caso de Carmona, por cosas como meter con calzador y en puestos de salida a la novia de Manolo de la Rocha (hijo), que es más de Podemos que del PSOE. En el caso de Aguirre, por llevar a todas cabezas de la segunda y tercera fila de Gürtel que no pudo obligar a tragar a Cifuentes. Si sigue habiendo jueces después de las elecciones, seguramente llamen a más de uno a su presencia.

Hablando de Carmena, es increíble ver lo empalagosos que ciertos periodistas están con ella. Si se hiciera eso con candidatos de otros partidos, sería escandaloso, pero lo bueno de la nueva política es que puedes hacer antigua prensa de partido, pero de nuevas. A ver cuánto pasa hasta que le huela a quienes no tienen el olfato entrenado. Por cierto, no es obligatorio votarla, como no es obligatorio votar por nadie.

El PP está desesperado. Sus trampas y acarreos habituales se están volviendo más groseros. Ya les pillaron resucitando muertos mediante notario para hacerles votar por correo. Y ahora les pillan en Extremadura, Aragón, Ceuta, Galicia y Asturias llevando votos en mochilas a las oficinas de Correos, donde los gestionará algún funcionario amigo.

Los de Ciudadanos han recogido cuadros a toda prisa, con perfiles que se suelen repetir: abogados de provincias, tránsfugas de otros partidos (como el ególatra y tramposete Luis Salvador, que ya podría haberse ido antes del PSOE) y miembros de Falange, que ahora quieren aparecer en fotos bien peinados y cambiando la camisa azul por la chaqueta naranja, como si fueran comerciales bancarios. Rivera se va a encontrar con que este apresurado alistamiento de militantes le pasará factura más adelante. Si yo fuera Susana Díaz el 25 de mayo diría a Rivera que, a cambio de librarse de Chaves y Griñán, Ciudadanos tendría que eliminar a todos sus candidatos y militantes provenientes de Falange Española.

Si fuera Susana Díaz, también le diría a Podemos que no continuaría las negociaciones con nadie que no apareciera en las listas votadas en Andalucía, para que Iglesias deje de enviar negociadores de la Metrópoli a las provincias del Sur.

¿Y Zapatero? Zapatero sigue siendo el hombre en el suelo y me asquea que sólo se le saque a relucir para pisotear su nombre. Si miramos las cosas con perspectiva, veremos la abismal diferencia entre lo que había hace 4 años y lo que tenemos ahora. El reciente aniversario del 15M, lleno de autocomplacencia, suficiencia y adanismo, sólo me ha hecho recordar cómo los que aún siguen clamando contra “el bipartidismo”, consiguieron instalar el régimen de partido único de PP que sufrimos en la actualidad. Del 15M nos quedan reinvenciones de la rueda, manifestantes profesionales con columnas en digitales, nuevos periodistas de partido, bulos, decepciones y sectarios ciegos que creen que democracia es que todos tengan la obligación de votar lo que ellos digan. La ira recibida por José Luis Rodríguez Zapatero fue injusta y los hechos han demostrado que así ha sido. Otra cosa es que algunos aún pretendan confundir deliberadamente a Rubalcaba con Fernández Díaz, a Salgado con Montoro o a Gabilondo con el desagradable Wert. 

El 15M fue una llamada de atención sobre todo lo que iba mal y, como siempre, se ha transformado en un filón para gente con ansias de protagonismo, aprovechados, y un arma contundente para arrear en la cabeza al vecino.