Reflexiones en frío

Millán Gómez

 

El debate del pasado lunes se convirtió hasta la fecha en el momento más decisivo de esta campaña electoral y uno de las emisiones televisivas más seguidas de la historia de España. El primer y principal factor a destacar es la gran noticia que supone que se celebre por lo que representa en cuanto a higiene democrática y porque permite a los ciudadanos conocer a fondo las propuestas de cada uno de los candidatos. En una sociedad como la española, donde tendemos con excesiva frecuencia a acusarla de apolítica, los datos de audiencia avalan justamente lo contrario.

 

En lo que respecta al contenido del debate en sí, podemos destacar que ninguno de los presidenciables ofreció a la opinión pública nada novedoso. Ambos se limitaron a repetir lo que ya hemos venido escuchando hasta la saciedad durante toda la legislatura. Lo que sí sorprende relativamente es la confirmación de la línea más dura del candidato del PP, Mariano Rajoy. El presidenciable conservador, hartamente catalogado como un supuesto moderado que no tiene reflejo en su acción política, no consiguió atraer el voto del centro. Por lo tanto, podemos decir que el objetivo básico que el PP teóricamente se planteaba para esta cita cayó en saco roto. Resulta muy complicado considerar que el discurso de Rajoy haya atraído el voto del electorado moderado e indeciso dada su sarta de mentiras y exabruptos que desmenuzó durante la hora y media de debate.

Zapatero, por su parte, demostró defenderse mejor ante las cámaras y, desde el prisma gestual, ganó claramente puesto que su discurso es perfectamente acompañado por expresiones que apoyan sus afirmaciones. El candidato a la reelección inspira mayor confianza y no cometió tantos errores como el popular.

 

Rajoy perdió a los puntos en un contraste de ideas donde tenía más que ganar que perder. Cometió el error de desconocer qué es un bonobús, que para algunos jóvenes como un servidor, que somos un poco pez en materia económica, es un producto donde notamos con claridad ese eufemismo adornado como “desaceleración”. Rajoy dijo que “los datos macroeconómicos no los entiende nadie”. Hombre, bien es cierto que existe una hinchazón informativa y política de datos macroeconómicos cuando a los ciudadanos les preocupa en gran medida la microeconomía en su vida cotidiana. De todos modos, un candidato al Gobierno de España no puede realizar tal afirmación. Si él no los entiende, apaga y vámonos. 

 

Rajoy se mostró quizás más suelto en algunos tramos del debate, frente a una actitud de Zapatero excesivamente sistemática donde hay poco lugar a la libertad de movimientos. A pesar de ello, el conservador exagera por momentos los gestos, lo que denotó un mayor nivel de nerviosismo que su oponente y una menor sensación de seguridad.

 

Rajoy acusó a Zapatero de barbaridades tales como afirmar sin rubor alguno que firmó el Pacto del Tinell o de “agredir a las víctimas del terrorismo”. Nada nuevo bajo el sol. El mismo discurso que el PP y sus medios satélites nos han venido ofreciendo a lo largo de estos cuatro años de crispación. Señor Rajoy, el Pacto del Tinell lo firmó el PSC con su entonces líder Maragall a la cabeza. No Zapatero. Seamos serios y rigurosos. El tema de las víctimas del terrorismo, por su parte, es un ejemplo más de la estrategia del PP por instrumentalizar a las víctimas en la legislatura con menos víctimas terroristas y con mayor eficacia policial. Cuatro víctimas mortales a cargo de eta son una enormidad porque ni una sola idea política vale una vida humana. Eso sí, cuatro víctimas son un porcentaje sideralmente menor que el de legislaturas anteriores donde, según nos dicen desde el PP, eta estaba en las últimas. La contradicción hecha argumento político. Si no te gustan mis principios, tengo otros.

 

El error de Zapatero fue quizás no ser más vehemente en algunas cuestiones y haber interrumpido a Rajoy en los primeros compases del debate. El debate del próximo lunes quizás sea más fluido pero puede no ser tan decisivo puesto que si, tal y como comentan los aparatos de ambos partidos, se va a basar en propuestas de futuro, esto se va a convertir en poco menos que una subasta. Tal y como si estuviéramos a primera hora de la mañana en la lonja de Burela. Y ya saben ustedes que los ciudadanos critican la falta de credibilidad de esta lluvia imparable de iniciativas más o menos rimbombantes.

Quedan ocho días para conocer el próximo presidente. El PSOE cuenta con el aval de sus leyes sociales, su carácter dialogante y propenso al diálogo como argumento político y por su aperturismo mental. La derecha ha perdido cuatro años porque en ningún momento aceptó la decisión de los españoles en las urnas. Si tan patriotas son, que dejen de descalificar y de decir burradas a cada cual mayor. Esta semana tuvimos machadas a cargo de, entre otros, Dolors Nadal, Juan Manuel Soria y el insigne profesor de Georgetown. La derecha necesita una renovación programática. La decisión soberana y democrática de los españoles dictará sentencia. Que nuestros representantes políticos la interioricen y analicen. Ojalá que a partir del 9 de marzo se abra en España un nuevo tiempo político donde la crispación desaparezca para siempre y sólo prevalezca el legítimo contraste de ideas. Porque la democracia es justamente eso.